Historias cotidianas: Totalitarismo

El síndrome del tío Lolo se esparce por doquier a ritmo acelerado. Podría declararse como un problema de salud pública, pero quienes emiten esas declaraciones también sufren de lo mismo. Un títere más de Televisa, manejados sus hilos por medio del matrimonio con una actricilla telenovelera, con pretensiones de convertirse en virrey del estado de Hidalgo, lanzó el 22 de octubre, ante el pleno de la cámara de senadores una iniciativa de censura de las actividades por internet.

¿Qué tiene que ver don Dolores de la Pindonga –nombre legal del tío Lolo- con el títere Omar Fayad? Cuando la gente comenzó a incomodarse al conocer el contenido de la propuesta, el presunto suspirante a apoderarse de los dineros hidalguenses replicó que todo lo hacía por proteger a los usuarios de la web.

El documento que enuncia la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Informáticos, presentado por Fayad, expresa de manera muy burda una serie de medidas para convertir al Estado mexicano en émulo muy fiel de lo peor del Consejo de la Suprema Inquisición. Si conforme avanza el tiempo es cada día más difícil poner en práctica la libertad de expresión, la libertad de imprenta y la defensa de todas las garantías individuales y los derechos humanos, de ser aceptada como va la propuesta del marido de Victoria Ruffo, estamos ante los últimos días del uso libre del internet.

No me detendré en la pléyade de errores que contravienen la técnica y la lógica jurídicas, mucho menos a las terribles y espantosas faltas a la lógica gramatical y sintáctica. Evidentemente, el documento redactado por él, quien ya casi se siente ocupante del palacio de gobierno en Pachuca y la punta de zánganos que deben cobrar como asesores o son muy pendejos o no se atrevieron a contrariar a quien les mantiene el salario, lo cual nos lleva a lo mismo, son muy pendejos, pero cobran como si se tratara de excelsas luminarias de las letras y del derecho.

En pocas palabras, la absurda ley (que no por ello los legisladores la podrán rechazar) implica las siguientes cosas:

La iniciativa pone en el paraíso a todos aquellos personajes de la vida pública. Ya nadie podrá divulgar absolutamente nada de lo que dicen, hacen, piensan, roban, esconden en el presente, en el pasado y en el futuro porque la ley incorpora el capítulo V sobre delitos contra la divulgación indebida de información de carácter personal.

Según Fayad y sus fedayines asesores, hasta dos años de prisión le tocarían a quien agreda, acose, hostigue, intimide “o profiera cualquier forma de maltrato físico, verbal o psicológico” a otro usuario de la red. Dado que la iniciativa carece de una definición precisa de todas estas vaguedades, usted trate de explicarme a qué se refiere esto.

Incumplir las condiciones o términos de uso de un programa, una página, un servicio, es decir todo eso que ni el 2% de los usuarios se atreve a leer cuando se da de alta, nos puede llevar a prisión hasta por ocho años.

De aprobarse la iniciativa, el comentario más inocente, una pregunta estúpida o compartir algún tipo de información grave, puede convertir a cualquier usuario en terrorista y echarse hasta 28 años en chirona, por lo cual le recomiendo que lea con cuidado el artículo 3 de la propuesta.

A partir de esta ley de claro tinte totalitario (del color que sea, da lo mismo), las empresas y organismos que ofrecen los servicios de transmisión de datos están obligados a llevar el papel de policías honorarios y de espías, pues además de las organizaciones represoras del Estado nacional, si no cantan, se las lleva el payaso.

Para añadirle emoción a esas empresas, nacionales o extranjeras, dentro o fuera del país, están obligadas a conservar todos los datos personales de sus usuarios, un registro pormenorizado de sus actividades y la historia de la localización geográfica de los mismos, cuando el Estado, por medio de sus aparatos de investigación-represión, así lo soliciten.

En el tercer artículo también se marca como delito crear cualquier programa para obtener información. Señores programadores y arquitectos de software, están a punto de entrar en el reino de la necesidad del desempleo. Vayan pensando en un puesto de fritangas.

Usar o deshacerse de una computadora será delito. Si no me cree, lea el artículo 17 de la propuesta.

Y si usted tiene a la mano la dichosa propuesta, no deje de echarle un ojo y mucha neurona al noveno artículo, uno de los más largos, por cierto. En él se le otorgan a la Policía Federal todas las atribuciones para convertirse en censora de sitios de internet. En el apartado IX del artículo mencionado dice literalmente, como atribución de la PF: “Gestionar, conforme a las disposiciones aplicables, la cooperación con empresas proveedoras del servicio de Internet para suspender sitios, páginas electrónicas y cualquier contenido que atenten contra la seguridad pública, así como para prevenir y combatir los delitos en los que se utilizan medios electrónicos para su comisión…”.

Además, la ley Fayad se entromete en cuestiones de usos y abusos con tarjetas de crédito y débito, cuestiones en las que ya se contemplan acciones desde las leyes sobre instituciones de crédito e instrumentos fiduciarios. Los códigos penales de la federación y de los estados contemplan también (y si no lo han hecho, qué jodidos estamos) el castigo a delitos relacionados con el abuso sexual, las amenazas, el cohecho y la extorsión.

Si el senador por Hidalgo desconoce cómo se redacta una ley, que renuncie. Que ya no se haga pendejo mamando los recursos de los contribuyentes mexicanos que ya estamos hartos de mantener a méndigos zánganos.

Si le ordenaron que se luciera con una ley para seguir jorobando a los que ya estamos hartos, lo entiendo. En todo el mundo los dueños del poder, los amos del dinero, están tratando de limitar el uso de los sistemas de transmisión de datos. La información que debe circular por las redes es la hueca, la superficial, de la que se encargan de transmitir su mujer y la mujer de su patrón por medio de las poderosas cadenas televisivas que ya no saben cómo seguir exprimiendo a la gente.

Basta apagar o cambiar el canal de televisión para no ver pendejadas. Pero no podemos estar ausentes del debate que debe venir para evitar que este nuevo intento de mordaza llegue a donde pretende el prianismo.

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