Hacen falta alianzas que resulten útiles e ilusionen a la ciudadanía progresista.

A ver si las izquierdas de las Españas, que son unas cuantas, van a pasarse lo que falta hasta las elecciones de mayo perorando sobre lo terrible que es Vox para la democracia y el sistema de libertades; sobre las obscenas mentiras y la peligrosa derechización del PP; o sobre el cinismo y las contradicciones mal disimuladas de Ciudadanos. De momento, llevamos ya un mes largo en el que este ha sido el discurso dominante.

Desde luego, no es ese el camino si es que quieren evitar un tsunami reaccionario que arrase con derechos y libertades que creemos consolidados.

Semanas atrás, después de las elecciones andaluzas, ya insistimos en la necesidad de que las izquierdas hispanas no cayeran en el error de algunas de sus homólogas de otras latitudes: creer que agitar la amenaza del neofascismo iba a ser suficiente para resistir la tremenda embestida que las derechas ultras están practicando en América y en Europa toda. En aquella columna concluíamos que aun siendo necesario, no será suficiente con hacer llamadas al antifascismo si éstas no van acompañadas de propuestas concretas ante los problemas reales y específicos de los ciudadanos que se ubican en la región de la izquierda partidaria.

Han pasado algunas semanas y la agenda sigue siendo marcada por lo que se ha dado en llamar el Tripartito del Sur o el Pacto de Perdedores de las Derechas. Las negociaciones para constituir el Gobierno andaluz han sido una demostración de control de la agenda mediática y de los tiempos por parte de Vox, en las que el PP ha bailado a los acordes de los de Abascal, mientras que Ciudadanos ha hecho de la doblez una especie de arte bastardo que consiste en negar con vehemencia lo que todos están viendo.

Mientras tanto, desde la otra orilla, la izquierda, se ha seguido hablando y hablando sobre cómo habría que establecer un cordón sanitario frente a Vox o sobre lo que hacen y dicen las derechas democráticas alemana o francesa respecto a su ultraderecha. Además, se han amplificado las muy escasas muestras de disidencia interna tanto en entre los de Casado como entre los de Rivera, se han seguido formulando preguntas retóricas sobre la tan deseada como escasa reacción de las mujeres del PP, y se han seguido cruzando apuestas sobre si Manuel Valls romperá definitivamente con Ciudadanos o aceptará pulpo como animal de compañía.

Lo llamativo de la situación es que desde el Estado Mayor de cada una de las izquierdas partidarias ni se encuentra un antídoto eficaz al discurso agresivo y prepotente de las derechas, ni se acepta la idea de que cuanto más atención se presta a Vox más se está excitando a sus votantes; al tiempo que las más que fundadas y razonadas críticas hacia el PP y hacia Ciudadanos no solo no desaniman a la mayoría de sus electores, sino que los refuerzan en la idea de colaborar en ese pacto de la gente de orden que ponga fin a las maldades del rojerío separatista.

A estas alturas parece obvio que la amplia mayoría de ciudadanos que otorgan su favor electoral a las derechas está gozosa tras el vuelco andaluz y apoyan que el PP, Ciudadanos y Vox extiendan esa colaboración partidaria a toda España.

Este es el escenario en el que hay que actuar, así que parece necesario reflexionar sobre qué respuestas pueden proponerse desde las izquierdas ante este desafío. Convendría tomar en consideración ideas, apuntes, propuestas que están produciéndose en otras latitudes, pero que son resultantes de la preocupación ante el avance de la extrema derecha en ellas.

Alfredo Riquelme, jefe del Departamento de Historia de la Universidad Católica de Chile respondía, en una entrevista sin desperdicio, a propósito del fenómeno Bolsonaro y sus posibles repercusiones en el país andino, así como sobre el proceso de fascistización que puede estar produciéndose actualmente en países europeos que están en la mente de todos. De la entrevista cabe destacar aquí un pequeño fragmento que puede ser de mucho interés en nuestra realidad, ahora que las derechas hispanas nos amenazan a diario con hacer girar en sentido contrario las agujas del reloj de la historia. ¿Qué deben hacer las izquierdas en ese contexto? La respuesta de Riquelme es perfectamente aplicable a nuestra coyuntura: "La responsabilidad de las izquierdas es aprender esas lecciones trágicas de la historia del siglo XX: los procesos de fascistización sólo pudieron ser revertidos con amplias alianzas y consensos en torno a las libertades y los derechos humanos, acompañados de proyectos de progreso democrático y social. En ninguna parte fueron revertidos agudizando las contradicciones ni con políticas de indignación o rabia. Al contrario, se requiere de una sabiduría política que comienza por no caer en las provocaciones ni responderlas de la manera tosca y previsible con la que los guionistas de la fascistizacion cuentan: aquella que exacerba los antagonismos".

Pue sí, eso es. En verdad es algo más fácil de decir que de hacer, pero ese y no otro debe ser el camino de las izquierdas realmente existentes en las Españas.

Hay que salirse de la estela de la retórica de las derechas y de sus provocaciones; hay que elaborar y desarrollar un discurso que no sea reactivo sino proactivo. El objetivo no puede pasar por incrementar la polarización partidaria con ellas, que es lo que buscan; ni por intentar disuadir a su electorado de lo perjudiciales que son esas propuestas políticas para una democracia de calidad, que eso al que quiere verlo no le hace falta que se lo explique nadie. El objetivo, por el contrario, ha de ser poner el foco sobre la libertad y la solidaridad, pero teniendo bien presentes los problemas concretos de los ciudadanos, y construir potentes alianzas en torno a ellos; alianzas y consensos que ilusionen a una ciudadanía de matriz progresista que sufre temerosa ante la creciente y compulsiva agresividad de los Trump, los Bolsonaro, los Salvini, los Casado y las políticas reaccionarias con las que afirman que van a resolver rápidamente los complejos problemas de nuestras sociedades con mano dura y represiva.

Sería bueno ocuparse menos en intentar hacer luz a los disciplinados votantes de las derechas, y ocuparse mucho más por los alarmados votantes de las izquierdas. Es vital, literalmente, que estos acudan a las urnas a depositar sus votos por la convivencia en libertad.