Shakespeare y Cervantes

Se dice que murieron el mismo día mas eso no es cierto; ni siquiera en el mismo mes, sin embargo, sí con menos de un mes de diferencia, once días para ser precisos. Uno falleció el 22 de abril –según nuestra cuenta anual– y el otro el día 23 pero del calendario anterior al actual, el juliano, el 3 de mayo del actual, el gregoriano. Por eso, como homenaje a los dos más grandes escritores de la literatura universal –William Shakespeare y Miguel de Cervantes–, el 23 de abril se celebra el día internacional del libro, iniciativa aprobada por la UNESCO.

Ninguno de los dos precisa ser presentado, ambos son por demás conocidos, así como su obra. No significa eso que todo mundo los haya leído.

La obra de Harold Bloom, El Canon occidental, está prácticamente dedicada a Shakespeare; pero tiene otros textos en los que vemos la importancia que para él tiene este autor inglés: Shakespeare: The Invention of the Human (1999) y Hamlet: Poem Unlimited (2003).

Bastante esclarecedor es lo dicho por Jorge Luis Borges cuando escribió: «Shakespeare es el menos inglés de los poetas de Inglaterra. Comparado con Robert Frost (de New England), con William Wordsworth, con Samuel Johnson, con Chaucer y con los desconocidos que escribieron, o cantaron, las elegías, es casi un extranjero. Inglaterra es la patria del understatement, de la reticencia bien educada; la hipérbole, el exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare».

Es común que se mencione, con un tono negativo, la indiferencia y el distanciamiento, calificados de “inhumanos”, respecto a la realidad de sus personajes.; también que no hay postura moral –acusado de preferir el placer del receptor como contrario a la virtud y la enseñanza, sostenido por Samuel Johnson–. Efectivamente, Shakespeare no predica, no propone fe o creencia, ni una ética, ni solución a nuestros problemas; plantea, eso sí, las angustias del ser humano sin dar respuestas. Se dice que se ignora lo que él pensaba respecto a este espectáculo del mundo, pero se coincide en que tenía una visión pesimista y sombría ante la posición miserable y mínima que el hombre ocupa en la Tierra –postura que coincide con algunos pensadores como Arthur Schopenhauer y Nietzsche–. Que el hombre está hecho de la misma materia de los sueños y que se encuentra en un mundo misterioso, profundo, inabarcable y sin sentido –posturas que podemos encontrar en La vida es sueño de Calderón de la Barca y en el Prólogo a El Hombre de la situación de Manuel Payno; e incluso en las últimas tendencias filosóficas acerca de que somos el sueño de alguien más–. Para constatar lo anterior nos basta leer Hamlet y Macbeth.

Shakespeare influyó en Orson Welles, quien en 1936 montó un Macbeth, bastante innovador, ya que contextualizó la historia en el Harlem negro. También Laurence Olivier sufrió el influjo del inglés y se vio motivado a filmar un largometraje titulado Enrique V, en honor de los combatientes de la Segunda Guerra Mundial. Así mismo, Shakespeare es personaje en dos textos dramáticos, Un drama nuevo (1872) de Manuel Tamayo y Baus, y en Guillermo Shakespeare (1853) de Enrique Zumel.

Por otra parte, las secuelas del Quijote son innumerables, no importa a cuál manifestación artística nos refiramos, en todas encontramos variaciones. Sólo recordemos, para ejemplificar, el Segundo Tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, publicado en Tarragona en 1614, cuyo autor es Alonso Fernández de Avellaneda; la anónima Continuación nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable Don Quijote de la Mancha, obra francesa publicada en seis volúmenes, impresos entre 1722 y 1726; así como las que relatan lo sucedido después de la muerte del protagonista, tituladas Adiciones a la historia del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Jacinto María Delgado, y la Historia del más famoso escudero Sancho Panza, de Pedro Gatell y Carnicer, cuyas dos partes vieron la luz en 1793 y 1798. Pero también tenemos la del ecuatoriano Juan Montalvo, titulada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, publicada en 1895.

Otras manifestaciones artísticas son el famoso musical El hombre de la Mancha (1965), con libreto de Dale Wasserman, quien dice que no es una versión musical de la gran obra de Cervantes, cuestión totalmente cierta. También recordemos las ilustraciones de Doré, Picasso, Dalí, así como las del caricaturista Antonio Mingote. Incluso existe, entre las muchas películas surgidas a razón de esta obra, una producción hispano-mexicana titulada Don Quijote cabalga de nuevo (1973), dirigida por Roberto Gavaldón, y que trata sobre “la verdad de lo ocurrido en aquel lugar de la Mancha según Sancho”.

El legado de ambos autores marcó la tradición y la historia literarias, innegablemente. Sus obras se siguen leyendo y continúan provocando la aparición de otras que las toman como punto de partida. Uno no puede leer todo lo que quisiera, nuestra vida no da para tanto, así que es recomendable volver pensarlo antes de dejar a un lado las obras de Shakespeare y Cervantes.