Circo con varias pistas

February 18, 2016

Dicen que el espectáculo circense está dando sus últimos estertores debido a los cambios legislativos que prohíben en este negocio utilizar animales. Las razones pueden ser muy válidas cuando se trata de proteger la dignidad humana de los leones, tigres, perros, elefantes, caballos, camellos, serpientes, monos y algunos otros especímenes del reino animal que tradicionalmente han sido maltratados para beneplácito del solaz y esparcimiento de chicos y grandes pero, sobre todo, del bolsillo de quienes están involucrados en el business del circo.

No pretendo discutir aquí si fue errónea, descabellada, inhumana, oportunista, espectacular, gandaya o poco amable la medida. Tampoco hemos de valorar hoy si se mejoró o no la vida a estos seres (me refiero a los no humanos); si se afectaron los ingresos de cientos de familias que vivieron por varias generaciones del maltrato animal; si a los niños del presente y del futuro inmediato les será vedado presenciar famélicos individuos haciendo suertes a cambio de encierro, golpes y una alimentación peor que si estuviera a cargo de Marinela Servtije; mucho menos si fue atole con el dedo o si a Chuchita la bolsearon.

Para evitar que la población chihuahuense se quede sin esta tradición a favor de lo mejor, el circo, se han modificado las leyes electorales. Se va Chabelo de las pantallas, renuncia Laura Bozzo, muere Chespirito, la Gaviota ya no hace telenovelas, Carmen Salinas prefiere una curul en San Lázaro y truenan los circos… ¿qué hacer? No podemos seguir dependiendo del penoso espectáculo futbolístico nacional, ni de lo que nos mandan desde otros países. ¿La solución? Abrir más pistas en el circo electoral.

No es para menos. Conforme transcurren los años, la idea de democracia solamente se pasea por los discursos de los académicos y políticos. La gente común y corriente no es tonta y le hace el juego a la parafernalia de las campañas. Quiere sacar lo que pueda de esta danza de millones de pesos entregados impunemente a los partidos políticos para comprar votos, comprar favores y seguir poniéndose a la orden de los titiriteros que manejan los hilos del país. Y todo a expensas de la democracia, una quimera.

Aun así, la participación de las masas disminuye y los políticos sienten que peligra la legitimidad de su posición, de su ingreso, de su mentira y de su adulación abyecta hacia quienes detentan en realidad el poder. ¿Qué inventar? ¡Ah, los candidatos independientes!

La farsa electoral está domiciliada solamente en quienes son beneficiarios materiales de ella. Bajo ninguna circunstancia los actores colectivos denominados partidos políticos pretenden una vida mejor para la mayoría. A su vez, la mayoría, harta de engaños y de esperas infructuosas, se adapta a dicha farsa en busca de las migajas que le puedan caer de ese criminal reparto del botín de los dineros públicos que han diseñado los próceres partidistas para beneficio propio y de sus allegados.

Al crearse la figura de los independientes, se consolida el monopolio del poder político en las mafias partidistas. Ahora, se hace a través de los patiños que se suben al encordado con máscara de libertad,

de justicia, de manos limpias y de escasas propuestas concretas pues lo que están haciendo no es más que dar legitimidad a un sistema putrefacto de representación popular en el que vale más lo que se dice que las posibilidades reales o imaginarias de ejecutarlo. Como el luchador con máscara de diseñador contra el que tiene una que le hizo su abuelita al terminar la jornada en la maquila… No dejan de ser máscaras.

La superficialidad y banalidad de la vida en todos sus aspectos no deja de ser reflejada en cada una de las pistas de este circo. “Lo que importa es competir”, decían los fracasados deportistas de antaño, envueltos en una gloriosa bandera nacional hecha jirones con la imagen de la virgen tatuada junto al sobaco. El orgullo se abre al mundo cuando las voces se multiplican, pero siempre bajo las reglas impuestas por los que siempre han tenido la sartén por el mango.

La independencia de las candidaturas llega felizmente cuando el bono demográfico está cobrando su parte. Somos tantos que el sistema no alcanza para repartir con el mismo orden de cuando fue creado por nuestros santos padres fundadores. Los desbordados, quienes no ven cuándo les tocará dentro de la estructura partidista y bajo el principio de respeto irrestricto a las instituciones, saltan de un partido a otro o, mejor, buscan la manera de declararse independientes, aunque la pretensión sea la misma que la de sus codependientes emocionales afectivos.

No dudo que salte por ahí uno que otro que viva bajo la ilusión de un estado democrático en construcción. Que piense que el esfuerzo individual junto con el hartazgo de la mayoría lo lleve a las altas cumbres de la política, pero… ¿quién manda? ¿Los miembros de los cabildos y de los congresos han llegado también de la misma manera? ¿Se puede llegar a acuerdos con quienes defienden los intereses partidistas antes que los intereses de los electores?

De cualquier manera, la moneda está en el aire. Hay cierta cantidad de candidatos propuestos por los partidos y cierta cantidad de los llamados independientes. En ambos lados sobran pues no vemos hasta hoy ideas, propuestas o salidas a lo grave que están las cosas por estos rumbos de la galaxia. Ni las habrá, porque las voluntades no son suficientes y las fuerzas que manejan el circo jamás querrán bajarse del caballo por su voluntad.

Bienvenidos candidatos independientes, las pistas están a su alcance. Como siempre, las estrellas del show son los payasos de siempre. Los votos se diluirán entre todos, permitiendo que las estructuras funcionales y formales de los monopolizadores de los dineros electorales salgan otra vez con el triunfo y con mayor legitimación, para beneplácito de los que, desde lo oscurito, sonríen y se solazan de un público que siempre aplaudirá, le den lo que le den, que al cabo es dado.

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