COVID-19, ENFERMEDADES ASOCIADAS, Y ALIMENTACIÓN

OBSERVADOR CIUDADANO

Uno de los factores que han contribuido al alto índice de mortalidad de la población mexicana por Covid-19, sin lugar a duda, lo constituye un grupo de enfermedades asociadas, que son adquiridas a partir de la incorrecta alimentación de buena parte de la población afectada. Entre estas están la obesidad, la diabetes y la hipertensión. En lo hechos, la mayor parte de las personas fallecidas en el país por Covid-19, han sufrido de manera paralela y asociada alguno de estos padecimientos.

Por ello no es de sorprender que, en el Congreso de la Unión, muchos legisladores vean en el incremento impuestos especiales que gravan a las bebidas gaseosas azucaradas y los llamados alimentos chatarra, la vía para reducir el consumo de esos productos.

Está claro que las bebidas gaseosas azucaradas y los alimentos chatarra contribuyen en grado importante a los altos índices de esos padecimientos entre nuestra población, pero seguramente no son la única causa y habría primero demostrar que son la principal, para esperar que un incremento en los impuestos para encarecerlos redujera su consumo, y eventualmente los índices de esos padecimientos.

Visto lo anterior en perspectiva basta con decir que los mexicanos registran la adquisición más alta de artículos de uso masivo en el mundo, especialmente en snacks, botanas y dulces, conforme a lo publicado por un estudio estudio de Brand Footprint (https://www.kantarworldpanel.com/mx/Noticias-/Brand-Footprint-de-Kantar-edicion-2020)

“En las principales ciudades mexicanas, donde el problema de la obesidad es más grave, el mercado de "snacks" sumó un valor de más de 53 mil millones de pesos según datos de Kantar Worldpanel. Si se divide esta cantidad entre la población mexicana, representa un gasto de más de 417 pesos por persona en estos papitas, galletas o pastelillos.”

El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, ha señalado en diferentes foros que México es el lugar donde más bebidas azucaradas se consumen en todo el mundo.

De acuerdo con el funcionario, el impacto en la población es muy alto, ya que, según datos del Instituto Nacional de Salud Pública, cada año más de 40,000 muertes en el país (un 7% del total) son atribuibles al consumo de estas bebidas por aumentar el riesgo de enfermedades crónicas.

Por ello, ese hábito alimenticio de la población mexicana ha despertado aún más preocupación en tiempos de pandemia del coronavirus, ya que la mayoría de los más de 70,000 fallecidos hasta ahora tenían diabetes, hipertensión u obesidad, o varios de esos padecimientos.

De acuerdo con Conacyt, citado en un reportaje del periodista Marcos González Díaz, Corresponsal de BBC News Mundo en México, del mes de abril anterior, “Chiapas es la región del mundo donde más se bebe Coca-Cola, el refresco favorito de los mexicanos (sus productos representan más del 70% del consumo nacional de bebidas azucaradas embotelladas, según la organización El Poder del Consumidor).

“El Conacyt se basa en un estudio que muestra cifras impactantes, como que el consumo medio por persona en este estado del sur de México es cinco veces superior al del resto del país y 32 veces más que el promedio mundial.

"Es el epicentro de la epidemia de consumo de refrescos", le dice a BBC Mundo el doctor Marcos Arana, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición Salvador Zubirán.

Consumo anual de bebidas azucaradas en el mundo, Datos de Conacyt citados por BBC

· 821,25 litros en Chiapas, México

· 150 litros en México (en promedio)

· 100 litros en EE.UU.

· 25 litros en el mundo (en promedio)

A pesar de lo anterior, antes de que el Congreso tome la decisión de incrementar los impuestos especiales a bebidas gaseosas azucaradas y a los denominados alimentos chatarra, habría que considerar si una medida de esa naturaleza modificaría los hábitos alimenticios de la población. Lo más seguro es que de aprobarse el incremento de esos impuestos, su pago sería repercutido a los consumidores por las empresas refresqueras y productoras alimentos chatarra. Y aunque seguramente parte de la población consumidora reduciría su consumo de esos productos, más que por la toma de conciencia del daño que les produce, lo haría por la falta de capacidad para seguirlos adquiriendo. Este hecho a su vez incidiría en el cierre de algunas plantas productoras de ese tipo de alimentos, generando desempleo en estos tiempos de crisis económica, cuestión que a nadie conviene.

No se trata con la reflexión anterior de defender a las refresqueras y productoras de alimentos chatarra, que tan graves daños han generado al país y a los mexicanos en conjunto. En realidad, esas empresas han actuado con absoluta irresponsabilidad y falta de conciencia social, anteponiendo siempre sus intereses económicos al bienestar y la salud de los consumidores. De ninguna manera el eslogan que utilizan en su macabra publicidad: “come frutas y verduras” es suficiente.

Lo correcto es que este problema se aborde en forma integral, meditada y cuidadosa; al fin y al cabo, es un problema de Estado. En este sentido, las autoridades federales, el Congreso de la Unión, y sus contrapartes estatales, debieran formular una sólida propuesta nacional, con objetivos claros y medidas de mediano plazo, mediante la cual se convoque a los fabricantes de esos productos a que reconviertan, en plazos establecidos, su producción hacia bebidas y alimentos sanos. De manera paralela el gobierno debiera iniciar una campaña permanente para reeducar a la población en materia de hábitos alimenticios sanos y económicamente alcanzables.

@enriquebv lebv2014@outlook.com