Panorama del arte

January 21, 2016

Aunque Hippolyte Taine en uno de sus ensayos nos dejó un panorama de la literatura inglesa, muy bien puede ser tomado como panorama del arte occidental. Cuando Taine (Francia, 1828-1893) publicó en 1864 su Historia de la literatura inglesa, se acentuaban los primeros cambios en la explicación del arte. La presencia de la filosofía positivista en el campo intelectual europeo impulsó una nueva perspectiva de conocimiento en el cual los fenómenos no son hechos aislados, sino que están ligados de manera íntima por leyes sociales.

 

En la introducción que hizo al libro, Taine planteó una lectura histórica de una nación tomando en cuenta su creación artística, con lo cual estableció, tal vez sin haberlo querido, la idea de la obra como conjunción (para muchos errada) entre la obra artística y la vida del autor, quien es producto de su sociedad. Así la obra no es un simple juego de imaginación, capricho aislado de una acalorada fantasía, sino una copia de las costumbres reinantes –¿realismo y costumbrismo?–, y signo de un estado de espíritu.

 

La verdadera historia solo surge cuando el historiador empieza a desentrañar, a través de la distancia de los tiempos, al hombre vivo, activo, dotado de pasiones, provisto de hábitos, con su voz y su fisonomía, con sus ademanes y sus vestiduras, visible y tangible como el que hace poco acabamos de dejar en la calle. La historia como fuente del arte.

 

¿Y cuál sería la razón, el fin, el objetivo de una obra literaria, por ejemplo?, precisamente conocer al hombre –cuestión en la que ya había hecho hincapié Aristóteles cuando dijo que el poeta y el historiador se diferencian porque uno dice lo particular y otro lo universal–. Además, para juzgar una cosa, es menester su presencia; no hay experiencia de los objetos ausentes.

 

Es un traspasar en el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro, como el modelo de toda la gran cultura contemporánea –dijo Taine–, Goethe, quien antes de escribir su Ifigenia pasó días dibujando las más perfectas estatuas, hasta que, llenos sus ojos de las nobles formas del antiguo paisaje, y penetrado su espíritu de las bellezas armoniosas de la vida antigua, logró reproducir tan exactamente los hábitos y las inclinaciones de la imaginación griega, que creó una hermana casi gemela a la Antígona de Sófocles y a las diosas de Fidias. En esto vemos dos aspectos, el conocimiento, el entendimiento, y también la tradición.

 

Salvada la distancia, también vemos un círculo temporal en un tema tan llevado y traído estos días, la historia del Chapo Guzmán. Todos sabemos que Arturo Pérez Reverte publicó en el 2002 su novela La reina del sur, misma que ha salido a colación en las últimas noticias. En una reciente entrevista para El País dijo: “Extraño recorrido de la

realidad a la ficción, con retorno a la realidad, supongo que es a lo máximo que aspira un novelista”.

 

Taine sostiene que los sentimientos y los pensamientos humanos forman un sistema de rasgos generales comunes a los hombres. Por ello, las civilizaciones derivan de algunas formas espirituales simples. Así, el cuadro ideal no es muy complejo. Esto nos lleva a un mecanismo semejante de la historia humana, casi tendiente a una teoría cíclica, pero con un movimiento total de cada civilización distinta, en las que cada instante modifica sus obras, alterando las circunstancias en las que se actúa.

 

El francés habla de tres factores que inciden en la producción de las obras artísticas: el lugar, el tiempo y el grupo de hombres de dicho espacio y época, pues éstos últimos deben satisfacer sus necesidades de acuerdo a los recursos de que disponen, por lo que llevan a cabo acciones diferentes. Así, el hombre, obligado a mantenerse en equilibrio con las circunstancias, contrae un carácter y un temperamento en armonía con esas circunstancias, ya que no está solo en el mundo, sino que le envuelve la naturaleza y le rodean los otros hombres. Lo que lo diferencia del hombre en general, es lo accidental y secundario, las circunstancias físicas o sociales, que alternan y completan la condición original.

 

La obra de arte –y yo agregaría la ciencia, el entendimiento de la naturaleza– es producto de un sistema de fuerzas del interior y del exterior: Existe la obra que se ha realizado ya; y esa obra contribuye a su vez a producir la que sigue. Cuando actúan el carácter nacional y las circunstancias ambientes, no actúan sobre una tabla rasa, sino sobre una tabla donde se han marcado ya impresiones.

 

La primera obra ha determinado la segunda. Una idea creadora y universal, que después de llenar el mundo con sus obras, palidece y muere, surgiendo después una nueva idea, destinada a la misma dominación y a la misma multiplicidad de creaciones. Mas siempre es el mismo el tipo humano que se trata de representar, a través de la literatura, de la pintura, del cine, etcétera. Y entre otras diferencias circunstanciales se encuentra ésta: uno de los artistas es el precursor y otro el sucesor. Cuestiones explicadas por la retórica y la teoría del arte.

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