¿Música sinfónica o jazz?

Disfruto, aplaudo y celebro gratamente a la orquesta sinfónica de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez por la presentación del sábado 9 de abril de este año en el teatro Víctor Hugo Rascón Banda del Centro para la Cultura y las Artes. Sus integrantes, principalmente jóvenes talentosos y preparados estuvieron siempre a la altura del programa, atentos y ágiles.

El programa estuvo compuesto en su primera parte por piezas de Bernstein, Leroy Anderson y Kander. Todos son estadunidenses. Anderson es descendiente de padres suecos. Durante la segunda parte se intepretaron piezas de Chick Corea, Mack Goldsbury, y Ric Flaunding, todos ellos aun vivos.

Durante la interpretación de las obras, llamó mucho la atención la Máquina de escribir de Anderson, quien antes había utilizado lijas y otros materiales en sus composiciones. Fue curioso observar cómo llevaban la máquina de escribir, ya obsoleta, y como fue un instrumento de la obra cuya intérprete la afino con el resto de la orquesta, entre las risas de los asistentes. Es la primer vez que veo una mecanógrafa como parte de una orquesta sinfónica.

Además gozamos la interpretación del cuarteto de jazz de Mack Goldsbury que le imprimió al concierto una nota caliente y novedosa. Hay muchos ignorantes que repiten como loros febriles que los americanos, lease los gringos, no tienen cultura. ¡Menuda ignorancia, Batman!

El jazz es una aportación fundamental que ha permitido a muchos escapar de los rigores de la música clásica para entrar en los campos soñados de la interpretación. El jazz ofrece mucha mayor libertad lírica.

Goldsbury es un músico excepcional y ha estado a punto de ganar el premio Grammy en un par de ocasiones.

El programa, por demás grato y ameno, estuvo compuesto por estas obras, entre ellas La máquina de escribir, que es aparte de una obra creativa, una reminiscencia aunque podría decirse que se trata de un aparato asombroso porque reúne a la vez teclado e impresora, pero creo que pocos reirán al saberlo.

La música fue ligera y sencilla. No creo en la pedantería de la división de música clásica o música popular; esa es una falsa frontera. Las piezas fueron gratas, sencillas, divertidas y faltó una buena copa de vino para brindar por la orquesta, por los compositores, por el papel pautado y por tantas cosas. El público disfrutó la obra y la aplaudió con ganas. Goldsbury recibió el homenaje con una sonrisa emocionada. ¡Hermoso poder honrar a alguien aun en vida!

Cuan grata la frontera territorial que nos permite gozar tanto de las obras de compositores “populares” americanos como de compositores e intérpretes como

Goldsbury. Sin lugar a dudas, Juárez tiene una situación privilegiada que le permite presentar todo aquello con tinte fronterizo y transnacional.

Los nombres de los músicos del cuarteto de Goldsbury no aparecen en el programa. Me tocó por suerte sentarme frente al baterista. Fue una grata experiencia desde como acomodó su lugar, la colocación de los platillos, la interpretación emocionada, rítmica, profesional.

Este concierto pudo haberse presentado en Washington o Chicago pero tuvimos la fortuna de verlo aquí. El director de la orquesta se llama Guillermo Quezada, quien cuenta con una solida trayectoria en diferentes agrupaciones musicales. ¡Felicidades a la orquesta de la UACJ!

Antonio Canchola Castro

canchol@prodigy.net.mx