El independentismo le da una patada a España en el culo de los ciudadanos y, además, se dispara un t

La decisión de PDCat y Esquerra Republicana de Cataluña de tumbar los presupuestos de Pedro Sánchez es un paso más en la incomprensible huida hacia adelante en la que el soberanismo catalán se instaló definitivamente desde septiembre de 2017. Parece ya evidente que los partidarios de embarrar el terreno de juego son realmente los que tienen la sartén por el mango en Bruselas y en la Plaça de Sant Jaume.

Si la cómoda posición en la que está Carles Puigdemont, comparada con la de Oriol Junqueras, permite encontrarle alguna explicación política a la voluntad declarada de incrementar la tensión con el Estado por parte de Quim Torra, que ERC esté en la misma lógica resulta completamente incomprensible.

Oriol Junqueras parece un hombre sencillo que, desde sus convicciones religiosas, ha optado por el sacrificio personal por el bien de la causa catalana. A pesar de su bonhomía no se volvió para saludar a un Quim Torra que fue al juicio de Madrid a saludar y poco más; además, es difícil no imaginar que el republicano se la debe tener jurada a los ex convergentes. Huir con nocturnidad como hizo el Molt Honorable President, después de proclamar y congelar la DUI es algo que debe ser imposible de olvidar. Todavía más porque, como explica Lola García en su libro El naufragio. La deconstrucción del sueño independentista, después de ver el domingo la victoria del Girona sobre el Real Madrid por televisión, la consigna de Puigdemont era que el lunes todos los cargos del gobierno debían estar en sus despachos para combatir la sustitución decretada por 155.

Pero no sólo Junqueras tendrá dificultades para el olvido. El resto de los políticos de filiación convergente que están sufriendo en la cárcel lo que no está escrito tal vez harán muecas amistosas hacia Torra, pero la procesión debe ir por dentro, a pesar de ser correligionarios. Ellos también se creyeron la mentira de Puigdemont y algunos -lo cuenta Lola García-, se enteraron mientras tomaban juntos un café matutino por boca de Josep Rius, jefe de gabinete del Molt Honorable, que éste no acudiría al despacho. ¡Que estaba en Bélgica!

Dicho esto, ¿cómo es que ERC sigue transitando por un camino que saben que conduce al barranco, más hondo del que ya conocen, y nos arrastra a todos los que estamos por una solución negociada y pactada a la crisis catalana? Después de la votación en el Congreso de Madrid no se comprende como es que los republicanos se han plegado a derribar un gobierno que ha hecho exactamente lo contrario de lo que había hecho Rajoy, que es lo que lo que es y será necesario: razonar, hablar, negociar y pactar. Pedro Sánchez y Carmen Calvo no lo han hecho como debían, de acuerdo; quizás podían haber sido más innovadores y atrevidos, pero sería terrible que dentro de sólo unos meses tuviéramos a Pablo Casado en La Moncloa, a Rivera de ministro de administración territorial y a Abascal de ministro del interior.

De hecho, las primeras reacciones desde ERC y PDCat son más que sorprendentes, casi esperpénticas. Incluso un hombre serio como Joan Tardà (ERC), por ejemplo, ha tachado de "irresponsabilidad" la decisión del Presidente y ha lamentado que Sánchez juegue "a la ruleta rusa" con las elecciones, en referencia a una posible victoria del PP, Ciudadanos y Vox. No, no es fácil entender a los republicanos.

Aprobar los presupuestos el día que comenzaba el juicio contra los independentistas presos no era fácil, pero tampoco era imposible. Aun mirando exclusivamente desde el mayor particularismo político, con la aprobación de las cuentas de Pedro Sánchez la Generalitat catalana habría recibido una buena partida de recursos que, sin duda, habrían mejorado la situación del país y, particularmente, la de los segmentos más frágiles y vulnerables de sus ciudadanos. Es decir, qué con su negativa a avalar los presupuestos, los republicanos catalanes han perjudicado a los más débiles tanto de España como de Cataluña. ¿Cuál ha sido el beneficio de hacer esto? ¿Quién ha salido ganando con esa actuación? ¿Es ésta una actuación propia de un partido de la izquierda?

Además, dadas las previsiones electorales, la posibilidad de que las elecciones que Pedro Sánchez ha convocado para el próximo 28 de abril permitan un gobierno a la andaluza -es decir un ejecutivo condicionado por la extrema derecha franquista-, abre la puerta a un gobierno en Madrid que haría todo lo posible para aplicar el artículo 155 en Cataluña. Se acabaría así, de nuevo y sine die, con el autogobierno y con las instituciones catalanas y se elevaría, aún más, la tensión interna que ya polariza la sociedad catalana y, a su vez, la sociedad española.

¿Dónde está el beneficio? ¿Cuál es la ganancia política obtenida con esta vuelta de tuerca en el enfrentamiento entre los soberanistas y el Estado?

Si todo el mundo, excepto los hooligans más radicales, reconoce en privado que la deriva en la que se entró desde septiembre de 2017 fue un error inmenso; si todo el mundo acepta que las cosas se hicieron demasiado mal, con demasiada improvisación y creyéndose sus propias mentiras; si son muchos los que creen que no se actuó desde una evaluación cuidadosa de la correlación de fuerzas existentes en Cataluña y en España; si ahora hay doce dirigentes políticos que están en riesgo de pasarse muchos años en prisión; si todo esto es así, en resumidas cuentas, ¿dónde van Junqueras y compañía con la votación que ha tumbado los presupuestos de la mano del PP y Ciudadanos?

Cuesta trabajo creer tanta desconexión con la realidad. Pero la declaración del líder republicano en el juicio, a preguntas de su defensa y después de negarse a responder al fiscal, deja más sombras que luces que confirman esa falta de contacto con el mundo político real.

Tras afirmar que ama España y a los españoles, que rechaza todo tipo de violencia y que durante los hechos de septiembre y posteriores asumió que podía ir a prisión, el líder republicano volvió a insistir en dos argumentos que no son sino una jaculatoria del independentismo, como aquella de que

simplemente obedecían el mandamiento ineludible "del pueblo de Cataluña". Junqueras reiteró que él está en prisión por sus ideas y no por sus acciones, y que no había cometido ningún delito, porque votar no puede ser delito.

Junqueras es, debiera ser, perfectamente consciente de que está en el banquillo justamente por lo que hizo, porque toda la vida ha tenido las mismas ideas y nadie la había metido en la cárcel. Además, sabe que, efectivamente, votar no es un delito, pero si puede serlo la convocatoria y la preparación de una consulta electoral hecha al margen del ordenamiento jurídico vigente. Que lo de la sedición y la rebelión sea una barbaridad insostenible no puede significar que se actuó correcta y legalmente en poner en solfa la legalidad autonómica y estatal.

Algún día los diversos actores políticos implicados en el drama que vivimos con la situación catalana deberán sentarse a razonar y a pactar. Algún día. Pero no es una buena señal mantenerse, como hacen los independentistas, en posiciones enrocadas como éstas; tampoco lo es sostener, como hacen los constitucionalistas fervorosos, que la situación podrá tener una salida exclusivamente judicial y punitiva. Si a esto añadimos que la extrema derecha es la gran beneficiada de la mala gestión por los dos lados de la crisis de Estado que padecemos, quizás coincidiremos en que, al tumbar los presupuestos de Pedro Sánchez y obligarle a convocar elecciones en abril, el soberanismo catalán le ha pegado una patada a España en el culo de los ciudadanos y, además, se ha disparado un tiro en el pie. ¿Por qué y para qué?