Asesinato II

Esta es posiblemente la elección más sangrienta en la historia de México. Llevamos 113 políticos asesinados, de todos los colores y la impunidad se impone. El gobierno ni siquiera mueve un dedo para investigar.

Es muy difícil saber las razones para que haya tanta sangre derramada. Cada caso es un mundo y responde a una lógica concreta. Generalizar sería cometer una infamia y agraviar la memoria de los que murieron luchando por una causa, aunque pasen a la historia de la mano de otros cuyo historial tal vez les convenga esconder a ciertos intereses.

Lo que es innegable es el clima de impunidad. Nada le hacen a un militar que ejecuta a dos personas, a un ejecutor en un camión, a una comunidad enrarecida que lincha a un hampón, y a tantos miles que cometen más de 30 millones de delitos al año en el país.

El sistema de justicia está arruinado porque igual se compra un juicio como la libertad para un criminal; las fuerzas del orden están podridas en la médula y se comportan como criminales; los políticos buscan enriquecerse y no crear un ambiente de armonía para construir un futuro mejor.

Analistas de la estatura de Octavio Paz sostienen que el mexicano es mentiroso y la mentira ha superado los niveles históricos a los que nos tenía acostumbrado, especialmente en boca de los políticos.

El tejido político se corrompió a un grado tal que parece no tener reparación, aunque sigan culpando a la sociedad.

Esta elección aún con el trauma por el que pasa difícilmente permitirá relanzar al país y la muerte de tanto posiblemente será en vano.