De mi Cuaderno de apuntes: Las obras alarconianas

October 15, 2015

Sobre Juan Ruiz de Alarcón cayó la polémica de los críticos literarios: decidir si debía ser estudiado como dramaturgo novohispano o español. El asunto surgió del hecho de que Alarcón nació en la Nueva España y ya adulto se fue a vivir a España, en donde murió. También sobre el lugar de su nacimiento se ha discutido bastante, aunque su familia materna fue originaria de Taxco, unos investigadores sostienes que nació ahí y otros que fue en la ciudad de México.

 

Se conocen, en términos generales, unas 20 obras de Alarcón, publicadas por él mismo, la primera parte conteniendo ocho, en 1628, y la segunda con doce, en 1634. Hay dos obras dramáticas más, Quien mal anda en mal acaba y No hay mal que por bien no venga, que no están incluidas en las dos publicaciones mencionadas

 

También se conocen de él quince poemas, uno de los cuales es el Elogio descriptivo a las fiestas que Su Majestad del rey Filipo IIII hizo por su persona (Madrid, 1623), y que le valieron la crítica de diversos autores contemporáneos, quienes escribieron poemas satíricos. Éste es el fragmento inicial del escrito por Juan Pérez de Montalbán:

 

La relación he leído

de don Juan Ruiz de Alarcón,

un hombre que de embrión

parece que no ha salido.

Varios padres ha tenido

este poema sudado;

mas nació tan mal formado

de dulzura, gala y modo,

que, en mi opinión, casi todo

parece del corcovado.

 

Como notamos fácilmente, ellos sacaron a la luz entre sus burlas, el defecto físico de Alarcón. Conocido era el poquísimo aprecio que Pérez de Montalbán, Luis Vélez, Alonso del Castillo, Andrés Claramonte, Juan de Espina, Salas Barbadillo, Quevedo, Antonio de Mendoza, Alonso de Pusmarín, Lope de Vega, Gonzalo Heredia, Góngora y Mira de Amescua le tenían a este escritor novohispano.

 

De entre las veinte y dos comedias de Alarcón las más famosas son La verdad sospechosa (publicado por Cátedra y Castalia) y Las paredes oyen. Además de las publicaciones que en vida del autor se hicieron, hay otras tres ediciones que vale la pena mencionar: las Comedias escogidas editadas por Juan Eugenio Hartzenbusch en 1825, la edición de la RAE en 1867, las Obras completas que publicó el FCE y las que ahora publica la UACJ, trabajo de edición coordinado por Ysla Campbell.

 

La obra dramática de Alarcón ha sido clasificada por diversos críticos, entre los conjuntos, hay uno cuyo rasgo es ser historias de palacio, palatinas llamadas, dentro del cual hay, a su vez, otro, comedia de privanza. Algunos de los estudiosos de este grupo de obras son Teresa Ferrer Valls, Mary Austin Cauvin –cuya tesis doctoral giró en torno a tal tema– y George Peale, quien ha hecho una cuidadosa investigación al respecto. Peale señala entre las obras de privanza de Alarcón, Los pechos privilegiados, Ganar amigos, El dueño de las estrellas y El acomodado don Domingo de don Blas.

 

En Los pechos privilegiados el Rey manda a su privado, ayudarle a conseguir el consentimiento de Elvira para tener una relación con ella, pero con quien no pretende casarse, a lo que Rodrigo se niega. He aquí ese diálogo entre ellos:

 

REY: ¿En tan poco habéis creído

que me estimo, que os pidiera,

si ser su esposo quisiera,

el favor que os he pedido?

RODRIGO: ¿Y en tan poca estimación

os tengo yo, que debía

presumir que en vos cabía

injusta imaginación?

¿Y en tan poco me estimáis,

o me estimo yo, que crea

que para una cosa fea

valeros de mi queráis?

REY: Esto habéis de hacer por mí,

si es que mi vida estimáis,

y si el lugar deseáis

pagar que en el alma os di.

RODRIGO: Señor, mirad.

REY: Ciego estoy.

No me aconsejéis, Rodrigo.

Esto haced, si sois mi amigo.

RODRIGO: Alfonso, porque lo soy,

os pongo de la verdad

a los ojos el espejo;

que se ve en el buen consejo

la verdadera amistad.

REY: Yo me doy por advertido,

y del consejo obligado;

mas pues habiéndole dado,

con quien sois habéis cumplido,

determinándome yo

a no tomarle. Rodrigo,

debe ayudarme mi amigo

a lo mismo que culpó.

RODRIGO: Nunca disculpa la ley

de la amistad el error.

REY: ¿Discülpa queréis mayor

que hacer el gusto del rey?

RODRIGO: Antes seré más culpado,

y de eso mismo se arguye,

porque del rey se atribuye

siempre el error al privado.

Y con razón; que es muy cierto

que el divino natural

que da la sangre real

no puede hacer desacierto,

si al genio bien inclinado

de quien sólo bien se aguarda,

hacen dos ángeles guarda

y aconseja un buen privado.

 

Esta obra es muy entretenida, comienza uno a leerla y no puede parar. Al entender este texto de Alarcón entendemos también su postura ante la sociedad de su tiempo, cosa que caracteriza a su obra completa.

 

Otra que les recomiendo es El semejante a sí mismo, cuyo principio es un gran elogio al desagüe mexicano (asunto por demás interesantísimo debido a las condiciones geográficas de la ciudad de México). En fin, no deje de conocer algo de la obra de Alarcón, quizá concuerde con sus ideas.

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