Iglesias Cristianas y Nueva Laicidad en México

A últimas fechas ha sido severamente cuestionada la perspectiva moral que el Presidente de la República ha tomado para implementar una ética social de la regeneración mexicana. El cambio respecto de los valores humanos que se piensan para una nueva república y sociedad incluye una forma distinta de laicidad. La importancia que tienen los cristianismos diferentes al católico, se consideró como aliada de la transformación comunitaria mediante la posibilidad de acceso a medios de información masiva. Nuevos cristianismos se hacen presenten en el país y es necesario tomarlos en cuenta para el cambio social.

El señalamiento crítico ha venido a decir que la proximidad entre el Jefe del Ejecutivo y los cristianismos no católicos implica una violación al Estado Laico; aunque, quizá, la verdadera molestia ha sido de la Alta Jerarquía Católica, y sus Halcones, tan acostumbrados a la capellanocracia e incrédulos por el agotamiento de una relación –o mejor dicho, sometimiento– entre México y la Santa Sede, entre el gobierno y los obispos del catolicismo integral intransigente.

¿Por qué hay pánico en la oligarquía católica respecto del cristianismo protestante? Desde la época del Modus Vivendi, la Santa Sede había conseguido subyugar al Estado Mexicano y, gracias a Estados Unidos, la Familia Revolucionaria y los grupos dirigentes del catolicismo, compartieron espacios de poder económico, político y social. En la Guerra Fría este embate contra México se profundizó hasta la ignominia, como en Latinoamérica, y en el Neoliberalismo llegó al extremo, consolidando élites conservadoras modernas representadas en el PRIAN. El modelo era Chile, pero nos convertimos en Croacia.

Durante los años de la transición política, la reforma al Art. 130 Constitucional transformó a México en un Estado Clerical. Confesionalismo y Neoliberalismo profundizaron la debacle y descomposición social del país. La Monarquía Divina de México se dedicó a saquear y violentar, sin límites, a la sociedad. Allí están los nombres de los obispos, familias decentes y grupos económicos para comprobar quiénes fueron los beneficiarios de la destrucción mexicana. Este periodo también marca la correspondiente degeneración de los valores sociales en México. La violencia, el abuso, la delincuencia y el asesinato, se extendieron a lo largo y ancho de la nación. El país se volvió una república del crimen, un narcoestado. La época neoliberal generó una gangrena social que se volvió metástasis.

La sociedad se quedó huérfana y abandonada, sin gobierno y guía moral. Los movimientos sociales en forma autónoma e independiente generaron el punto de partida donde la posibilidad histórica de 2006 encontró una inspiración para 2018. En esos movimientos emancipados se encuentran las Iglesias nuevas, los cristianismos no católicos y autodidactas que se organizaron y protegieron en solitario. Algunos de ellos, inclusive, trataron de acercarse a Felipe Calderón; empero, fueron rechazados: el catolicismo integral intransigente manda, no comparte. Muchos sujetos que se extraviaron frente al abandono que ha sufrido la religiosidad católica sincrética y popular, han encontrado en estos nuevos cristianismos una forma de existencia y colectividad. La jerarquía de la Iglesia Católica se acostumbró al poder y se ausentó de las clases populares y el sur del país. Por ello, estas nuevas metanarrativas populares se vincularon con los movimientos sociales y lograron impulsar las redes ciudadanas de Morena.

La vena de autonomía, autogestión e independencia es el camino por donde debe interpretarse esta relación entre los grupos cristianos y AMLO cuando se discute la laicidad. Existen enormes diferencias, particularmente con los grupos del catolicismo integral intransigente, puesto que los nuevos cristianismos no están sometidos a ningún imperio que busca aprovecharse de México, son autónomos, originales y autóctonos. Es necesario reconocer que los conflictos entre el Estado y la Iglesia Católica en la trayectoria histórica del país, han sido a causa del imperialismo vaticano, nunca permitirán la existencia de una Iglesia Cristiana Mexicana. Calles, Juárez y Cárdenas eran creyentes que cumplieron con su deber histórico de salvaguardar la patria de los intereses extranjeros.

Resulta extraño el asombro de los estudiosos y activistas del fenómeno religioso frente al empoderamiento de los grupos protestantes. Quienes presumían de conocer el tema seguramente sabrán de la obra del Dr. Elio Masferrer Kan y la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Hace décadas que el catolicismo está en franco retroceso por el apego al poder político y económico; incluso Mario Bergoglio lo ha tenido que reconocer. La falta de honestidad, probidad y labor social, generó que los grupos sociales abandonados constituyeran nuevas formas de espiritualidad, ellos votaron por AMLO en 2018, ahí están los católicos sociales, evangélicos, pentecostales, mesiánicos, adventistas, mormones, teología de la liberación, indiana, feminista, e incluso ecológica.

Las recomendaciones para la regeneración del catolicismo han sido establecidas por Bergoglio, no pasan por la violencia, el autoritarismo y, mucho menos, por la derecha. La Iglesia Católica necesita una profunda rehabilitación y poner orden demasiado adentro, la Jerarquía ha sido conculcada por el Papa a volverse honesta y humilde, les ha señalado que es importante abandonar las actitudes cobardes contra los que no son católicos. Hay varias formas de coexistencia entre los cristianismos diferentes y se puede conseguir una nueva: el ecumenismo. Aquellos intelectuales y grupos que ahora pretenden iniciar una Santa Inquisición contra los no católicos, son evidencia del grave autoritarismo al que nos acostumbró la Curia Romana.

El Estado laico no es más anticlerical sino tolerante y no más enemigo de las cosmovisiones. Las formas de la religiosidad no se corresponden solo con la Iglesia Católica. La laicidad debe replantearse en México; sobre todo, a la luz de los cambios sociales. Puede empezar otro país y el cambio religioso será uno de los más importantes.

¿Ha servido el incremento de las opciones religiosas en América Latina? En primera instancia puede recuperarse el axioma de Max Weber expuesto en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, las naciones que pasan del cristianismo católico al protestante son más desarrolladas, trabajadoras, liberales y democráticas. Es una meta a largo plazo que esta transformación se produzca, lo importante es que ha empezado y aquellos defectos de la mexicanidad podrían cambiar. Si hay temor porque los grupos protestantes son manejados por Norteamérica, ¿qué decir de los católicos? Es probable que el protestantismo fomente que Estados Unidos tenga una mejor relación con nosotros. Que se abran a los protestantes las mismas condiciones educativas, sociales, mediáticas, políticas y económicas que han tenido los grupos católicos.

Toda competencia es positiva, elimina los monopolios y obliga a la mejora de los actores involucrados. Los cambios en las formas religiosas del país tienen que ser apoyados.