Elecciones: que unos hablen con otros

Diario de un reportero

Un martes de junio de hace ciento setenta años, los suizos adoptaron la sana costumbre de decidir los asuntos públicos en las urnas y no han parado desde entonces. Lo suyo se llama democracia directa, y los hace elegir la dirección de los asuntos nacionales cada tres o cada seis meses, según.

El cuarto día de marzo, por ejemplo, los suizos van a decidir si se aplaza quince años el régimen financiero nacional (que depende en mucho de los impuestos federales directos y del impuesto al valor agregado), ya que la autoridad del gobierno para aumentar impuestos expira dentro de dos años según la constitución.

También van a decidir si se elimina el pago de la licencia que permite financiar la radio y la televisión públicas que transmiten en cadenas nacionales y locales en los cuatro idiomas oficiales suizos. Hasta ahora, todas las familias que viven en el país pagan alrededor de cuatrocientos ochenta y tres dólares (unos nueve mil pesos mexicanos, centímetros más o menos) por el permiso de acceso a la radio, la televisión y la internet.

A nivel local, los ginebrinos tienen que decidir si recortan los presupuestos de gasto municipal, de ayuda internacional, de cultura, y de ayuda escolar, además de elegir si la feria de Ginebra – que tiene puestos de comidas y de chácharas, y juegos mecánicos y fuegos artificiales y conciertos y ruido y otras cosas que tienen otras ferias – debe seguir siendo de once días o debe reducirse a siete...

Los partidos, naturalmente, reciben descuentos en el precio de sus materiales de campaña y – en el caso de Ginebra – hasta veinte por ciento de rembolso de sus gastos, según la cantidad de votos que obtengan, y nada más. En estos días, cada vez que paso frente a la terminal de autobuses miro los carteles y pienso en México. Ay.

Los cuarenta y siete que no votaron

Como cada vez que votan, los mexicanos terminan por elegir la esperanza en vez de atenerse a la experiencia, y los veracruzanos no son la excepción. Aunque faltan cuatro meses para que se vuelvan a abrir las urnas que se cerraron hace apenas un año y meses, y los políticos y sus partidos llevan meses haciendo campaña para conseguir el voto de quien se deje.

Veracruz va a elegir dentro de poco un gobernador, cincuenta diputados locales, un presidente de la República, veinte diputados federales y tres senadores, y eso va a costar casi novecientos millones de pesos. El Partido Acción Nacional recibirá ciento veinte, el Revolucionario Institucional ciento seis y el Movimiento (de) Regeneración Nacional ciento cuatro. Setenta y uno por ciento del presupuesto para las elecciones.

Lo que quede se distribuirá entre las asociaciones políticas y los independientes que logren conseguir ciento setenta mil y pico firmas – dos por segundo – para registrarse como candidatos. Y además están los once millones y algo de pesos destinados a franquicias postales, como informó a principios de año el portal e-consulta.com (http://www.e-veracruz.mx/nota/2018-01-10/elecciones/elecciones-veracruz-partidos-recibiran-488-mdp-para-eleccion-2018).

Y pese a todo ese dinero, las campañas (disfrazadas de precampañas por un decreto del inefable Instituto Nacional Electoral, que todavía piensa que hay elecciones primarias en los partidos políticos mexicanos), no han producido mucho. Aunque tal vez no importe tanto, porque los candidatos se encontraron – como antes – con militantes de sus propios partidos.

El reto que tienen los partidos, los candidatos y las propias autoridades electorales es conectar a los políticos con la gente. Nunca antes fue tan necesario que unos hablen con otros – en vez hablarles a los otros –, porque la confianza comenzó a perderse cuando los partidos abandonaron los principios que los hacían diferentes.

Casi la mitad de los veracruzanos con derecho a voto prefirió abstenerse en las elecciones pasadas, y hasta el momento no se sabe qué piensan hacer los actores políticos para convencer a los dos millones y medio de personas (cuarenta y siete de cada cien, sobre todo mujeres y jóvenes) que prefirieron dejar que otros eligieran por ellos. Por las campañas conoceremos a los candidatos. Por los votos conoceremos a los veracruzanos.