Enpoderadas

August 19, 2019

Una mujer agredida, violada, asesinada es demasiado. Rechazamos el criterio que busca minimizar el problema dando cifras “satisfactorias”, es aberrante pensar que es mejor un espacio dónde se agrede a menos mujeres.

La agresión a la mujer es el resultado de una cultura machista, cuyos tintes religiosos han justificado acciones violentas a los ojos de los agresores. En el terreno de lo sexual esta violencia cultural lleva a algunos a marcar su poder sometiendo violentamente a la mujer. En mentes enfermizas se culpa a las víctimas por la forma como se visten o por circular libremente por el mundo.

Los gobiernos han fallado para actuar en los contextos de su competencia. Deben garantizar el libre tránsito y actividades de las mujeres; deben introducir el respeto a la mujer en la educación para revertir los patrones culturales que someten a la mujer; deben generar justicia y equidad en los espacios de trabajo y desarrollo profesional.

La lucha por modificar esta cultura es compleja porque se da en el contexto de una cultura que discrimina. Así, dentro del mismo terreno encontramos voces intolerantes por parte de mujeres que ven el momento como una lucha en contra de los hombres, tal vez para convertir el proceso en un machismo femenino (¿fechismo?).

Escuchamos con preocupación que se hable de marchas que deben ser espacios libres de hombres, o el uso de la discriminación como justificación para agredir a hombres o posturas anti masculinas que reproducen el sistema que agrede a la mujer.

Hay mucho camino por recorrer para eliminar a la violencia de nuestra cultura, empecemos por reconocernos como iguales.

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