Escándalos No Gubernamentales: no tiremos el niño con el agua sucia.

February 21, 2018

 

Dos de las más prestigiosas Organizaciones No Gubernamentales que trabajan por intentar que el mundo sea un territorio menos hostil, por paliar o revertir desigualdades, injusticias y necesidades básicas del ser humano, se han visto confrontadas con una realidad terrible: en su seno también ha habido miserables que se han comportado de forma antagónica a los principios más elementales que rigen en este tipo de organizaciones.

Intermon Oxfam y Médicos sin Fronteras han reconocido la veracidad de las denuncias de conductas sexuales más que inadecuadas de algunos de sus trabajadores –siempre varones- en distintos escenarios. MSF ha hablado de casi ciento cincuenta denuncias o alertas recibidas, de las que cuarenta fueron identificadas al final de una investigación interna como casos de abuso o acoso. Esta organización humanitaria –hay que recordarlo- tiene cuarenta mil empleados permanentes en todo el mundo. Más grave, dentro de la inaceptable realidad reconocida por MSF, es lo que se ha sabido a propósito de Oxfam.

Recientemente han salido a la luz informaciones contrastadas a propósito no ya de actuaciones incompatibles con el ideario de la organización, sino que habiéndose producido éstas, altos responsables de la ONG optaron por el encubrimiento de abusos sexuales a menores cometidos por algunos trabajadores de Oxfam tras el terremoto en Haití de 2010 y, también, por abusos sexuales a trabajadores de la propia organización en tiendas de ésta en Gran Bretaña. Especialmente bochornoso para la entidad –y demoledor para su imagen- ha resultado el saberse que el mayor encubridor y también participante en los hechos denunciados en Haití es Roland van Hauwermeiren, director de la organización en aquel país. Ha sido probado que este hombre consintió y promovió la prostitución de menores en su propia residencia personal, así como que sus jefes permitieron una salida digna de Oxfam a tres trabajadores implicados, echando tierra sobre el asunto para no perjudicar su reputación humanitaria. Por si faltaba algo, esta semana se ha sabido que ha sido detenido en Guatemala, país en el que fue ministro de finanzas, el presidente internacional de Oxfam, Juan Alberto Fuentes, por presunta corrupción relacionada con su desempeño gubernamental en el país centroamericano entre 2008 y 2012. 

Conviene recordar ante tan cruda realidad que la sección española de Oxfam es Intermón, una organización que nació del Secretariado de Misiones de la Compañía de Jesús en 1956, que desde el principio se ubicó no solo en el asistencialismo humanitario sino en la denuncia y defensa de la justicia y a favor de las transformaciones sociales, y desde los años setenta se declaró organización laica e independiente. A finales de los años noventa, Intermón se incorporó a Oxfam, el mayor grupo de ONG’s independientes del mundo. En la actualidad Oxfam Intermón está presente en noventa países del mundo, y centra su actividad en el desarrollo, la acción humanitaria, las campañas de movilización social y de denuncia política, la defensa de los derechos de las mujeres y la promoción del comercio justo.

Las informaciones conocidas en estos días están haciendo daño a las ONG’s, y algunos gobiernos como el británico ha amenazado con retirarles las subvenciones, azuzado por los diarios sensacionalistas, al tiempo que la propia Unión Europea ha dicho estar preparada para retirar la financiación a cualquiera de las oenegés que no cumpla con los elevados estándares éticos necesarios. Al calor de aquellas y estas noticias, algunos miles de socios se han dado de baja, y particularmente Oxfam está atravesando una crisis importante. No obstante, el escenario negativo no se circunscribe exclusivamente a ésta o aquella organización no gubernamental, sino que ha provocado un nubarrón importante en el mundo de la cooperación internacional.

Se ha hecho imprescindible, pues, atajar el problema con la mayor contundencia desde el seno de las propias organizaciones, como se está haciendo. Tanto Oxfam como MSF han ofrecido toda la información de que disponen, en un ejercicio de transparencia que ya querrían muchas otras entidades internacionales de cualquier sector, tanto privadas como públicas. Eso es imprescindible, pero no suficiente: han de extremar los controles internos para minimizar, todavía más, los riesgos de que entre tantos miles de cooperantes heroicos se embosquen miserables de la peor calaña, que usan su condición de cooperantes para abusar de las personas que son las destinatarias de la cooperación.

A propósito de los acosos y los abusos de índole sexual, advertía recientemente el presidente de la Coordinadora de ONG españolas, que en unas sociedades de marcado carácter machista y patriarcal, no podemos caer en el infantilismo de que, como las oenegés se dedican a la ayuda y a los derechos humanos, van a estar –por definición- al margen de este tipo de problemas. No nos salgamos del mundo real, pero tampoco ignoremos el papel insustituible que realizan a diario la más que inmensa mayoría de los hombres y las mujeres que trabajan en la cooperación en los escenarios más adversos que podamos imaginar.

Además, no debemos perder de vista que organizaciones como las ahora puestas en entredicho se dedican a realizar lo que los Estados no hacen, ya porque no quieren ya porque no pueden, en el auxilio y el apoyo a los más desfavorecidos, a los desheredados de la Tierra. Sin estas organizaciones, que viven gracias a nuestro compromiso y a nuestro apoyo económico, el mundo sería todavía un lugar más hostil de lo que ya es. Así pues, permanezcamos atentos a los avatares de estas oenegés por lo que hace a la detección y neutralización de sus garbanzos negros, pero no caigamos en el error de tirar al niño con el agua sucia.

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