La Cárcel de Inocentes: Juzgar en La Red Conclusión

El documental, Haciendo a un Asesino, (Making a Murderer; Synthesis Films/Netflix, 2015) abre las puertas a otra teoría de conspiración. Esto es, la creencia que una organización es responsable de las circunstancias o de un evento que afecta a todos. En esta ocasión nuestro héroe, Steven Avery, tiene en su contra a todo un departamento de policía, a un grupo de investigadores privados, y a al sistema penitenciario. Con estos personajes, es fácil entender porqué el documental se ha convertido en un éxito en la red y porque ha acaparado la atención de los países donde existe éste servicio, Netflix.

Avery comprueba que nuestros miedos al sistema son reales. En otras palabras, la situación comprueba que sí existen conspiraciones. Pero para que exista una conspiración, es necesario que exista un vacío en la sociedad. Nuestra mente tiende, de forma natural, a buscar significado en situaciones extrañas; a buscar patrones donde no los hay, y cuando no existe alguna estructura que explica lo que vivimos, tendemos a inventarla. Mientras no exista un proceso o una forma de investigación para la aclaración de eventos después de la cárcel, no nos queda otra mas que “inventar” teorías. Aquí es donde el vacío se llena en el internet.

La narrativas personales sobre la cárcel, los cuestionamientos sobre el sistema jurídico, la idea de que el gobierno tiene demasiado poder, se comprueban con el documental. Durante diez horas se expone, con bastante pruebas, de cómo si eres pobre estas fregado. Lo que enoja al espectador no es que Avery haya cumplido una condena de 18 años siendo inocente, lo que molesta es que no existen mecanismos dentro del sistema para manejar esta situación.

La cárcel es percibida como el final de un proceso legal. Se supone que cuando alguien en encarcelado o encarcelada, se ha llevado un juicio que no deja duda alguna que esa persona merece estar ahí. No tenemos una narrativa para lo que sucede dentro de la cárcel, después de la cárcel, o si un inocente entra a la cárcel. No tenemos opciones. Al poner a alguien en la cárcel, se termina su vida (o por lo menos nos gusta pensar que se ha hecho justicia).

La única forma de salir de prisión, en la mayoría de los países, es encontrar nuevas pruebas que demuestras su inocencia, o al verdadero culpable. Existen algunas excepciones, como el Chapo, cuando tenemos millones de dólares para comprar una salida. Pero por lo regular, la tarea de buscar inocentes no recae en los abogados, ni el juez, ni en la policía, ni siquiera en el mismo acusado. A lo mucho podemos recurrir a una organización de derechos humanos, o alguna organización independiente, que por lo regular no cuenta ni siquiera con los recursos necesarios para funcionar como tal, y mucho menos para andar sacando a presos inocentes.

En el caso de Avery, fue la Universidad de Winconsin y su “Proyecto Inocente,” fundado por Keith Findley, quien intervino al hacer la prueba de DNA y demostrar que era inocente. Sin la intervención de la universidad, Avery todavía estaría preso por un crimen que no cometió. Pero a unos días de recibir dinero por su demanda personal contra el departamento de policía, Avery es arrestado de nuevo por otro asesinato.

Cabe mencionar que Moira Demos, directora y editora de la serie, hace un trabajo formidable en dejarnos con mas preguntas al final de cada hora y ver el programa es una adicción. De igual manera, es importante notar que la decisión de Demos, junto con la co-directora Laura Ricciardi, de no incluir narración, ni simulacros, ni actuaciones y solamente usar entrevistas y grabaciones reales es acertada.

El documental es todo un éxito porque habla directamente a lo que sabemos: existen inocentes en la cárcel y no sabemos cómo sacarlos. Y sin ningún otro recurso a nuestra disposición, no nos queda otra más que juzgar en la red.