De mi Cuaderno de apuntes : Mímesis, imitación de la realidad.

El ser humano es parte de un mundo natural, y se relaciona con la naturaleza a través de sus cinco sentidos, como lo hacen los demás seres vivos, con la diferencia de que el cerebro de las personas está más desarrollado y debido a su complejidad piensan, cavilan y conjeturan sobre el mundo que las rodea, y en el cual están inmersas. Así, la naturaleza del individuo lo coloca en una situación aventajada con respecto a los otros seres vivos, pues no sólo actúa de acuerdo a sus instintos, sino que puede hacerlo contrariamente a ellos, debido precisamente, a su capacidad de razonar, a su inteligencia.

 

Para empezar, cuando decimos naturaleza, podemos estar refiriéndonos a dos cuestiones distintas: una específica al conjunto de la realidad material existente, al margen de la intervención humana, con su orden y disposición, con sus leyes propias; pero también evoca el conjunto de características particulares de un ser. Al darse cuenta el hombre del mundo que lo rodea y que él pertenece a ese mundo, y que de él depende su vida misma, intentó conocer más de la naturaleza. Ese conocimiento lo llevó a modificarla y aprovecharla, lo cual implicó e indujo al conocimiento científico, y lo empujó a la expresión artística, quizá, extrañado y deslumbrado por ese portentoso mundo que lo envolvía.

 

Sus necesidades llevaron al hombre a no solamente recoger los frutos que la tierra le ofrecía, sino a sembrarlos para cosecharlos después, lo cual hizo primeramente con sus manos, luego inventó herramientas rudimentarias que fue modificando para que resultaran más útiles y más sofisticadas. Pero también sus facultades intelectuales le hicieron consciente de sus emociones, mismas que tuvo necesidad de expresar. Fue así como empezó a imitar lo que advertía en la naturaleza.

 

Ese término, imitación, posee dos connotaciones, la aristotélica, que en la estética clásica tiene que ver con imitación de la naturaleza como finalidad esencial del arte; y la que todos entendemos como imitación del modo de hablar, gestos y ademanes de una persona.

 

Aristóteles expresa en su Poética que el imitar es algo connatural a los hombres desde niños; las personas son muy proclives a la imitación y adquieren sus primeros conocimientos por imitación; y también les es connatural el complacer a todos con las imitaciones. Por esa razón, afirma este filósofo, nacieron las ciencias y las artes.

 

El francés Jean-Gabriel Tarde trata el desenvolvimiento social a través de un proceso de repetición, oposición y adaptación, en el que tanto el mundo físico como el social poseen semejanzas y diferencias. Explica: “Esta conformidad en los precedentes que nosotros denominamos hábito ó herencia (llamémosla únicamente herencia, pues el hábito no es otra cosa que una costumbre interna, así como la herencia no es más que un hábito

exteriorizado), es la forma propiamente vital de la repetición, ó en general los movimientos periódicos, en la forma física, y la imitación en la forma social”.

 

Luego manifiesta que tanto las necesidades orgánicas como las tendencias del espíritu existen en todas las personas, en estado virtual, y que se cubren de formas muy distintas, y, en un inicio, la imitación determina la elección de una de ellas. Dentro de la convivencia, en grupos pequeños (familias) los individuos se imitan, sobre todo los más pequeños, ya que están en formación; luego se incorporan otros aspectos que han sido imitados de un grupo social más amplio, escuela, trabajo o iglesia. Asegura Tarde, que no decimos una palabra que no sea reproducción consciente o inconsciente de alguna otra que oímos tiempo atrás, que no se cumple un acto religioso que no reproduzca gestos de las fórmulas tradicionales, es decir, inventadas en el pasado, que no se lleva a cabo un acto de nuestro oficio que no nos haya sido enseñado o no hayamos copiado de algún modelo viviente; se imitan hasta los mismos enemigos los armamentos y astucias de la guerra, los secretos del oficio. “De este modo, el carácter constante de un hecho social cualquiera, es ser imitativo”.

 

Tal como evidenciaron Aristóteles, Quintiliano, Rousseau y otros pensadores más, Tarde dice que la imitación se da, además de “entre un individuo y una masa confusa de hombres, entre dos individuos solamente, de los cuales el uno niño sin conocimiento de la vida social, y el otro adulto, ya práctico en ella, le sirve de modelo individual”. Y que “con frecuencia en el transcurso de la vida, ajustamos nuestros actos á modelos colectivos é impersonales á la par que inconscientes; pero antes de hablar, de pensar y obrar como se piensa, se habla y se hace en nuestro fuero interno, hemos empezado por hablar, pensar y ejecutar como él ó ella hablan, piensan y ejecutan. Y este él ó ella, son tal ó cual que nos eran familiares. En el fondo del se, buscando bien, sólo encontraremos cierto número de ellos y ellas que, mezclándose en confusión, se han multiplicado.

 

Más interesante aún es su postura al afirmar que “por la acción coercitiva de la colectividad sobre el individuo grande o pequeño, siempre sojuzgados por la acción sugestiva de los individuos escogidos por la colectividad, se explican las formaciones y transformaciones de las sociedades”. Las unanimidades parciales son perpetuadas por la tradición, imitación a nuestros antepasados, y ejercen una presión sobre el individuo.

 

Así, un ejemplo tiende a propagarse en progresión geométrica. Esa tendencia no es un misterio, al contrario, es una cuestión bastante sencilla. Una repetición imitativa invita a la negligencia, semejante a la inercia de la materia, ahorrando el trabajo de cuestionar. Todo lo anterior tiene que ver con la herencia, las costumbres, la práctica y con la novedad –la moda, las ‘invenciones’ y la creación–.

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