No evaluación sino contenidos, la verdadera batalla SEP-CNTE

Los conflictos actuales en las calles entre el gobierno federal y la CNTE son apenas con el comienzo. Los maestros disidentes han convertido la disputa contra la evaluación en choques de medición de fuerzas porque la madre de todas las batallas se dará en los contenidos educativos que prepara el secretario de Educación, Aurelio Nuño.

En el fondo, la verdadera reforma educativa se dará en los nuevos lineamientos sobre el contenido de la educación: el para qué. En los primeros escarceos, la CNTE y sus secciones afines --con la 22 como punta de lanza-- han logrado ya doblegar la reforma en materia de contratación y evaluación.

Los maestros, la educación, los programas educativos, los libros de texto gratuito y el artículo 3º de la Constitución fueron producto de las élites revolucionarias de 1910 y convirtieron a la educación en el valladar contra el conservadurismo heredado del siglo XIX y continuado por Porfirio Díaz. Así, los maestros y la educación para la liberación y el desarrollo social son los apóstoles de la justicia social y la defensa de la democracia o los aparatos ideológicos del Estado (Louis Althusser).

La disputa por la educación pasó por la lucha Cárdenas-Alemán: el primero reformó el 13 de diciembre de 1934 el artículo 3º para instaurar la “educación socialista” y el segundo reformó el 30 de diciembre de 1946 el mismo artículo para desaparecer la palabra socialista e introducir la educación basada en el “progreso científico”. Y fue Alemán el que metió el concepto de educación para la democracia, “considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino en un sistema de vida fundando en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

La reforma de Peña Nieto de 2013 --avalada por el PAN y por el PRD-- dio el primer paso para anular la educación como eje ideológico del sistema político priísta en cuanto el papel vigilante de los maestros en la educación para la liberación y la justicia social. La reforma de contenidos terminará la tarea para transformar la educación en la mera acumulación de datos y técnicas y ya no como un “sistema de vida”.

Los maestros han dado la lucha contra la reforma ideológica de la educación como detonador político. En 1958 el Partido Comunista Mexicano (hoy el deslavado PRD) tomó la dirección del sindicato magisterial para controlar el contenido ideológico de la educación, pero fue aplastado; la izquierda socialista en los sesenta y setenta se apoderó de las universidades públicas para mantener la educación para la liberación intelectual de los estudiantes y no para producir técnicos en serie.

La lucha callejera de la CNTE contra la reforma laboral en el sector educativo no representa la verdadera batalla magisterial; si acaso, constituye sólo la disputa por el control de los maestros a través del

sindicato o vía la dirección de pagos de la SEP. Al ofrecer evaluaciones ajustadas a realidades sociales regionales, la SEP concedió la primera victoria ideológica a la CNTE porque justamente en la vinculación maestros-realidades sociales se localiza el potencial político-ideológico de la labor de los maestros.

En el fondo, el campo de batalla de la SEP-CNTE ha definido ya las posiciones estratégicas: la educación para el neoliberalismo de mercado o la educación para la liberación social en zonas controladas por el mercado.