Fina línea

December 10, 2015

Hay una seria preocupación para frenar la islamofobia, que pudiera devenir en ataque a las comunidades musulmanas en el mundo, lo que es algo irreal porque mucho del terrorismo y ataques sociales contra los “infieles” salen justo de esas comunidades. La preocupación no se acompaña de una lucha contra la judeofobia.

Una de las líneas de acción consiste en negar la existencia del terrorismo islámico, pero es un ejercicio fútil que conlleva una desviación política que hace más mal que bien, porque niega lo evidente.

Existe el fundamentalismo en por lo menos las tres religiones monoteístas que deriva en terrorismo.

En Estados Unidos el terrorismo católico se ha dirigido de forma brutal básicamente contra aquellos que están de acuerdo con el aborto: Los ataques a clínicas de Planned Parenthood, cuya preocupación principal es la salud reproductiva de las mujeres. Entre los grupos pro nazis que actúan en ese país hay una asociación cercana a sus iglesias.

En Israel se ha despertado una preocupación muy seria por los actos de terrorismo de judíos extremistas y fanáticos, cuyas víctimas usualmente son musulmanes. Sus acciones deben ser atacadas con todo el peso de la ley para que no exista el mensaje de que el gobierno los tolera.

En el mundo se ha desatado una ola de terror de terroristas islámicos. Están los acuchillamientos que asolan a Israel y que llegaron a Inglaterra; las limpiezas étnicas y violaciones de derechos humanos en Kenia, Siria, las torres gemelas, el tren en España y París. Las víctimas son usualmente judíos y cristianos, y ahora le han declarado la guerra a los “infieles”, o sea a todos aquellos que no creen como ellos.

No se implica aquí que las religiones aboguen por el terror, aunque las iglesias han puesto mucho de su parte. Recordemos a la Inquisición, que asesinaba a los que profesaban otra religión y de paso aprovechaban para robarse sus propiedades.

Tampoco implica que las sagradas escrituras de esas religiones promueva el terror, aunque hacen una apología de la guerra, y eso que puede ser una metáfora, muchos fanáticos piensan que hay que tomarlo al pie de la letra y aplicarlo ahora como si no hubieran pasado miles de años.

Hay líderes religiosos que aprueban y animan las acciones terroristas. Parte de la jerarquía católica aprobó y alentó los actos de El Yunque; hay rabinos que aprueban actos de terror, algunos llegan al extremo de apoyar grupos cuyo fin es la guerra interna que lleve a la destrucción de Israel para

entonces instaurar una monarquía; hay imams que expiden fatuahs condenando a muerte a escritores o caricaturistas y que animan el asesinato de masas en el nombre de dios. Esa fue la mayor contribución de Osama Bin Laden, haber reinterpretado las escrituras para justificar el asesinato de personas protegidas en el Corán.

En las religiones se traza una línea muy fina entre las enseñanzas de amor y paz y los llamados a la guerra y la destrucción.

Ninguna religión o iglesia es homogénea. En su interior hay interpretaciones que pueden llevar a desviaciones positivas y negativas. La teología de la liberación en la iglesia católica buscaba un mundo de justicia en este mundo, y pasó a justificar acciones armadas que cobraron víctimas inocentes que no eran causa de aquello que querían modificar.

Dentro de las iglesias y religiones hay pugnas por orientar a los feligreses. Mientras que en algunas religiones esas pugnas han adquirido un clima político que resuelve los conflictos con relativa paz, hay otros que no están dispuestos a sufrir los embates de la modernidad y actúan con energía y violencia en contra de lo que ven como “peligro”. Tal vez esto es lo que mueve a ciertos musulmanes a enfrentar con extremada violencia las nuevas expresiones. Descubrir partes del cuerpo que para una gran parte del mundo no es ofensivo. Pero de ahí a tratar de imponer la justicia religiosa (shaaria), el vestido (burka), y la verdad propia como si fuera la única verdad y por cualquier medio posible, ralla en acciones de lesa humanidad.

Para muchos en el mundo occidental nos parece que la resolución de conflictos se debe basar en la tolerancia y esta implica reconocer que hay muchas verdades. Tal vez sea ingenuo pensar que los religiosos acepten que hay muchos dioses y que como dijo Noah Harary, a final de cuentas el hombre hizo a sus dioses, por lo que hay que tolerar a los dioses de los demás. Ojalá lleguen al punto que sus dioses ya no se parezcan a sus líderes religiosos.

Please reload