Sarcasmos

May 26, 2016

El fanático de una ideología cualquiera no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando (igual si es de derecha, de izquierda o de extremo centro), sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas. / A veces tus deseos son órdenes, y a veces tus órdenes son deseos.

 

EL FANTASMA DE LA SEGURIDAD

 

Lo advirtió Dwight D. Eisenhower (presidente gringo de 1953 a 1961): “Vamos derechito a la bancarrota, por perseguir el vano propósito de lograr la seguridad absoluta”. Ike lo decía respecto de su país (y eso es precisamente lo que ha pasado), pero está sana advertencia también se aplica a todas las otras entidades políticas, a todas las organizaciones sociales, a todas las empresas, a todas las familias y a todos los seres humanos individuales. Y es que la inseguridad y la incertidumbre son características esenciales de este universo (o dimensión vibracional o plano de existencia o como gustes llamarlo). De modo que pretender la seguridad absoluta es tan idiota como perseguir la eterna juventud, la inmortalidad o la felicidad perpetua. Comencé a entender esta sencilla pero incómoda realidad hace muy poco (sí, soy desesperadamente leeeeeeento), cuando me di cuenta de que, entre muchas otras fantasías, me había pasado la vida tratando de comprar seguridad a través de engordar las arcas de aseguradoras y de sus comisionistas. Ahora por fin lo entiendo: las primas que pagas son la factura por tu miedo, no la garantía de nada. Estoy, pues, comenzando a asumir la irremediable incertidumbre de mi destino.

 

MIKHAIL TAL

 

Me deleita revisar las partidas de este sensacional jugador de ajedrez (juego que fue mi pasión en los años 70, en el cual siempre fui pésimo), el Mago de Riga, campeón mundial de 1960 a 1961 (en que se rumoró haber sido deliberadamente enfermado por la URSS, que usaba su monopolio ajedrecístico como arma en la Guerra Fría). Humilde y bromista, Tal fue quizá el mejor atacante que ha visto este juego. Siempre te va a maravillar su prodigiosa capacidad de sorprender con movimientos tan inesperados como contundentes. Algunas frases suyas: “Tuve suerte, porque 1960 fue bisiesto y pude ser campeón un día más. Pero eso no me preocupa, porque el título de campeón es provisional, mientras que el de excampeón es eterno”; “el ajedrez ocupa en mi vida un 100%, más 10”; “si prohibiesen el ajedrez, probablemente me haría contrabandista”; “el hombre acepta sin problemas que una máquina corra más que él, pero difícilmente aceptará que piense mejor que él” (díselo al campeón mundial Garry Kasparov, derrotado en 1997 por Deep Blue, la computadora de IBM); “hay dos clases de sacrificios: los correctos y los míos”; “bueno, Lasker cometía errores en todas sus partidas y yo solamente en una sí y en otra no” (al ser comparado con Lasker); “un jugador de ajedrez es primordialmente un actor. Se sienta en el escenario preguntándose qué jugada le va a agradar más a la concurrencia”; “para mí, el tablero de ajedrez es un campo de batalla y no los libros de un contable”;

“los aficionados al ajedrez y los lectores sólo son felices cuando un gran maestro se arriesga, más bien que cuando se limita a mover los trebejos”.

 

UN FIERO PIRATA

 

En la Inglaterra del Siglo XVII un marinero de gesto feroz se topa con un viejo colega en un muelle de Bristol. Lo ve muy deteriorado, con una pata de palo, un garfio en vez de mano y un parche en el ojo. Se abrazan con afecto y se meten en una cantina a tomarse unos rones. El amigo le pregunta al marinero por esas mutilaciones. “Bueno”, explica el otro “la pierna la perdí en un cañonazo que me dieron. La mano me la cortaron con un sable durante un abordaje. Y el parche, pues, me dio comezón en un ojo, me lo quise rascar, y como todavía no estaba acostumbrado al garfio…”

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