Primavera antes y ahora

Ya es primavera. Los días duran lo mismo que las noches, el clima cambia, todo renace o todo parece renacer. En el Puerto hace calor, en Xalapa y en otras partes hace calor y llueve. Hace cuatro días mataron al periodista Ricardo Monlui. De pronto, uno siente que todo es como antes.

Digamos la violencia. Está en todas partes y afecta a todos, antes como ahora. Muchas de las víctimas han sido periodistas que revelaron o consiguieron información sobre los rincones oscuros del poder. Nadie sabe y tal vez nadie sepa nunca por qué los mataron, por triste que sea.

Pero uno sabe, aunque hay quien se niega a aceptarlo, que el miedo y la violencia no van a desaparecer en dos años, ni en Veracruz ni en México, no importa quién gobierne ni qué haya prometido durante su campaña.

Antes y ahora

Y luego está la obra pública. Antes se hacían carreteras, se construían escuelas, se erigían museos, se abrían avenidas, se promovía la cultura (aunque no fuera negocio) y eventualmente se alzaban represas o se hacían puentes que iban de un lado a otro. Creo que don Agustín Acosta Lagunes fue quien hizo más, recientemente.

Pero habrá que reconocer que el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares no tiene ni dinero ni tiempo para hacer obra pública trascendente. Sobre todo no tiene dinero, y eso obliga a la admistración a usar de la mejor manera posible los recursos que consiga para procurar el bien común. El clásico diría que con poco puede hacer mucho si lo que hace sirve para todos.

Este gobierno es de transición. Lo que tiene que hacer – porque eso ofreció, porque eso esperan los veracruzanos – es poner orden en la cosa pública. Si Miguel Ángel logra limpiar los establos de Augías Duarte habrá dado un paso político sumamente importante. La limpieza no puede limitarse a lo cosmético, a libretas con mantras y cuadros de dudoso gusto.

Los delitos que se atribuyen a los Duarte y su pandilla no son cosa estética ni de inocencia espiritual, sino un saqueo de miles de millones de pesos y el abuso de los poderes que les dio el voto. Y – en seguimiento de una repetida promesa de campaña – el gobierno de Veracruz tiene el deber y el derecho de someter a la justicia a quienes robaron. Sin perdón y sin olvido.

Aquí vuelven los problemas de percepción (que como se sabe es realidad) y aparecen las preguntas, sobre todo cuándo va a pasar todo eso. Hasta donde vamos, buscar, encontrar, detener y procesar a Javier Duarte de Ochoa es cosa de las autoridades federales, y el asunto no depende ya de la Fiscalía estatal.

También persisten las preguntas de lo que va a pasar con los cómplices de Duarte que confesaron sus culpas (aunque de manera informal) y fueron perdonados o fueron olvidados a cambio de información sobre sus propios delitos.

Lo que queda es desear que al gobierno de dos años le alcance el dinero y el tiempo para hacer algo, lo que sea, con violencia o sin ella. Le queda otra primavera para lograrlo y demostrar que nada es como antes.