Inversiones en la Política

October 3, 2015

La política en México está muy enferma, esto si se pretendiera comparar a la misma con el estado de salud de un individuo. Esta enfermedad de la que sufre la política, tiene como causa a los mexicanos que han visto a la política como una especie de inversión para sacar provecho personal, de esta concepción derivan esencialmente todas las consecuencias que tenemos en México: los altos niveles de pobreza, la inseguridad, la impunidad, la corrupción, los salarios bajos, los malos servicios públicos y el subdesarrollo en general que padecemos.

Si los mexicanos visualizáramos a la política como debe ser, es decir, como la actividad organizada de la sociedad para la solución de sus problemas, alineando los diversos intereses opuestos a fin de lograr resolverlos de una manera justa y orientada a la obtención del bien común, concebido como el generar un entorno adecuado para que todo individuo pueda lograr sus anhelos en la vida, tendríamos como resultado una situación totalmente distinta a la existente en México, que es una realidad de la política que genera toda clase de problemas que nos han venido llevando cada vez más hacia una senda de ruptura social.

 

Muchos mexicanos ven a una persona que aspira a un puesto público de elección popular, como una gran presa de oportunidad de “qué me vas a dar a cambio de mi apoyo”, desde lo más esencial, como el regalo de materiales de construcción, artículos utilitarios, becas, acceso a empleos o simple dinero constante y sonante; o bien, millonarios contratos gubernamentales, preferencias en licitaciones, negocios al amparo de información confidencial del gobierno o prebendas generadas por los conflictos de intereses.

 

Al aspirante a puestos de elección popular se le exige que realice todo tipo de compromisos personales, desde meter dinero propio en las campañas, claro, como forma de “inversión”, al cabo “cuando salgas te desquitas”, generándose una colusión insana con todo tipo de negocios, consorcios, compañías que aportan dinero por arriba y “bajo cuerdas” a las campañas. Así tenemos a empresarios que le apuestan a uno y otro candidato opositor, para cubrirse las espaldas. En fin una senda interminable de componendas, que luego derivan en perjuicio para todos, menos para los muy pocos que les toca la parte del león, a los políticos encumbrados.

 

Si seguimos inmersos en este paradigma los mexicanos seguiremos la senda de la pobreza y el subdesarrollo, con poca gente muy rica y una inmensa mayoría de pobres, y una clase media que se achica y establece sus sueños para que sus hijos salgan del país a buscar mejores horizontes.

 

¿Podemos cambiar esto, hay forma de salirnos de este círculo vicioso que cada vez nos hunde más?

Yo soy un optimista y creo que sí. Tengo la firme convicción de que los mexicanos tenemos el poder y la voluntad de salir de este marasmo. Creo que en México existen liderazgos a flor de tierra dispuestos a salir y dar la batalla para que la política rinda frutos.

 

Tenemos todos los elementos formales para poder lograr, como se dice, “darle la vuelta a la tortilla. Contamos con un sistema electoral aceptablemente confiable, en donde auténticamente los votos cuentan y se cuentan, existe la noción y convicción de que no podemos seguir igual, tanto en nuestros liderazgos formales como en la inmensa masa ciudadana que ya ha llegado al total hartazgo. Existen los elementos formales necesarios para generar un sistema de transparencia y de combate a la corrupción eficaz.

 

Lo que nos hace falta, es despertar y tomar los retos de enfrentarnos al sistema que nos ha llevado a esto, primero reconociendo que ya no es inversión hacer este tipo de apuestas a la política. Que ya no debemos visualizar la política para sacar raja del poder, sino verla como la única salida para solucionar nuestros males, cortando de

cuajo las redes de intereses y componendas y apostarle en la política a la gente de buena fe, por más minimizada que pueda estar. Si apostamos a ello, con firme convicción de que el pueblo tiene la solución, alineándose con personas que garanticen el romper con estas “inversiones” en la política, no dejándonos llevar por el compromiso del voto por el regalo o el miedo a que “ya no nos darán más”, reconociendo que lo que nos dan dista mucho de solucionar nuestros problemas y sí nos ocasiona cada vez más problemas mayores.

 

Debemos de reconocer que primeramente es necesario votar, la abstención y el voto nulo, así como la decepción en la política nada más nos hunde más, y evitar la dispersión del voto opositor, en donde se deben de incluir, sin distinción de partidos, a todos los ciudadanos que ya no quieren inversiones en el gobierno, que simplemente desean un buen gobierno, que respete la ley, los derechos humanos, que no se robe el dinero, y que otorgue justicia y piso parejo para todos.

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