Inversiones privadas en obras públicas

Diario de un reportero

El viento que baja de las montañas es frío y hace que uno se quede en su casa, leyendo cosas que tal vez en otras circunstancias no serían muy interesantes. Desde mi ventana veo pasar a señoras con perros, a niños que van a comer, a señores que fuman el cigarro de la paz en la banca del parquecito, a valientes que salieron a correr, y de vez en cuando a quienes esperan que se lave su ropa en la lavandería de enfrente.

Es miércoles. Se oye la música de mi barrio: cientos de botellas que se rompen cuando los trabajadores del servicio de limpia pública las descargan en un camión especial para vidrios. Luego todo se queda en silencio. El cielo es alto y azul. Y en la pantalla de la computadora espera la información sobre las asociaciones público-privadas.

En términos técnicos se trata de esquemas de inversión a largo plazo que tienen por objeto la prestación de servicios al sector público con base en el desarrollo de infraestructura que construye y opera el sector privado. En lenguaje común, se puede decir que son proyectos de inversión mediante los cuales el sector privado financia obra pública, y luego cobra una renta por operar esa obra, más otros gastos que se acumulen en períodos de veinte años o más, segun el contrato.

Suena bien, sobre todo a esta hora en que es demasiado tarde para tomar café y demasiado temprano para tomar un aperitivo. El sector privado construye la obra que el gobierno necesita, y cobra por ofrecer el servicio que hasta ahora es responsabilidad del gobierno: escuelas, hospitales, carreteras, y un largo etcétera sin más límites que la creatividad contable. Y todo sin recurrir de manera inmediata a fondos públicos.

Pasa un batallón de niños, la brisa mueve los toldos en los balcones de enfrente, un gorrión se posa en mi ventana y espera que le dé boronas. Pero la cosa no es tan sencilla. Para quienes hemos visto cómo funciona el modelo de inversión público-privada en Inglaterra, por ejemplo, se trata de una perspectiva que más temprano que tarde será motivo de lágrimas de muchos y de fortunas de pocos.

Los esquemas – ejercicios financieros que huelen a contabilidad creativa desde que los inventaron en Australia hace treinta y tantos años – se usan en varios países, y todos ellos son pasos hacia la privatización y la desregulación, como sugiere el hecho de que los promueven tanto corporaciones como organismos internacionales (entre ellos el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio).

Basta leer el estudio que comisionó hace seis años el Instituto Matías Romero de la secretaría de Relaciones Exteriores: la falta de regulación, la falta de transparencia en los contratos, la falta de metodologías para evaluar la obra y sus efectos, y la corrupción que infectan este tipo de proyectos, son problemas difíciles de corregir, sobre todo en el país que vivimos.

(El documento original en inglés se puede consultar aquí: https://us.boell.org/sites/default/files/alexander_ppps_nancy.pdf).

Lo que todavía no se sabe es si este tipo de inversiones será parte del fondo mixto que anunció el presidente electo para sacar adelante al país. Ojalá que no. El capital – que es por definición privado – nunca ha sido solidario con las necesidades de los demás, aunque haya tratado de parecerlo.

Pero para que haya inversión en infraestructura tiene que haber ganancias grandes. Y hasta donde vamos, la inversión privada representa cuarenta por ciento de la inversión del gobierno federal (https://www.proyectosmexico.gob.mx/como-invertir-en-mexico/planeacion-nacional/sd_porcentaje-de-inversion-publica-y-privada-por-sector-pni/). El negocio es el negocio. Y es hora del aperitivo.

El bosque y la burocracia

Muchos conocimos el bosque de Briones – en las afueras de Xalapa – cuando era un remanso de paz. Uno iba a pasar un rato lejos del ruido, enfrascarse en el sonido del agua, el rumor de las hojas de los árboles en el viento, la luz que se filtraba en la hojarasca. Era casi el paraíso. Pero flores tan bellas nunca suelen durar.

Nos enteramos que alguien (porque la información es incompleta) ha cortado árboles en una zona de ese bosque y comenzó a construir un hotel en lo que tendría que ser un territorio a salvo de proyectos depredadores de la naturaleza. No sabemos (porque la información es incompleta) qué dicen las autoridades que en teoría tendrían que proteger el medio ambiente de Veracruz.

Pero en los últimos dos años – como en los años enteriores – las autoridades ambientales han sido entes que esperan a ver qué pasa, esperando que no pase mucho. Eso no es lo que nos prometieron. Hemos visto una burocracia pasiva, una autoridad remisa que no actúa a menos que sea estrictamente necesario.

Pero lo que se necesita en Veracruz, como en México, son autoridades con iniciativa, agresivas a la hora de proteger el bienestar de la gente, de garantizar que la letra y el espíritu de las leyes se aplican y se respetan. No hay de eso. En Veracruz habrá un nuevo gobierno y los veracruzanos tendrán nuevas esperanzas. Pero si la autoridad que viene es tan pasiva como la que se va no servirá de nada. El cambio climático no es asunto de burocracias...