Campañas electorales

Hace unos años estaba en una de las oficinas de estrategia del PAN en la elección para gobernador en Tlaxcala, después del medio día le pregunté a uno de los expertos enviados de la Ciudad de México:

- ¿Cómo salió la encuesta de salida?

- Vamos diez puntos arriba.

Yo había hecho una encuesta telefónica la tarde anterior que con múltiples fallas metodológicas mostró que la candidata iba arriba por muy poco (la respuesta más frecuente fue una mentada de madre). Comenté que con una ventaja de 10 puntos y tomando en cuenta que el grueso de la votación se emite en la mañana, tenían una victoria segura, los encargados del lugar concluyeron que no tendrían que activar su operativo de movilización (acarreo) de votos. Más tarde, como a las cinco de la tarde llegaron las voces de alerta porque iban abajo y tenían que incrementar la votación.

La candidata perdió. La pregunta es ¿por qué el experto mintió? ¿Fuego amigo, traición, incompetencia o simple estupidez?

La historia viene al caso porque encuentro análisis sobre las campañas que no tienen el menor sustento en la realidad, y no se qué tanto las campañas los toman en serio.

La mayoría responden a lo que quisieran ver, y no obstante el sesgo, los que emiten el comentario piensan que su palabra tiene solidez de verdad científica y absoluta, aunque la ciencia no puede presumir de absolutismo. Los más avezados utilizan el “análisis” para enviar mensajes y crear situaciones políticas, lo que sin duda es válido. Esta inclinación a considerarse demiurgo es una enfermedad frecuente entre los que tienen un micrófono al alcance de la mano.

En Chihuahua escucho mucho, entre políticos y pseudo comentaristas, que las campañas no prenden (este parece ser un mantra). Lo interesante es que se diga eso a solamente unos cuántos días del inicio de las mismas. Tal vez tienen en la mente un cuete con mecha muy corta que debe prender y estallar rapidísimo.

Reproduzco un ejercicio sobre cómo medir si prendió una campaña. Me responde un activista:

- Según el número de participantes en los eventos políticos.

Respondo que Javier Corral (PAN) hizo un evento con un auditorio lleno a reventar.

- 900 personas, me responde.

- Entonces ya prendió

- No, porque eran acarreados de El Barzón y estaban enojados

Muchos acarreados se molestan si no les cumplen lo que les ofrecen por el acarreo, que normalmente es dinero, algo de comer y beber.

La llegada del Barzón, en caso que así fuera, era el resultado de una alianza anti-Duarte que Corral está aprovechando para su campaña.

La campaña de el Chacho Barraza se ve desangelada porque en un acto en la capital tuvo escasos 50 jóvenes. Si esos 50 eran activistas, la relevancia del acto puede ser mayor, porque cuenta la calidad y esta puede multiplicar apoyos. No tenemos manera de confirmarlo. Alguien más tercia en la charla y dice que el Chacho tiene a gente contratada haciéndole la campaña, lo que hizo para la recolección de firmas. Acaso hay duda sobre si una campaña prende solamente con gente contratada, éstos tienden a ser más eficientes que los voluntarios.

Alguien vio una caravana de Movimiento Ciudadano en Ciudad Juárez y reportó que eran muchos. El problema con los calificativos es saber cuántos son muchos para esa persona.

Me dice el activista que la campaña de Enrique Serrano si prendió. Serrano ya recorrió todos los municipios del Estado y va por la segunda vuelta. En los mítines tiene no menos de 300 personas, aunque no tengo manera de saber que representa 300.

Si Corral metió 900 en un evento y Serrano 300 en muchos, posiblemente como dijo el activista, los números que se manejan de superioridad de Serrano son correctos. Lo peculiar es que nadie ha visto encuestas aunque sostienen que hay una diferencia sustancial.

Me dí cuenta que manipular encuestas inexistentes sirve para crear imágenes, a uno de perdedor y a otro de ganador y para la sociedad una gran confusión.

El problema para entender la asistencia a mítines es que difícilmente responden al libre deseo de la ciudadanía de ir a manifestar su apoyo por un candidato.

Hace unos años, acompañe a un pre candidato del PRI a la gubernatura y en un evento en Ciudad Juárez calculaban que había 15,000 personas. El truco estuvo en el grupo musical que fue invitado a amenizar el evento que estaba de moda, el atractivo de un concierto gratis era suficiente para aguantar el discurso del candidato, el que con atinadamente fue muy breve.

A menos de dos semanas de campañas lo único que ha prendido es la estulticia.