Aspire, inspire, inhale… ¿aún resolla?

Poco más de seis millones de personas mueren cada año por problemas de salud derivados de la contaminación del aire. Para las alrededor de 48 millones de muertes que suceden anualmente, podríamos decir que qué tanto es tantito. Por supuesto, la contaminación de las aguas, de los suelos, de los alimentos en general, debe incrementar esta cifra y luego habrá que añadir las muertes por los materiales textiles, las causadas por los materiales de construcción, por los organismos modificados genéticamente y las producidas por la perversidad de la industria farmacéutica.

Súmele después la violencia y la edad… ah, y los que se mueren por pendejos, así como los que también deciden suicidarse. La evolución humana nos ha llevado a contar con un amplio abanico de posibilidades para cruzar el puente que nos conduce al otro barrio.

Una semana antes de que esto escribiera yo, la Organización Mundial de la Salud (WHO por sus siglas en inglés), hizo público un documento de 121 páginas llamado Ambient air pollution: a global assessment of exposure and burden of disease. En él, este organismo multinacional afirma que el 92% de la población mundial habita áreas donde los niveles de contaminación del aire son peligrosamente altos.

Para nadie es una sorpresa la afirmación que la gran mayoría de esta contaminación es provocada por las labores humanas. Las actividades que la inducen van desde la disposición de las basuras de cada casa habitación hasta las plantas que producen electricidad quemando carbón, pasando por el uso de cualquier combustible fósil, la locura de la transportación de cosas y personas, las actividades industriales y el uso de pesticidas. Respiramos carbón, sulfatos, nitratos, amoniaco, cloruro de sodio y cualquier clase de polvo mineral, materiales que se van acumulando en los pulmones y provocan enfermedades y la muerte.

“¡Ah, que los seres humanos tan imbéciles!”, decía el otro día un venusino que quería irse a las piscas, de mojado, a los yunaitesteis, pero la migra lo mandó pa’tras. “Hablan de progreso, de libertades, de cuanta madre y no son capaces de preservar el planeta en el que viven”, se quejaba entre trago y trago de tequila en El Recreo. Posiblemente tenga razón, pensé.

Otro día, en el Foro Interactivo de Politólogos por la Democratización del PRI, un fulano de quién sabe qué universidad patito, de esas que casi no hay, afirmaba rotundamente que el informe de la OMS era una movida de la Hillary para derrotar en las elecciones de noviembre al tal Trump.

Y puede que tenga razón este hijo de la Panamericana. Los cuadros estadísticos y el mapa asociado al informe, muestran cómo las sociedades industriales, las naciones donde ha nacido el espíritu capitalista, donde se gesta la democracia en el día a día, donde se defiende la libertad de la humanidad y donde se llevan de a piquete de ombligo con el verdadero dios, los problemas de contaminación no son tan escandalosos como en los llamados países en vías de desarrollo y en los jodidos de a tiro.

Toda la andanada de tratados comerciales e industriales, la migración de las plantas industriales hacia donde los salarios son miserables y donde los estados nacionales jamás osarán emitir alguna ley de protección al ambiente que sea eficiente, eficaz, lógica y efectiva, para beneplácito de las inversiones

foráneas (y locales también, pues qué chingados), no significa otra cosa que alejar los problemas de contaminación y producir donde no haya regulaciones laborales, ambientales ni de ningún tipo que estorben al desarrollo de las empresas socialmente responsables.

Joder al trabajador, joder a los jodidos y joder al planeta, son los principios éticos básicos del sistema en el cual nos desenvolvemos todos los días, siempre tan felices y esperanzados en un mundo más mejor y menos peor. Para ya no seguir diciendo sandeces, le presento un cuadro comparativo entre México y dos naciones superdesarrolladas, sacado de la publicación de la OMS. En éste se muestran los efectos de mortalidad y morbilidad que deben ser considerados como consecuencia de la contaminación del aire que respiramos todos.

País ERA OPC CP CI ACV Total Tasa por cada 100 000 habitantes

Muertes atribuibles a la contaminación del aire en 2012, ambos sexos, por enfermedad y país

México 467 742 1336 9983 4269 16798 14

Finlandia 0 1 31 233 62 327 6

EEUU 33 721 8836 22560 5893 38043 12

Años de vida perdidos atribuibles a la contaminación del aire, ambos sexos, por enfermedad, por país

México 42444 11848 31617 234186 102089 422185 346

Finlandia 11 20 685 3903 983 5601 103

EEUU 2959 12278 192562 465743 110472 784015 249

Años de vida perdidos, ajustados por la discapacidad, atribuibles a la contaminación del aire, ambos sexos, por enfermedad, por país

México 44235 16438 32017 237465 106252 436407 358

Finlandia 14 35 692 3969 1064 5774 106

EEUU 3283 20221 195036 473323 129932 821795 261

Siglas. ERA: Enfermedades respiratorias agudas. OPC: Obstrucción pulmonar crónica. CP: Cáncer pulmonar. CI: Cardiopatía isquémica. ACV: Accidente cardiovascular.

Échele un vistazo al mapa, no lo estoy inventando yo: http://maps.who.int/airpollution/

Si quiere leer completo el informe, bájelo a su computadora gratuita y legalmente de http://www.who.int/phe/publications/air-pollution-global-assessment/en/

Las conclusiones, determínelas usted, lector de las cotidianas. ¿Qué sigue después de esto? Las palabras de Tomás Méndez suelen ser sabias:

Llega la muerte luciendo // mil llamativos colores… // Ven dame un beso pelona // Que ando huérfano de amores.

mawyaka@hotmail.com

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