El cine y sus apellidos

Todos los géneros artísticos nacieron en algún momento. Sabemos que de la mano de Homero llegó al mundo la épica; también sabemos que los sonetos nacieron en algún lugar de Italia (dicen algunos que en Sicilia), durante el Renacimiento, y que de ahí pasaron a España, en donde fueron introducidos por el marqués de Santillana. Esto de alguna manera fue explicado por Gérard Genette, cuando habla de sus hipertextos e hipotextos.

 

El cine es bastante nuevo, como género bien establecido tiene alrededor de cien años, calificado como el séptimo arte debido a la existencia de las seis artes clásicas (literatura, pintura, escultura, música, danza y arquitectura). Primero fue mudo y hasta finales de la década de los 20 empieza a integrarse el sonido. Pero el cine ha visto un crecimiento acelerado, propiciado tanto por el desarrollo en espiral de la tecnología como por el aumento demográfico; prueba de ello es la exorbitante cantidad de películas producidas, por ejemplo, en la India –actualmente, el país de mayor producción mundial–.

 

Ese aumento de obras cinematográficas ha dado pie a que los estudiosos dedicados al tema hayan agrupado los filmes de acuerdo a las características analizadas. Así encontramos clasificaciones como la emitida por la Secretaría de Gobernación –A, B, B-15, C y D–, de acuerdo a sus criterios en cuanto al contenido y público receptor. También se habla de películas por temática: sobre la muerte, la cárcel, navideñas o de extraterrestres, entre otras muchas. Otros se refieren a las películas de acción, de terror, cine de autor, musical y hasta negro, sólo por nombrar algunas etiquetas.

 

Los modelos de comportamiento o un asunto conflictivo también dan pie a dar apellido a las filmes, por ejemplo, cine de educación y cine de migración. Entre las mejores películas del primer tipo encontramos: La sonrisa de Mona Lisa (2003), Ni uno menos… (1999), Profesor Holland (1995), La sociedad de los poetas muertos (1989) y Conrack (1974); entre las segundas, podemos nombrar El Norte (1983, Gregory Nava), 14 kilómetros (2007, Gerardo Olivares), Sin nombre (2009, Cary Fukunaga), Norteado (2010, Rigoberto Perezcano), Invisibles (2015, Gael García Bernal) y por supuesto, La bestia (2013), documental de Pedro Ultreras.

 

El conjunto se arma toda vez que se recurre a un tema que se vuele lugar común en el cine, como se vuelve lugar común cualquier tema o rasgos dentro de las diversas manifestaciones artísticas, recuérdese simplemente el romanticismo o la ópera. En uno, el subjetivismo –la prioridad de los sentimientos–, la oposición a las normas clásicas, la valoración de la Edad Media, entre otros, son los rasgos sobresalientes; la otra se trata de un género musical que nos llega desde el siglo XVII y que combina, junto a la música, el canto, la danza y la actuación. Incluso la novela negra se convirtió en un género.

 

Tomemos por caso la película iraní titulada Los niños del cielo (1997, Majid Majidi). Podemos decir que es una película de niños, de manera bastante simple, sólo porque ellos son los protagonistas. ¿Se trata de una película pedagógica?, ¿qué acaso no todas las películas son pedagógicas?, porque algo se aprende en cada una. ¿De aventuras?, ¿realista? No necesariamente tenemos que estar de acuerdo en las clasificaciones propuestas.

 

Otro caso de cine, cuyos personajes son niños, es la conocida cinta Las tortugas también vuelan, estrenada en el 2005 y dirigida por el iraní Bahman Ghobadi. Ésta ha sido etiquetada como drama de cine de guerra. Obviamente no es lo mismo cine para niños que con niños. Es algo similar a enfrentarnos a las obras cómicas, que Jauss diferencia porque unas nos llevan ‘reírnos de’ y otras a ‘reírnos con’.

 

De lo que sí estoy segura, es que todos entendemos y sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de películas de ciencia ficción, aunque no es del mismo tipo Frankestein (dirigida por Kenneth Branagh en 1994, y basada en la novela de Mary Shelley) que 2001: Odisea del espacio (de 1968, cuyo director fue Stanley Kubrick); la primera calificada también de drama, y de terror; y la segunda considerada una película de culto. Por cierto, ¿cómo calificarían ustedes películas como El señor de los anillos (2001) o la serie de cintas sobre Harry Potter (2001-2011) o Avatar (2009)?

 

Otro interesante grupo es aquel adjetivado como road movie, traducido literalmente como películas de carretera, es decir, historias que se desarrollan en el camino, a lo largo de un viaje; hay quien las emparenta con la Odisea, por obvias razones. Un clásico de tal conjunto es Thelma y Louise –de 1991– (algunos la catalogan como una intersección entre varios géneros), pero La jaula de oro (2013), una película sobre la migración, también puede ser considerada como tal.

 

Sé que hay gente especialista en el tema que me diría que me estoy metiendo en camisa de once varas; a pesar de ello considero que es bueno pensar en todos esos casos que, así como en el cine, aparecen en el arte en general, cuyas particularidades nos llevan hacia una u otra línea de análisis. El chiste es trabajar el intelecto.

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