A los reporteros de Veracruz

August 10, 2017

Diario de un reportero

 

Otra vez, como antes, la relación de la prensa veracruzana con el gobierno del estado está rota, o al menos seriamente dañada. El gobernador no quiere a los medios que cuentan las cosas como son, sin filtros, y los medios quieren información.

La vaina es que quienes representan a las instituciones se niegan a explicar qué están haciendo y por qué y para qué y cuándo y dónde y cómo y con qué. Vaya, ni siquiera acatan las órdenes del Poder Legislativo...

Si uno se pone a pensar, además de ejercer el oficio de contar la historia de lo inmediato, la prensa tiene la potestad de la vigilancia porque "expresa las necesidades, traduce las quejas, denuncia los abusos y los actos arbitrarios, y obliga a los depositarios del poder a la moralidad, bastándole para ello ponerlos en presencia de la opinión", como explicó desde mediados del siglo XIX el pensador y soldado francés Maurice Joly.

Los medios cuentan lo que pasa: la violencia, la inseguridad, el miedo, los asesinatos que sufren los veracruzanos, pero también las tribulaciones de quienes perdieron antes y siguen perdiendo ahora lo que invirtieron en obras, en prestaciones y en servicios en el último gobierno y en lo que va de este, y retratan la molestia o el desencanto de la opinión pública, el último interlocutor que nos queda.

Las declaraciones oficiales se limitan a lo que dice el gobernador y no van más allá de las redes sociales, sujetas al vaivén de los me gusta y las republicaciones de asuntos que tienen que ver con la corrupción del duartismo y planes de seguridad que no han logrado evitar la violencia.

Ante el silencio o la falta de transparencia, los medios publican entrevistas y declaraciones de diputados o personajes mayores y menores que no piensan como el gobierno. Pero no se ha establecido el diálogo público que necesitamos. En el ambiente hay palabras pero no hay ideas. Los venezolanos dirían que se ensució el agua de beber.

La historia se repite y los columnistas también nos repetimos, sobre todo cuando pasan cosas que ya habían pasado. Por ejemplo lo de ahora.

Los medios (que tenemos el derecho a preguntar para satisfacer la necesidad de saber) estamos obligados a seguir contando la historia de nuestros días. Pero hay un problema y la raíz del árbol del problema es vieja: hoy como en el sexenio pasado, la prensa y las autoridades se han acostumbrado a una relación adversarial que no le sirve a nadie.

 

Hasta ahora, en vez de buscar coincidencias, el gobierno y los medios han preferido concentrarse en otras cosas. Lo que hace falta es un protocolo que defina el trato de la pinche prensa con el pinche poder, porque ese es el conflicto.

 

Unos quieren controlar lo que otros dicen, porque las palabras – propias y ajenas –van más allá de quien las pronuncia o las escribe. En el periodismo, como en la política, uno es (tarde y temprano) lo que uno dice, y vive o muere por la boca, pez político o mediático.

 

En fin, basta de filosofías. Cada quien piensa lo que quiere o lo que piensan otros en las redes sociales. Habrá que ver qué pasa (porque ya no se puede hacer mucho más) durante el año y medio que le queda de vida política al sexenio, y habrá que ver qué medio dice qué y cómo lo dice, y decidir si es verdad que se hace un periodismo

pinche o la pinchez está en el ojo del que mira y susurra cosas al oído del que manda.

 

Por lo pronto, los reporteros – de todos los medios y todas las secciones y todas las categorías, en todas partes de Veracruz – tendrían que atenerse al consejo que no sé dónde ví, o leí, o escuché, o di:

 

A partir de ahora son vulnerables. Dejen de ver a sus amantes si las tienen, olviden sus vicios y sus aficiones, no vayan a antros ni bares, eviten los reventones, paguen sus impuestos, no crucen a la mitad de la calle, no tiren basura en la vía pública ni escupan ni nada. No manejen si beben, no digan que son periodistas, no hagan bulla en la calle, aténganse a los bandos de buen gobierno, sean cívicamente virtuosos, no den pretexto...

 

A ver cómo nos va.

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