Ashitá

Ashitá es el vocablo en hebreo para el concepto el sistema, que llevado al análisis político implica las instituciones, la forma de activar y funcionar el sistema, lo que involucra cuestiones culturales, sociales, políticas, ideológicas.

Cuándo la gente habla del sistema político, normalmente se refiere a algo que está ahí, que funciona como todos los sistemas, pero no se sabe exactamente de qué se trata. Inclusive se ha introducido en la cultura del engranaje que la gente debe ser institucional, o sea, mostrar una cierta lealtad hacia un mecanismo que de no cumplirse la subordinación castigará de forma inclemente.

Según el diccionario un engranaje es un “Conjunto de ruedas dentadas y piezas que encajan entre sí y forman parte de un mecanismo”, no todas las piezas tienen el mismo tamaño aunque todas embonan de tal manera que la maquinaria funcione. En política se usa como metáfora para considerar que una serie de instituciones deben trabajar, de forma coordinada, para que los procesos políticos (de todo tipo) y de gobierno funcionen, como si fuera un engranaje, o sea con mucha coordinación. Si una de las piezas se sale de balance el engranaje se detiene y puede sufrir daños, véase una magnífica parodia en la película de Charlie Chaplin Tiempos Modernos.

Igual que en muchas maquinas, trasladado a la política, el engranaje es una serie de instituciones asimétricas que deben articularse de tal forma que se logre una representación social adecuada generando un resultado democrático, aunque puede darse la opción exactamente contraria y que la articulación genere un resultado no democrático. No todos los partidos deben tener el mismo tamaño ni la misma importancia, su diversidad ideológica es funcional para que el sistema cumpla con una función de validación de opciones para la sociedad.

En el sistema encontramos partidos políticos, grupos de interés, asociaciones políticas y por supuesto instituciones del Estado y gubernamentales.

¿Qué mueve el engranaje? Esta pregunta depende desde donde vea uno a la política. Desde el Estado el sistema debe garantizar la estabilidad y procesos electorales y políticos con niveles reducidos de conflicto, o sea que los procesos políticos marchen armónicamente, con la menor resistencia posible y sin turbulencia. Los conflictos deben manejarse de manera reglamentada de tal forma que las partes estén de acuerdo en los procedimientos y en su resolución.

Desde las partes no estatales, el sistema debe garantizar igualdad de oportunidades para que cada quién pueda promover su egoísmo, dice Savater que el papel de la política es armonizar el egoísmo; el

sistema entonces establece las pautas para que los egoísmos particulares no se desborden generando inestabilidad.

Hasta aquí parece que la operación del sistema es sencillo. Sin embargo, debemos introducir el componente cultural que puede tener un papel mayor.

Hay diversas culturas, y una de las centrales es la que se refiere a las percepciones que llevan a los componentes del sistema a interactuar con los demás, con lo que se deben articular de manera adecuada.

Adquiere una posición central la visión de igualdad que deben tener todos, que implica por supuesto, la desigualdad y que cada quién sea consciente del lugar que le corresponde. Partamos del principio que no todos somos iguales y que aunque ideológicamente traten de convencernos de lo contrario, la realidad muestra desigualdades geográficas, económicas, sociales, educativas, políticas; luego entonces más allá del discurso, todos deben asumir su lugar adecuado y funcionar en consecuencia. Ser desigual no implica ser discriminado, aspecto pernicioso en el sistema.

La condición de desigualdad marca las formas y estilos de la negociación que se convierte en elemento esencial del engranaje.

La cultura también incluye elementos de respeto a la ley y la corrupción. Si el sistema incorpora factores de tolerancia a la violación de la ley, entonces los engranes funcionaran de manera correspondiente, generando conflictos de otra naturaleza.

El engranaje es heterogéneo, en el hay múltiples instituciones con pesos políticos diferenciados y hasta organizaciones que simulan su pertenencia, como es el caso de muchas ONG que son frentes de partidos políticos para cubrir aspectos para los que están impedidos legal y/o políticamente. El sistema puede incorporar esta distorsión y adecuar los procedimientos de articulación.

Entender al sistema político debe hacerse bajo consideraciones morales pero también ir más allá de los mismos. Hay sistemas que funcionan con elevados estándares de honestidad, otros con elevada corrupción y argucias para evadir el cumplimiento de la ley, es el caso del fraude electoral que en países como México realizan prácticamente todas las fuerzas políticas, o por lo menos es lo que responden ante la acusación de que compran votos.

La funcionalidad del sistema retrata la condición de la sociedad y la credibilidad institucional y deja ver los espacios vulnerables para la efectividad del gobierno.