¿Inestabilidad o incomprensión?

Se levantó un gran clamor en ciertos círculos por la renuncia, anunciada con siete meses de anticipación, de Agustín Carstens a la gubernatura del Banco de México.

Algunos están enojados porque la salida anuncia el derrumbe de la economía nacional, lo que es una falacia, a menos que no se hubieran dado cuenta que llevamos un par de años en que todo mundo ajusta las cifras de crecimiento a la baja.

Otros se molestaron porque piensan que Carstens no detendrá, ni nadie podrá, detener la caída del peso. A juzgar por el nivel de la deuda, que ya alcanza el 54% del PIB, la vulnerabilidad del peso no está en las elecciones de otros países, sino en una política fiscal torpe e irresponsable, además de la inseguridad que estimula la fuga de capital.

No falta quién esté enojado porque Carstens no se queda a terminar los años que debe durar su encargo, o sea hasta 2020. Carstens hizo una parte muy importante de su carrera en los organismos internacionales que son un instrumento de los neoliberales para someter al mundo a programas económicos que facilitan la concentración oligarquica de la riqueza y que como consecuencia producen muchos pobres. Alguien acuño la frase brillante: “Los neoliberales quieren tanto a los pobres que cada día producen más”.

Carstens añora vivir fuera de México. Hace unos años el país sufragó su campaña para director del Fondo Monetario Internacional, institución dónde ya prestó sus servicios. Para que fuera designado director del Banco de Pagos Internacionales, en principio el banco de bancos centrales, el Chicago boy tuvo que haber comentado su intención con el presidente de la república, porque esas posiciones son materia de negociación internacional. Lo extraño es que no se haya filtrado nada y lograran hacerlo en secreto.

Lo impresionante de los quejosos, es que al llorar por la salida de Carstens y su caída hacia arriba, se debe a una profunda envidia por el éxito del neoliberal, que se ha traducido en el apoyo a las políticas de la venta de garage que realiza el gobierno de México. Pero también se desprende la noción de que en México las instituciones no valen para nada sin la presencia de los caudillos.

Piensan que el Banco de México no sirve para nada sin su gobernador. Luego entonces para que desperdiciar dinero con una estructura administrativa que supuestamente solo acompañaría al jefazo.

Aquellos que creen que Carstens se fue enojado con Peña Nieto y por la ruinosa política económica y fiscal, imaginan que hubo controversia con las autoridades que tratan a los ciudadanos como si fueran terroristas fiscales, pero esto nunca se supo. Y de paso parecen olvidar que la pésima política monetaria que tiene al peso por los suelos –y lo que falta- ha sido responsabilidad del Banco de México.

Carstens no fue nunca un factor de equilibrio para las autoridades hacendarias. Los Chicago boys están apoderados del aparato de toma de decisiones económicas y financieras y actúan en concordancia. Les importa un comino la calidad de vida de la población, ellos están casados con el evangelio neoliberal, que promueve la construcción de fuertes oligarquías que se apoderen de los valores de las naciones, mientras ellos mantienen la estructura fiscal que facilite este apropiamiento de la riqueza.

Poco tenemos de que entristecernos por la partida de Carstens, se irá ahí dónde se consolidan los manejos financieros que oprimen al mundo, que forzarán la salida de grandes flujos de migrantes y que luego propondrán políticas para blindar a los países de esos mismos migrantes.

El nuevo gobernador será neoliberal, porque ellos se ocupan muy bien de no dejar posiciones libres y menos ésta, por medio de la cuál se muestran a sí mismos ante el mundo como cumplidores de la tarea.

Por lo pronto, cómo el nombramiento requiere aprobación del senado, las fuerzas del PRIAN ya muestran los dientes para vender caro su amor, o su voto, y normalmente esos pagos le caen a la sociedad en su conjunto. No es que les preocupe que pueda llegar un gobernador del banco que funcione como equilibrio o corrector de las barbaridades que se cometen en Hacienda, lo que les preocupa es sacar alguna ganancia política.

Para los molestos, hay que aclararles que el Banco de México funciona. No para presionar y que tengamos una política monetaria y de intereses que aseguren un crecimiento económico sostenido y con una distribución equitativa de la riqueza –perdón por el arranque optimista e irreal-. El Banco funciona para que los neoliberales no pierdan el control de una institución clave.