Galletas de la suerte

August 27, 2016

Unos amigos, propietarios de un restaurante de comida china llamado Yā me platicaron una experiencia. La hija de uno de ellos, llamada Mián táo, capullo en chino, conoció a un muchacho que la cautivó por su inteligencia e ingenio. Ambos son compañeros de una clase de doctrinas filosóficas. Ella le propuso a su papá y a su tío, los dueños de Ya que contrataran a Diego Damián su nombre, para escribir los textos de las galletas de la suerte.

Invitaron a Diego a comer un martes, platicaron y les cayó bien aunque no le entendieron nada de lo que habló acerca de los sofistas, ni del existencialismo mucho menos del pesimismo ni de los autores que citaba. Al lado del wonton habló de Platón, mientras intentó tomar la sopa con los palillos recordó a Sísifo y así hasta llegar los postres en donde por asociación habló de lo postrero. Le pagarían por cada mensaje que redactara. Una vieja empleada recibiría los textos para su inclusión en la galleta. Esta empleada, le dijeron, antes de venir había estudiado mercadotecnia en el afamado instituto comercial Xún luó du de Shanghai.

Diego Damián salió muy contento . Todo su saber filosófico le daba vueltas en la cabeza. -Ya sé, se decía, un mensaje será: “Yo solo sé, que nos sé nada” y le divertía pensar en los clientes.

El primer mensaje que encontró para incluir fue de Schopenhauer: “La vida es un largo proceso de morir.” De inmediato lo escribió en una hojita y lo llevó a la encargada quien se quedó con él. En los días y semanas subsecuentes, Diego Damián acumuló citas que entregaba a la empleada.

Meses después, unos compañeros se pusieron de acuerdo para ir a comer y eligieron para ello el restaurante chino Yā . Diego Damián fue con gusto sabiendo que cuando trajeran las galletas a la mesa, sus amigos se sorprenderían de los textos. Comieron alguno de los menúes múltiples con una variedad de entradas, sopas, arroces y guisos de pollo, pescado, res y puerco. Estaban muy satisfechos y llegaron las galletas. Algunos las rechazaron pero Diego les insistió en que por lo menos leyeran el mensaje.

Uno a uno los amigos comenzaron a reír como locos. ¿Qué pasa? ¿qué tomaron? Me mostraron los textos: “ “La alegría es el mayor de los bienes”, Aristóteles, [antes de conocer el restaurante Ya]. Otro decía: “Pienso luego [voy al restaurante Ya]” y así el resto, desde Demócrito hasta la actualidad.

Abrí ya con temor mi galleta y me encontré una cita de Locke modificada: “Una cosa es mostrar a un hombre que está en un error y otra muy distinta es ponerlo en posesión de la verdad”, [ la cual es que la comida del restaurante Ya es inigualable]. No lo podía creer.

Al día siguiente pidió Diego una cita pero lo recibieron hasta el martes. Lo invitaron a comer. Se quejó de que sus citas fueron alteradas. Los dueños solo rieron. Supo de paso que la traducción del nombre del instituto donde la empleada había cursado su carrera comercial era literalmente Instituto Patrulla de Shanghai. Diego salió de allí moviendo la cabeza y riendo consigo mismo pensando en la fatalidad y la comida del restaurante Yā , que de paso significa pato en chino.

 

Antonio CANCHOLA CASTRO

canchol@prodigy.net.mx

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