Estacionamientos

No intentaré comunicarme esta semana con los candidatos. Conforme avanzan sus campañas electorales, han de estar muy enfrascados en solucionar los problemas de suyo inherentes, tales como denostar a los contrincantes, buscar billete para gastar, esconder los gastos de la vista del público elector y patrocinador involuntario de su actividad, organizar el mapacheo, repartir limosnas a los electores y fingir en lo que siempre han fingido… Entre otros menesteres propios de la naturaleza democrática contemporánea.

 

Vayamos al grano. A mediados del mes de abril, entró en vigor una normativa del ayuntamiento de Juárez con la cual se prohíbe cobrar el servicio de estacionamiento de vehículos en los centros comerciales, hospitales y en aeropuertos y terminales de autobuses. Ni duda cabe, una demanda ciudadana largamente expresada a lo largo y lo ancho del país. Las clases trabajadoras, quienes sostienen a los políticos en todas sus manifestaciones partidistas, logran con esta medida arrancar un derecho largamente acariciado y con el cual se encaminan a ser redimidos en el más profundo de sus anhelos.

Y no está usted para saberlo y menos yo para contarlo, pero este triunfo de las luchas populares juarenses debe ser ejemplo en toda la nación. Sí, de una nación oprimida. Los mexicanos hemos sido víctimas de la voracidad de quienes poseen la tierra urbana necesaria para estacionar cómodamente nuestros vehículos. Todos y cada uno de nosotros circulamos en el día a día para realizar nuestras actividades laborales y, además, anhelamos gozar del tiempo libre, fecundo y creador, que nos hemos ganado a partir de nuestros sacrificios en cada jornada y desde el inicio de los tiempos. Para ello necesitamos espacios de libertad y un estacionamiento libre de cobro es reflejo de ello.

 

Aunque la maternidad/paternidad de la medida se la atribuyen miembros de uno y otro y otro partido político, justo es decir que no importa quién lo sugirió, ni quién votó a favor (dicen que fue por unanimidad, da lo mismo), ni quién se atrevió a opinar en contra, ni quién se hizo pendejo tratando de que se calmaran las aguas y la gente olvidara la iniciativa. La verdad sea dicha, quienes lo hicieron cumplieron con su trabajo y no necesitan del aplauso ni del reconocimiento especial. Forma parte de sus obligaciones.

Claro que es mera coincidencia que la medida haya sido decidida en plena efervescencia electorera, cuando todos los ciudadanos estamos pendientes de lo que hacen o dejan de hacer los políticos sin importar el nivel en el que se encuentran. Dejar de cobrar en los estacionamientos renueva la confianza popular en sus representantes, en sus autoridades, en sus partidos políticos, en la vida misma.

 

Si bien los empresarios afectados han hecho, hacen y harán cuanto sea posible por revertir la disposición, lo más probable es que las cosas sigan su paso y ritmo en tiempo y forma y hasta allá por el 6 de junio o poco después, quienes se encargan de las cuestiones legales, dictaminarán si la orden se hizo o no con apego a derecho. ¿Por qué después de esa fecha? Tengo la ligera sospecha de que por ahí más o menos se cumplen los plazos judiciales determinados por la Constitución Política

de los Estados Unidos Mexicanos. El estado de derecho es primordial para ratificar la vocación democrática de todos nosotros, orgullosos mexicanos. Si usted lo interpreta de otra manera, allá usted y sus recochinas dudas y peores voluntades hacia la honestidad de los poderes legislativo y judicial.

Sin embargo, el mismo estado de derecho, al escuchar a las víctimas de tan ominosa medida, deja en veremos la definitividad de la prohibición del cobro. ¿Se dará marcha atrás en tan popular determinación? ¿Los intereses de la mayoría serán supeditados a los derechos de la minoría? ¿Acaso fue solamente una providencia electorera, como acusan los agoreros del desastre y mal pensados profesionales de la diatriba y eyaculadores de la mala leche?

Un asunto de tan vital importancia para la totalidad de la población no puede quedar a la deriva. Las autoridades de los tres niveles de gobierno deberán proponer las medidas conducentes para que más de ciento veinte millones de mexicanos tengan garantizado el parking for free. Es más, debería convertirse ya en una de las sacrosantas garantías individuales establecidas de manera constitucional.

 

Y para que todo sea plenamente democrático y se alcance el anhelo de libertad y justicia, muy pronto las oficinas de gobierno abrirán sus estacionamientos para uso de todos, sin necesidad de desembolsar alguna cantidad de dinero. En Juaritos, los derechohabientes del IMSS o del ISSSTE podrán estacionarse de a grapa, así como quienes hacen trámites en el Infonavit. Si usted hace uso de los servicios de Pensiones Civiles del Estado o en las oficinas administrativas del Gobierno del Estado, de la Aduana, del Centro Cultural Paso del Norte, pronto tendrá derecho de dejar su auto en un lugar seguro y con la plena certeza de que no tendrá que desembolsar un solo centavo.

En esa tesitura, nadie se verá presionado por los infaltables parqueros que surgen como el Ave Fénix, hasta de las cenizas de los cigarrillos que se consumen a diario. Cobrar el estacionamiento va contra la libertad de tránsito y aparcamiento de la ciudadanía, pero a esta patria nuestra, un parquero en cada media cuadra nos dio (con y sin pavimento).

La consecuencia lógica de la eliminación del cobro en los estacionamientos es la desaparición del oficio de parquero, el espacio es del conductor que lo trabaja y habrán de prohibirse los cobros por derecho de piso en ambientes públicos.

Ya me voy, ya me despido, no se les vaya a olvidar, que en pasando las elecciones, alguna noticia nos han de dar.

mawyaka@hotmail.com

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