Veinte años no es nada El reto del periodismo

En 1999, año de aparición del semanario El Reto en Ciudad Juárez, la palabra más famosa del lenguaje político era cambio. Luego de 75 años de dominio de la élite revolucionaria --de Obregón en 1920 al último año de Zedillo-- aparecía el candidato ranchero Vicente Fox Quezada con su propuesta de cambio. Veinte años después de ese 1999 las cosas --dice la desgastada referencia a Lampedusa y El Gatopardo porque en la noche todos los gatos son pardos-- han cambiado para seguir igual, en el entendido de que experiencias evolucionistas frustradas revelan que seguir igual es haber empeorado por haber malgastado el tiempo en cosas frustradas.

De 1968 a 1999 el periodismo se subió a una montaña rusa: apoyar por institucionalización autoritaria al sistema/régimen/Estado priísta, comenzar a minar de manera lenta el Muro de Berlín del PRI y el presidencialismo como la estatua de Lenin, encarar con angustias la sobrevivencia con complicados planes de negocios, seguir dependiendo de los grandes consorcios periodísticos como parte de estructuras empresariales de empresarios ricos, subsistir sin subsidios públicos de publicidad y papel y sin el apoyo de la sociedad, desgastarse en conquistar a una sociedad apática y rebelde contra los medios que la engañaron durante años, encarar a organizaciones criminales que buscaron en los medios la complicidad o el silencio y subirse al ring de lucha superlibre con redes sociales que le quitaron lectores a la prensa.

Que no se hagan los priístas y nos opositores: el hecho real es que sin una prensa crítica contra el sistema, el PRI y el presidencialismo no hubiera sido posible la alternancia partidista en la presidencia de la república. La prensa crítica y analítica mostró a la sociedad que el rey PRI estaba desnudo. Lo supo Echeverría cuando se convirtió en el primer crítico del sistema y fue atropellado por su propia crítica y rebasado por Excelsior en 1976. Lo entendió muy bien el hegeliano López Portillo cuando calificó a la crítica como el Búho de Minerva que emprendía el vuelo al amanecer después de una larga noche de oscuridad. Nunca lo entendieron De la Madrid y Salinas. Y a Zedillo simplemente castigó a la prensa con el peor látigo del desprecio: el desdén, publiquen lo que les venga en gana, no me importa.

La mejor parte posterior al 68 estudiantil, mientras el sistema se autorreformaba de manera autopoiética para sobrevivir a pesar de los políticos del sistema PRI-oposición, fue la conquista de la crítica como función (Octavio Paz en Posdata), no sólo como derecho. Sin esa prensa crítica desportillando las bases totémicas del sistema/régimen/Estado priísta y con la ayuda de una crisis económica que disminuyó la política social electoralista, Fox pudo ganar las elecciones en el 2000. Y del 2000 al 2018 la prensa no supo descifrar los códigos de la realidad política entreverada con la realidad tecnológica y el internet le ganaron la partida.

Bueno, ganaron por ahora. La dinámica de los mensajes cibernéticos no conforma un modelo de información; las redes de comunicación vía internet no implican la concientización de la realidad, sino en su mayor parte sólo refieren la socialización de los pánicos individuales. Un tuitazo vale más que una conclusión razonada, la tendencia en redes --número de vistas-- sustituye a los lectores, los followers suplantan a la ciudadanía. El dilema de los medios es pasar de versiones impresas a digitales con el mismo formato y formas de lectura en dispositivos electrónicos o de plano abandonar el modelo de diario y quedarse sólo en textos de lectura dispersos en secciones de páginas web.

En lo político, pasamos del pasmo priísta al desafío de la alternancia panista y regresamos, no sin decepción, aunque sin rubor, a la alternancia al revés: del PAN al PRI. Ahí, ese 2012, la sociedad mexicana definió su destino. Decepcionada con el gobierno de Peña Nieto --que era, por Dios, previsible--, en el 2018 quiso retrotraer el reloj al 2012 y votó por el López Obrador del 2012 con la esperanza de que fuera un regreso al PRI bueno, al PRI social, al PRI preocupado por la estabilidad. Y en esas estamos, sin que haya medios confiables que reflejen el lado real de la realidad, porque PRI, oposición y redes nos quieren confundir con una realidad de parodia, cuando, como Alicia, queremos ver la realidad detrás del espejo de los medios.

Veinte años no es nada, dice el tango. Pero lo que importa no es lo que pasó sino los tiempos que vienen. Y ahí, en ese futuro nebuloso de hombres en la oscuridad (Hannah Arendt), vemos a medios que no ven y los que ven carecen de capacidad para ser vistos. Con todo, vienen tiempos difíciles, inciertos, sin expectativas porque las esperanzas de las mayorías ya se agotaron. Y ante esos tiempos que suelen procrear nuevas dictaduras, ahí los medios tienen la función sencilla de siempre: decirles a los lectores que la realidad es la real, no la que aparenta serlo.

Ahí está el reto del periodismo retro de El Reto.