Y en eso estamos...

February 21, 2020

Diario de un reportero

 

El azar de Madrid nos llevó un mediodía a la misma sala del museo Thyssen Bornemisza. "Ese señor es Adalberto Tejeda Martínez", le dije a Liz, quien ya está acostumbrada a que confunda gente en cualquier parte del mundo. Nos acercamos a la banca donde estaban sentados él y su hija. "Maestro", le dije. El señor que se acababa de sentar me miró sorprendido. Era mi amigo.

 

Hablamos de lo que fuimos, de lo que hemos sido, de lo que somos, y tal vez de lo que queremos ser, y de ahí surgió una invitación para ir a la Universidad Veracruzana – mi alma mater dolorosa – y hablar sobre el costo del cambio climático en México. No era un asunto científico sino un reportaje hablado sobre cuánto le cuesta al país lo que está pasando y cuánto le costará lo que va a pasar.

La conferencia fue parte de la presentación de las estrategias de la Universidad Veracruzana para hacer frente al cambio climático y al calentamiento global, un documento que propone opciones para hacer la vida más fácil cuando todo sea más difícil.

 

El punto de mi reportaje hablado es lo que han advertido ya en tonos mayores y menores científicos y organizaciones de toda especie: nos acercamos a un punto en que ya no va a alcanzar el dinero y el tiempo se va a acabar.

 

 

Quién sabe cuánto, quién sabe cuántos

Durante muchos años nadie hizo nada, nadie oyó las advertencias, nadie detuvo ni redujo la producción de petróleo, no se impidió la contaminación de las aguas, no se redujo el desperdicio, nadie tomó medidas, nadie se preocupó por el aire nuestro de cada día. Ahora estamos a punto de que la cosa ya no tenga remedio.

 

El clima ha comenzado a cambiar otra vez para siempre. Y eso cuesta. Para no ir muy lejos, el gobierno de Veracruz admitió esta semana que los productores veracruzanos de maíz, naranja, café, arroz y chayote, por ejemplo, perdieron más de treinta y dos mil millones de pesos por la sequía el año pasado, que fue extraordinaria y va a ser peor este año, según el director de Conagua en la Cuenca Golfo Centro, Juan Manuel Méndez Contreras.

 

Pero las lluvias también afectan a la industria. Dieciocho ingenios veracruzanos produjeron ciento ochenta mil toneladas de azúcar menos que la zafra anterior, y hay un faltante de millón y medio de toneladas de caña, según Ángel Gómez Tapia, dirigente estatal de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales.

 

Eso fue en Veracruz. Quién sabe cuánto más perdieron otros en otras partes, por las lluvias o por la sequía o por cosas que antes no pasaban. Y quién sabe cuántos resultaron afectados por esas pérdidas, y todavía se sabe menos cuánto se perderá este año y los que vienen.

 

Eso, más lo que se necesite para atender a quienes se enfermen de alguno de los males que antes se veían en otras partes o que ya no se veían (o de plagas que aparecen y no se van por más que les echen humo), y ofrecerles abrigo,

darles comida y cama, y medicina si se necesita, y llevarles agua y luz y gas y otras cosas que necesita quien lo ha perdido todo.

 

Eso cuesta. Y el gobierno de México – los de antes y el de ahora – gasta más en remediar los daños que en prevenirlos. No es difícil saber qué pasará en Veracruz como en Chihuahua como en el resto del país. Otra vez, nadie hará nada porque la responsabilidad de hacer algo siempre será de otro.

 

Tienen que entender el cambio climático

Pero quienes toman decisiones tienen que entender el cambio climático para proponer y hacer transformaciones profundas. Si no actúan ya, verán cómo se reduce la producción agrícola en los próximos veinte años (hasta cincuenta por ciento para fin de siglo), y muchas otras cosas desaparecen bajo el agua porque subió el nivel del mar.

 

En Veracruz, los asentamientos urbanos – donde vive sesenta por ciento de la población del estado – se concentran en ocho corredores urbanos (cinco de ellos en zonas costeras) donde predominan las actividades turísticas y comerciales, los servicios financieros y educativos y de salud, y de gobierno.

 

Los reportes de la Universidad Veracruzana (se han publicado cuando menos dos importantes, uno de ellos el año pasado) son claros. La industria pesada veracruzana está muy cerca de la costa: se genera energía eléctrica en Tuxpan y en Laguna Verde, se extrae y se procesa petróleo en Coatzacoalcos y en Cosoleacaque, la metalmecánica se produce en el puerto de Veracruz, y las plataformas marinas en Pánuco y en Pueblo Viejo.

 

Todo eso está en zona de riesgo. Y ahora como antes se planean nuevas plataformas petroleras, se amplían los puertos, se construyen refinerías, en nombre de un progreso que a fin de cuentas no le va a servir a nadie... Y en eso estamos.

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