Los Planetas

October 11, 2020


Lo patético no fué lo que dije sino lo que oí.
Todavía no terminaba la junta cuando Lupita empezó a llorar y Pedro se salió afuera que porque le faltaba el aire.
Como apenas me habían empleado, me quedé sentado como si nada.
Sin embargo como quiera me tocó algo del regaño, por si acaso.
La empresa era una maquila que empleaba a 5 personas. El supervisor decía que era ingeniero pero todos sabían que no era nada.
Ramón era el de más antigüedad y se aprovechaba de entrenar a los nuevos pero no completamente para hacerse el indispensable y que nunca lo corrieran.
En eso que se enferma y toda la producción se paró porque nadie sabía como terminar su trabajo.
Cuando regresó, los dueños casi lo corren por lo que tuvo que enseñarnos a todos como terminar cada quien lo que tenía que hacer.
Sin embargo, ahora que se sentía más vulnerable, nos empezó a regañar como si todos hubiéramos tenido la culpa hasta de lo se enfermo’.
Pedro regresó oliendo a cigarro y Lupita dejó de llorar pero seguía sollozando y como haciendo pucheros.
Yo seguía en silencio y Ramón como que todavía no se deshacía de su culpa.
Y ya para terminar su regaño, empezó a decir cosas sin sentido y quebrándose la voz dice: 
“...es que lo inmenso queda en lo pequeño” y se fue’.
Nadie entendió lo que quiso decir y en el silencio Pedro se regresó a fumar y Lupita, de los pucheros pasó a la risa .
Pasada la tormenta, llegó Martin tarde como siempre al menos desde que me emplearon y preguntando que pasó.
Paulatinamente y en forma progresiva todos fuimos regresando a nuestras actividades rutinarias.
El torno que me asignaron era ruidoso y bromoso. Estaba atornillado en la plataforma en el piso de cemento y pegado a la caja de electricidad que se prendía con una palanca manual gigante. Las poleas arriba de la máquina contribuían al ruido general y quizá por eso no oí el primer disparo. Al menos es lo que dijo la policía.
Momento después sentí algo caliente en mi pierna derecha, como un líquido escurriéndose .
Al verme me di cuenta que era sangre y en eso empezó el dolor.
Me tiré al suelo y en lo que lo hacía vi a Martin corriendo y como que parecía gritándo, la combinación del ensordecedor ruido del torno asociado con los tapones industriales en mis oídos hacia toda la escena como en cámara lenta.
Ya en el suelo e inmóvil el dolor pareció disminuir hasta que me puse un torniquete improvisado usando una estopa que traía en la bolsa de atrás.
Dado la falta de operador, el torno se empezó a calentar y casi al mismo tiempo empezó un corto con chispas y todo, alrededor del cableado conectado con la caja de electricidad.
No sabía que hacer hasta que vi agua saliendo de la bomba que estaba a ún lado de la parte trasera del torno.
Por lo que me aleje’ arrastrándome dejando una estela de sangre.
Logré alejarme momentáneamente del peligro eléctrico lo que al mismo tiempo me dió una mejor perspectiva de lo que estaba sucediendo.
A mi derecha estaba la salida de emergencia y Lupita boca abajo en un charco de sangre y a la izquierda vi a Pedro pegado a la pared al lado de la puerta del baño haciendo señales de que “ahí está adentro “ y luego susurró “.....Ramón”.
A lo que Ramón vuelve a disparar y la bala atravesó la pared y le pega a Pedro en la parte trasera de su cabeza desplomándose inmediatamente.
El corto terminó de cortarse y el fuego no se hizo esperar por lo que seguí arrastrándome ahora hacia unos rollos gigantes de plástico para aislarme de la electricidad que ya venía en el agua que escurría al suelo.
Ya casi llegaba cuando Ramón aún en el baño empezó a cantar y como que hablaba con alguien. No se escuchaba muy bien pero era algo como “...te dije....te dije...y no hiciste caso “. 
Ya estando arriba del primer rollo que logre trepar, se oye una voz más fuerte que no parecía la de Ramón y que también venía del baño.
Era una voz más ronca y tampoco se entendía bien por lo rápido de su hablar.
Lo que me hizo pensar que eran dos tiradores.
Yo sabía que no era Martin porque el estaba arriba de unas pacas de algodón cabizbajo y prácticamente fuera de peligro hasta que le empezó a llegar el fuego.
Cosa que fue buena y mala. Mala porque Martin terminó con un brazo totalmente quemado y bueno porque las llamaradas llegaron hasta el techo disparando la alarma de fuego.
En lo que la ayuda venía el humo empezó a llenar la bodega bloqueando la vista y la respiración.
Ramón, al oír las sirenas abrió la puerta del baño y en lo que quiso salir corriendo se resbaló con la sangre de Pedro cayendo de espaldas y golpeándose la cabeza y perdiendo el conocimiento.
Los bomberos y policías llegaron casi al punto del desplome de la bodega. 
Rompiendo ventanas y una pared externa se previno el ahogamiento de los sobrevivientes.
Para cuando recuperé el conocimiento, Martin iba en camino al hospital en una ambulancia y Ramón seguía tendido en el piso parcialmente quemado y tapado con una manta como diciendo que estaba muerto.
Nunca se encontró al segundo tirador aunque yo sospecho que era el mismo Ramón que hablaba solo como poseído.
Cuando la policía fue a su casa, la encontró prácticamente vacía. Y digo prácticamente porque únicamente encontraron a su perro colgado del cuello en la sala y múltiples armas en un closet en el sótano.
Nadie sabía si tenía familia o no aunque encontraron prendas de mujer en un closet.
Los funerales fueron de lo más opuesto. Al de Lupita fueron todos, hasta los policías. Y al de Ramón no fue nadie.
Al de Pedro no fui porque fue privado y terminó cremado.
Todavía veo a Martin de vez en cuando con su brazo artificial y sus niños.
Los dueños cobraron el seguro y se fueron.
La bodega la derrumbaron y ahora es un lote baldío.
Por mi parte, quedé bien de la cirugía pero todavía despierto en las noches sudando y con la pesadilla de los cuerpos tirados y la doble voz de Ramón.
El motivo fue tan elusivo como misterioso. Lo único que se encontró fue en un espejo en el baño de la bodega ,escrito con plumón : “los planetas”.
Cosa que me hace temblar cada vez que veo las estrellas por la noche.

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