Hace siete años

May 16, 2019

Diario de un reportero

 

Hace siete años, del día que murió Carlos Fuentes, los profesores del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se reunieron en la calle Carlos Salinas de Gortari de Misantla y recibieron con júbilo a Enrique Peña Nieto, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional. Yo estuve ahí.

 

Miles, quién sabe cuántos, aplaudieron casi todo lo que dijo Peña Nieto. Siete meses después, Peña Nieto envió al Congreso una propuesta de Reforma Educativa – que más bien cambiaba las relaciones de trabajo entre el gobierno y los sindicatos sin preocuparse mucho de la educación – y se acabó el amor.

 

En teoría, la reforma de Peña Nieto respondía "a una exigencia social" para fortalecer la educación pública, laica y gratuita, pero también aseguraba "una mayor equidad" (uno se pregunta si puede haber mayor o menor equidad) en el acceso a una educación de calidad.

 

En palabras de Peña Nieto: una de las adversidades a las que se ha enfrentado el país para asegurar una educación de calidad son "las prácticas indebidas y frecuentemente lesivas a la dignidad magisterial". Muchos se sintieron aludidos y muchos vieron alusiones directas.

 

Lo que se planteaba era una evaluación nacional para entrar, ascender y permanecer en el sistema educativo nacional. Es decir, cada uno tendría que demostrar para qué sirve, lo que afectaba – entre otras cosas – las ventas y las herencias de plazas. Los sindicatos no aceptaron la evaluación, normal en muchas otras actividades de muchos otros países.

 

El asunto se discutía cuando Elba Esther Gordillo, líder al parecer perpetua del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, fue detenida y acusada de crimen organizado, lavado de dinero, operaciones con recursos de procedencia ilícita, defraudación fiscal, y lo que fuera apareciendo, en lo que muchos interpretaron como un intento de intimidar al SNTE. Si esa era la idea, no funcionó muy bien.

 

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación suspendió clases. Hubo enfrentamientos, bloqueos (a los accesos del aeropuerto Benito Juárez), marchas, plantones (casi cinco meses en el Zócalo) e incendios. Cesaron a unos quinientos profesores que no se presentaron a trabajar.

 

Después todo siguió igual. La reforma pasó, las protestas se redujeron, y casi todo volvió a ser como antes. Hace un par de días se derogó la reforma de Peña Nieto y entró en vigor el proyecto educativo de la Cuarta Transformación, que "no ofende" a los maestros con evaluaciones ni cosas parecidas.

 

Habrá quien diga que sigue siendo un desmadre, aunque la ley haya cambiado. Habrá quien asegure que es el mismo infierno con diferente diablo. Habrá quien explique que es el mismo diablo en otro infierno. Tal vez todos tengan razón. Tal vez nadie la tenga...

 

Por lo pronto, la educación mexicana seguirá más o menos donde estaba, en un nivel muy bajo si se compara con otros países (http://gpseducation.oecd.org/Content/EAGCountryNotes/MEX_Spanish.pdf). Y eso es para preocuparse, sin ofender a nadie.

 

 

Al poder se le revisa

Las palabras de quienes tienen cargos de autoridad deben tomarse en serio y no deben pronunciarse con descuido. Funcionarios y funcionarias, políticos y políticas, señoras y señores, queriditos y queriditas, tienen que pensar en privado antes de decir lo que sea en público, porque sólo quien tiene claro lo que piensa puede decirlo claramente.

 

Parece que no fue el caso del secretario de Gobierno, Eric Cisneros, quien esta semana regañó a los medios y advirtió – al parecer molesto por las críticas a la administración estatal – que Veracruz sabrá "quién está del lado de los veracruzanos, y quién quiere ser cómplice de un pequeño grupo de personas que ni siquiera son veracruzanas (...), quiénes realmente actúan por un interés propio y quiénes actúan por un interés de beneficios para todos los veracruzanos".

 

Pues no, señor secretario. Este es el momento menos oportuno para hablar de ellos y nosotros, porque así comienzan la división y el odio (o el desprecio a las instituciones, por ejemplo). En Veracruz no hay ellos y nosotros. Todos somos veracruzanos aunque no todos pensemos como usted.

 

Nunca pensé que citaría a Brozo, pero lo hago porque nadie ha expresado hasta ahora con tanta claridad la esencia del problema que parece agobiar a Morena y a los morenistas molestos por lo que dicen quienes no piensan como ellos: al poder se le revisa, no se le aplaude. Nunca, ni antes ni ahora.

 

¿Y los intoxicados?

Ya pasaron quince días, más, desde que mil trescientas cincuenta y ocho personas (aunque hay medios que hablan de tres mil sin ofrecer fuentes) se intoxicaron con quién sabe qué en varios municipios de la zona montañosa del centro de Veracruz.

 

Los funcionarios estatales se apresuraron a responsabilizar a la organización World Vision y anunciaron que presentarían denuncias ante la Fiscalía General de Veracruz, y etcétera. La dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios se llevó varias muestras de los alimentos que habían comido los afectados y ofreció que daría a conocer los resultados en tres o cuatro días. Ya van quince.

 

Como decíamos, las palabras de quienes tienen cargos de autoridad deben tomarse en serio y no deben pronunciarse con descuido. Vaya.

Please reload