¿Y después qué?

April 20, 2020

Divagaciones de la Manzana

 

Está bien que nos quedemos en casa, que nos lavemos las manos, que establezcamos una sana distancia con los demás y así otras medidas con las que hemos cumplido y debemos cumplir, pero a la vez percibo que en muchos casos, bien sean familiares o amistades, flotan sospechas y dudas.

Hay quienes afirman que es mayor el número de los contagiados y desgraciadamente por igual los que han fallecido en esta pandemia y que no han sido bien clasificados pues muchos casos de coronavirus se adjudican a neumonías atípicas.

Luego también me sorprende ver en las noticias esas aglomeraciones en mercados y sitios de reunión pública de gente indolente que no cree o no les convencen las medidas y recomendaciones que han surgido de las autoridades en el ámbito de la salud.

Y peor aún, quienes de plano niegan la existencia de este virus y que simplemente se trata de una modalidad de la gripa que cobra sus víctimas como en años anteriores.

También cuestionan a fondo el que nos hayan ido diciendo verdades a medias como el hecho de que pararían las actividades hacia el 15 de abril para que luego se extendiera el plazo hasta el 30 de abril y que ahora resulta puede extenderse hasta la primera quincena de mayo y así sucesivamente, como si se tratara de aquella burda anécdota del burro que tiene frente a si y nunca alcanza la zanahoria.

En todo caso, creo que aunque se han dado datos día día e informes que me han parecido amplios y en general bien sustentados, falta que se nos adicione una visión más integral y amplia respecto a lo que está pasando cotidianamente, sobre todo en el futuro más inmediato, de lo que puede ocurrir en una semana, en una

quincena, un mes o más, así como las acciones que en cada etapa se adoptarían y lo que debemos los ciudadanos apoyar.

Junto a esto, que considero es una omisión así sea parcial, existen a la vez opiniones que se van extendiendo más y más en términos de que no hay estrategias y definiciones claras y precisas para contrarrestar los efectos que ya en nuestros días se están resintiendo gravemente en la economía nacional.

Igualmente, hay desencanto en el sector empresarial a falta de sensibilidad y respuestas del gobierno actual frente a la crisis originada por la pandemia.

Y qué decir del sector informal y de los que ya sufrían y sufren de pobreza extrema que tienen que salir a las calles a diario para poder sobrevivir y subsistir, desatendiendo los comunicados sanitarios del propio gobierno.

Percibo entonces no solo una depresión social cada vez más extensa y honda, sino voces indignadas e irascibles que se multiplican en número, intensidad y desaprobación al gobierno federal, especialmente al presidente López Obrador.

Ojalá se sensibilicen de estos estados de ánimo que pululan en nuestra sociedad, se les tome en cuenta y ofrezcan soluciones, alternativas y respuestas claras, francas y acertadas.

De no ser así, junto a las repercusiones en materia de salud no sólo serían de orden económica, sino sociales y políticas que pueden agravar, si no se encausan adecuadamente, la estabilidad y la prosperidad de la Nación.

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