Sarcasmos

Los libros de historia suelen contar las hazañas de los protagonistas, pero no las cizañas ENTRE los protagonistas.

EXPROPIACIONES Joaquín López: “La causa que orilló a su hijo Gastón Santos a publicar las memorias de su padre, fue que le confiscaron su rancho (arresto de Gastón: https://www.youtube.com/watch?v=2v-aIYY7wSo).

Hubo un entramado político entre las familias López Portillo y Zuno que data de muy antiguo. El rápido ascenso en el poder que culmina en la presidencia de Echeverría, primero, y Jolopo después, se remonta a lazos del virreinato de la Nueva Galicia de la cual Culiacán y Mazatlán formaron parte. Mitos aparte, una investigación reciente determinó que las minas del Tajo en El Rosario fueron descubiertas por un López Portillo y se conservaron en esa familia hasta el siglo XX. Este Real de Minas y un cura y jurisconsulto López Portillo vieron acción durante la Revolución de Independencia. La influencia de Zuno como asesor del poder central quedó registrada en el acta de nacimiento de su hija María Esther, donde figuran como testigos tres generales que también fueron presidentes de México: Obregón, Cárdenas y Ávila Camacho. Echeverría conoció a doña Esther a través de Jolopo. De esa relación proviene su presidencia, pues hay reportes donde José Guadalupe Zuno se dirige al Presidente López Portillo como ‘Pepe’.” En 1976, en los días finales de su mandato, Echeverría expropió en el Noroeste los terrenos muy productivos (tomate rojo) de mi amigo el Chuy Almada, hijo de Alicia, hija a su vez de Plutarco Elías Calles, que como presidente de la República defenestró al obregonista excelente dibujante y caricaturista Zuno como gobernador de Jalisco medio siglo antes, en 1926. El panorama político de México (y quizá de todos los países) está lleno de venganzas inmediatas o demoradas, y las masas ignorantes son las que pagan los platos rotos de esos pleitos personales y familiares.

MEMORIAS DE GONZALO N. SANTOS El Gus: “Es un libro de mil páginas, editado por Grijalbo en 1984. No tiene parangón con ningún otro de los muy escasos libros de memorias, tanto de revolucionarios como de políticos priistas en retiro: es un recuento descarnado de las peripecias de un logrero con una astucia filosa como espada katana japonesa. A mí me pareció muy divertido y lo leí casi de un tirón. Yo creo que a nadie puede aburrir. Entre sus personales apreciaciones, crudamente expuestas -se agradece la ausencia total de la tradicional hipocresía- hay información interesante de los entresijos de lo que da en denominarse ‘la posrevolución’. Cómo fue que Calles eliminó la reelección de congresistas para evitar el surgimiento de un poder alterno al Ejecutivo, cómo el propio Santos se autoexilió como embajador en Europa y cómo ‘limpió’ la casilla donde iba a votar el presidente Cárdenas en los comicios presidenciales de 1940, al frente de un grupo de matones con ametralladoras Thompson, y cómo en el interinato de Portes Gil, la presidencia de México no tenía ni para medio kilo de café, porque la hija del ‘Jefe Máximo’, doña Hortensia Calles de Torreblanca, se embolsaba todo el presupuesto que tenía destinado el presidente de México.”

COMENTARIO Te la vas a pasar bomba con ese gordo recuento de barbaridades. Ese cacique fue un político típico de su tiempo (años 1930 a 1970): astuto, desalmado, hábil, cínico, matón, viejero, dandy, parrandero, apostador, valiente, crudo, entrón, nacionalista, agrarista, acaparador, supersticioso, machista, memorioso, desinhibido, prepotente, amoral, etcétera. Debemos recordar que en esa época y en ese medio, el más chimuelo mascaba riel y había cientos de personajes poderosos y ladinos como don Gonzalo. Nada más sobrevivir ya era una proeza. A veces se mandaban matar-encerrar-exiliar unos a otros, pero lo más usual es que se dieran de balazos de frente, ahorrándose el intermediario. Un día le pregunté a un amigo cercano de cierto político legendario si sería posible escribir la biografía del personaje fascinante. “Te mandaría matar”, fue la respuesta. Desistí de mi idea.