Miss universo y más…

Desde ese momento las protestas no se hicieron esperar y tanto esa gran franja de la población estadounidense que conforma ya la primera minoría, así como empresarios, artistas, políticos y deportistas no sólo de ese país, sino de muchas otras partes del mundo, se solidarizaron con nosotros y reprobaron las negativas referencias, dichos e injustas interpretaciones. Un tipo tan burdo, como Trump, que inexplicablemente ha conseguido una presencia notoria dentro del partido republicano, aunque por igual a muchos de sus colegas les parezca funesto y vergonzante.

Eso sí, muy pendiente de sus dineros, optó por vender a tiempo los derechos que le correspondían de la llamada fiesta de la belleza, no obstante que en un principio dijo que de ninguna manera se cancelaría y lo llevaría hasta su término.

El caso es que, en estos días, se realizó bajo el patrocinio de otros intereses comerciales sin mayores lustres, pues debemos tener presente que conllevan críticas, sobre todo de grupos feministas, de que se le siga considerando a la mujer como un mero objeto sexual.

Pero independientemente de estas interpretaciones, lo que sí creo es que hay que imprimirle una nueva condición en términos de que se valore mucho más la cultura, la inteligencia y el compromiso social de las concursantes y de las propias mujeres, evitando para empezar la formulación de una serie de preguntas simplonas y respuestas generalistas que no significan ni aportan nada, y menos centrarse en los atributos físicos.

A la vez, debiera difundirse en estas transmisiones televisivas información y orientación social, vinculada a la alimentación, a la prevención de las enfermedades y al respaldo de las campañas de salud pública y de equidad de género.

En otras palabras, dejar de ser meramente pasarelas de plumajes y lentejuelas, a la búsqueda de mayores y mejores y mejores contenidos que apoyen a causas nobles e indispensables, bien sea la conservación del medio ambiente, la disminución de la violencia, o la fraternidad internacional.

No se trata de asustarnos ni de satanizar, pero si de una reivindicación y enaltecimiento de la mujer con un sentido integral. De abrir, en todo caso, espacios para que la civilización humana avance por los mejores causes.