La patria que podemos ser

July 19, 2018

Diario de un reortero

 

Ni duda cabe: el país votó el primer día de julio para que las cosas cambien, y el número de votos fue claro y contundente. Pero también es claro que quedan por ahí quienes quieren que todo siga igual, pese a las experiencias de trece gobiernos priistas y dos panistas.

 

Resulta difícil imaginar que alguien quiera que la corrupción continúe, que se malgaste o se robe el dinero público, que se maneje el poder como si fuera propiedad particular, que las cosas se hagan como se han hecho siempre, porque ese estado de cosas los beneficia de muchas maneras, pero hay mexicanos así. Son pocos pero son.

 

En los medios grandes y pequeños, en las redes sociales, en las conversaciones de café, dedican mucho de su tiempo a criticar a un gobierno que todavía no es, sin pensar que no criticaron a los gobiernos que fueron, sin darse cuenta de que el país necesita un cambio, muchos cambios, para que México sea como hubiéramos querido desde el principio.

 

Se ha dicho aquí y en otras partes que esa transformación no puede ser obra de un solo hombre, ni siquiera de un solo partido, sino asunto de todos. Pensar que López Obrador va a cambiar a México es absurdo: la elección refleja la intención de hacer las cosas de otra forma, pero el país somos todos, y eso incluye a los que perdieron y no entienden por qué perdieron.

 

Sería inocente pensar que el nuevo gobierno va a hacer una nueva nación por decreto, o que las medidas que se han anunciado van a producir el milagro de un México nuevo. Lo que hay que entender es que por primera vez en muchos años tenemos la oportunidad de dejar atrás la sociedad que hemos sido y crear la patria que podemos ser. No es poca cosa.

 

Por suerte, hay mexicanos que están dispuestos a hacer posible lo necesario para dejar atrás casi un siglo de gobiernos que crearon desigualdad, alentaron la corrupción, permitieron el robo de las arcas públicas y terminaron impotentes ante la violencia criminal que todavía sacude las vidas de todos. De ellos depende mucho.

 

Otra vez, todavía, las deudas del gobierno

 

Las declaraciones oficiales más recientes dicen que van a investigar si las deudas que reclaman los empresarios veracruzanos son reales y no hay facturas de compañías fantasma. Tuvieron dos años para hacer esa operación relativamente simple que podría haber resuelto muchos problemas. Ahora van a empezar de nuevo.

 

Lo que también queda pendiente es el señalamiento del empresario Alejandro Cossío, quien denunció que funcionarios del gobierno del estado le pidieron dinero a cambio de adjudicarle obras, pero no dio nombres. Lo que sí provocó fue que lo citaran a declarar en la Fiscalía y que hubo columnistas que exhibieron su pasado político (y el de otra empresaria que estuvo en los empujones de palacio).

 

Pero no fueron dos empresarios los que protestaron porque no se les paga. Fueron más. ¿También los va a investigar la Fiscalía? ¿O nada más los van a traer de aquí para allá sin pagarles, como hizo el gobierno de Javier Duarte?

 

La vergüenza de haber sido

Nadie duda que el Instituto de Pensiones del Estado sea propietario del terreno que hasta hace poco tiempo ocupó el teatro La Libertad, como mostraron públicamente las autoridades. Eso nunca fue materia de discusión.

 

Lo que no se entiende es por qué demandaron el desalojo de un espacio cultural, ni qué gana el IPE con recuperar los trescientos metros cuadrados del sitio. ¿Qué van a hacer ahí? ¿Un estacionamiento? ¿Una tienda? ¿Un jardín? ¿Una clínica? ¿Qué puede justificar la destrucción de un proyecto creativo que trascendía los límites de Xalapa y le daba buen nombre a Veracruz?

 

Lo más probable es que pase el tiempo y nadie haga nada. Sobre todo porque el gobierno (y con él quien fue crítico de la forma en que se manejaba el IPE y después fue su director y guardó un silencio lamentable) ya se va. Tendrán la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. A ver qué hace el gobierno que viene.

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