La naturaleza de la bestia

September 6, 2018

Diario de un reportero

 

Uno podría pensar, con razón, que las primeras sesiones de las dos cámaras del Congreso pueden dar una idea más o menos clara de cómo va a funcionar el Poder Legislativo. Y lo que pasó esta semana ilustra la naturaleza de la bestia.

El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, puso en su lugar al diputado del Partido de los Trabajadores Gerardo Fernández Noroña cuando el legislador (con fama de pendenciero y bravucón que ejerce la democracia increpando a indefensas cajeras de supermercados o a empleados de gasolineras) se quejó de que no lo dejaron entrar a Palacio Nacional, donde pretendía cuestionar al presidente Enrique Peña Nieto.

Horacio Jiménez y Alejandra Canchola describieron la escena en El Universal: Fernández Noroña subió hasta la tribuna y desde un costado gritó al micrófono abierto para que se escuchara su posición. Noroña, con el dedo índice derecho señalaba a Muñoz Ledo y le reclamaba. Muñoz Ledo dijo que no. "Presidente, no le voy a tolerar su falta de respeto, no le voy a tolerar su insolencia", dijo Noroña. "No soy insolente. Usted es un golpeador, ¡usted es un golpeador!" respondió Muñoz Ledo, lo que fue respaldado por una ovación de la mayoría de los diputados presentes.

Fernández Noroña regresó a su curul.

En el Senado fue diferente. Los nuevos legisladores recibieron un escrito en el que Manuel Velasco Coello pidió licencia como senador (cargo en el que llevaba un día) para asumir el puesto de gobernador sustituto de sí mismo en Chiapas. Los senadores votaron rechazaron la solicitud.

Pero la oposición duró poco. Horas después, los mismos senadores volvieron a votar y aceptaron que Velasco Coello se separara de su escaño para seguir siendo gobernador hasta el ocho de diciembre, cuando regresará al Senado. Y todos contentos, o casi todos, porque en este caso los senadores se portaron como representantes del partido y no como representantes populares, que es lo que deberían ser.

Los dos episodios llaman la atención. Uno, porque se corre el riesgo de que la Cámara de Diputados siga siendo un lugar para el grito, la burla, el insulto, el desinterés, pero ahora a lo bestia. Y otro, porque se corre el riesgo de que el Senado siga siendo espacio de componendas, un aparato alejado del pueblo y sin idea del bien común.

Así no se transforma nada. Mucho menos un país como el nuestro.

Si los ambulantes fueran verdaderamente ambulantes

Los viajes ilustran. Y frustran. Desde la primera vez que salí de México, hace muchos años, cada vez que veo algo interesante en alguna parte me pregunto por qué no se puede hacer en Veracruz, o en Xalapa, o en Misantla, o en cualquier otra ciudad del estado o del país.  La respuesta me da miedo.

En el mercado municipal de Sao Paulo comí picanha en un restaurante del segundo piso. Desde arriba veía los pasillos limpísimos y los colores de frutas y verduras en los puestos inmaculados. Recordé los mercados que conozco en México y tuve que pedir otra cerveza para levantar el ánimo, porque la cosa no se limita a los mercados, sino que los desborda y sale a las calles y los parques y las plazas.

Pienso en eso cada martes y cada viernes, cuando paso por el mercadito que se pone en la Plaza de la Navegación, no muy lejos de donde vivo. Hay verduras y frutas de la región, un puesto de flores, y últimamente una camioneta de pollos asados. Llegan a las seis y media de la mañana y se van antes de las dos de la tarde sin dejar huella de que estuvieron ahí. Lo mismo pasa en otras ciudades grandes y pequeñas de muchos países, menos en las nuestras.

En muchas partes de México, uno sale a la calle y descubre que el señor que se paraba en la esquina con una canasta de tacos ya instaló una caseta y puso mesas en la calle, comprueba que la marchanta de verduras ya tiene un carrito como la señora de junto y la de más allá, y sabe que hay otros como ellos porque en la mañana aparecen montones de basura donde se estableció el comercio.

Por eso me sorprendió ver que el alcalde de Xalapa, Hipólito Rodríguez, anunció que a partir del primer día del año que viene se va a controlar la instalación de comercios ambulantes (que son más bien fijos) en el centro histórico de la ciudad, y advirtió que el desorden se debe en mucho a que los líderes de los puesteros rentan espacios públicos y cobran su protección.

Lo primero que invocarán los inconformes es el derecho a dedicarse a lo que quieran, sin tomar en cuenta que ese derecho no es absoluto y tiene límites y obligaciones (como pagar impuestos). Después tomarán el Palacio Municipal, bloquearán las calles del centro, y protestarán hasta que la autoridad ceda y todo vuelva a ser como antes.

Y uno se pregunta qué pasaría si los ambulantes fueran verdaderamente ambulantes, y se instalaran temporalmente en espacios públicos de diferentes partes de la ciudad en diferentes días. Uno se pregunta si esos tianguis o mercaditos o como se llamen no harían más fácil la vida a quienes viven en zonas alejadas del centro y permitirían que los puesteros vendieran más.

Pero no. Protestar es más fácil y más cómodo.

Nemi Dib

Aprovecho este espacio para desear a mi amigo Juan Antonio Nemi Dib una pronta recuperación de su salud física y de su condición de hombre libre. Hay que recordar que toda persona es inocente hasta que un juez (no la opinión pública y menos la opinión de unos cuantos) declare que es culpable. Hasta entonces.

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