Tluco

Puro cuento

Sentado en la cocina y esperando el café, abrí el periódico y cae un papel al suelo.

Lo levanto intrigado y el papel nada más decía: “Si quiere viaje redondo, marque este número.“

Más abajo en la hoja estaba impreso un pequeño logo que parecía una serpiente enroscada de color rojo con negro.

El número de teléfono era tan nebuloso como el mensaje y por la forma que estaba escrito parecían tres números en uno.

Lo dejé a un lado para tirarlo después y empecé la rutina mañanera de leer el periódico.

En ese entonces vivía solo en un pequeño apartamento donde la cocina no daba para más y la electricidad se cortaba frecuentemente.

Estaba desempleado y todas las mañanas buscaba trabajo en los avisos de ocasión.

Me habían despedido por recortes del presupuesto 2 meses antes y estaba desesperado.

Como siempre no encontré nada para mi y proseguí a terminarme el cigarro con el café ya frio.

Me quedé sentado un rato, pensando a quién hablarle para pedir ayuda económica o una referencia pero mi mente se mantenía en blanco.

Tomé de nuevo el papel hechizo y después de contemplarlo por un rato, marqué las tres combinaciones de números y siempre me contestaba el mismo chino:

“....que quiele?”

“Que raro” pensé.

Dentro del encierro y sin tener nada que hacer decidí marcar una cuarta vez a ver de que se trataba “total no tengo nada perder” pensé con cierto fastidio.

El chino me reconoció la voz y dijo: “tú veníl a lestaulant “ y luego agrega “no dínelo” lo que hizo que la intriga se convirtiera en una curiosidad extrema .

La parte China de la ciudad no estaba tan lejos, llegué caminando y con mi grabadora de periodista en la bolsa como compulsión.

Hacia frío por lo que apremiaba encontrar el restaurante.

Pregunté con cierta desesperación hasta que me dijeron “pol ahí”.

Toque el timbre rojo rodeado de dragones en la pequeña puerta bajando dos escalones de la banqueta.

Por la tardanza y no estando seguro si el timbre servía dado que no se oyó nada, decidí tocar pero me ganó el chino abriendo con una sonrisa chimuela.

Y dice: “ya casi hablimos pelo lo estamos espelando”.

El chino era bajito y traía una bata roja con azul fuerte lleno de letras chinas imposibles de leer.

El lugar era pequeño como él y la puerta. No pude exactamente fijarme cuántas mesas había dado que me encaminó rápidamente hacia la parte de atrás pasando unas elaboradas cortinas.

De inmediato se apareció una china todavía más bajita y que parecía más antigua que el chino.

A manera de introducción dice

“mi ma’” a lo que la china me enseña sus dientes a manera de sonrisa.

“Sentalte....sentalte” continúa el chino y al fin me dice su nombre “...Calos, mi nombre es Wong pelo me dicen el chino” cosa que no cambio nada las cosas.

Ya sentado y preguntándome como supo mi nombre, su mamá empezó a traer platillos excéntricos de comida y una jarrita con té.

Y sirviéndome dice: “té bueno pa dinelo”

Comí casi hasta reventar y en lo que estaba tratando de eructar en silencio, la mamá me trajo unas galletas con un papelito adentro y agrega “tu foltuna” y se retira tan silenciosamente como aparecía.

Básicamente comí solo, dado que el chino Wong dijo “aholita vengo” y nunca lo hizo hasta que ya había leído el papelito de la galleta que solo decía: “aguas”.

El chino Wong al ver mi reacción dice “tu comel galleta”.

Lo que hice sin titubear y solo para darme cuenta de lo indescriptible del sabor.

Casi inmediatamente me empecé a sentir adormilado y como siguiendo un instinto prendí la grabadora que traía en la bolsa.

Ya totalmente dormido, en la grabación quedó un diálogo chino que parecía quedó en pleito.

Sin embargo algo se dijo en español chueco que daba una idea de lo que sucedió.

Las palabras eran “ya está dolmido?” “esta mas pesado que los otlos” “mucha calne” “mucho dinelo” “va lendil más que los pelos”

Después, todavía más pleito chino pero ahora con una voz de mujer en el medio, seguido de un silencio prolongado.

Después unos perros ladrando y chillidos indescifrables.

Finalmente “quita lopa” dice un chino que no reconocí.

Todo esto mientras yo me encontraba en un sueño fantasmal participando en una ceremonia oriental vestido solo con una bata de seda y amarrado de espaldas a una plancha fría.

Miraba alrededor y eran puras antorchas cerca de mi pero no emitían calor.

Y en lo que miraba para arriba veía un como dragón bajando y echando humo y más fuego helado.

Después me vi colgado en medio de otros que se parecían exactamente a mi.

Por lo que trataba de hablarles y solo salía humo de mi boca.

En eso volteo hacia enfrente y veo a alguien vestido de blanco con un cuchillo largo viniendo hacia mi por lo que hice el esfuerzo máximo de gritar.

Al despertar aterrorizado y sudando frío, todavía pude oír parte de mis gritos nada más para volver a gritar aún más fuerte al ver al cocinero directamente enfrente de mi, también gritando pero en chino y con un pedazo de metal en la mano.

El chino Wong había ordenado que me pusieran en un sillón también en la parte de atrás de la cocina y me habían quitado mi abrigo donde estaba la grabadora prendida.

En eso se apareció Ma’ con una tacita de más té pero esta vez era de color ámbar. La viejita no dijo nada pero el chino Wong si: “tu tómal te’ chino....mente clala”

Me lo tomé y efectivamente me terminó de despertar pero con una lucidez diferente. No me dolía nada y me sentí bien. Solo un poco adolorido de la pierna derecha quizá porque me acomodaron entre sentado y acostado.

Acto seguido, el chino me trajo una cajita forrada con tela de color rojo con azul como su bata y me dice “háblelo”.

Lo abro y adentro había una especie de dulce de menta y agrega “bueno pa’la panza” agarrándose su estómago y riéndose con su misma risa chimuela.

Ya afuera y preguntándome cómo no me cobraron, subí los dos escalones regresando a la banqueta y oyendo todavía la campanilla de la pequeña puerta del restaurant cerrándose.

Hice una pausa, respiré hondo y sintiéndome satisfecho, empecé a caminar de regreso hacia a mi apartamento tomándome mi tiempo.

Lo curioso es que no sentí el frío a pesar que era más tarde.

Al llegar al edificio tiré el pica-dientes y me encaminé a las escaleras para subir los cuatro pisos de rigor.

Una vez en el piso y con falta de aire, alcancé a ver la puerta de mi apartamento entreabierta.

Me acerqué lentamente y al abrirla me di cuenta que estaba completamente vacío.

Me habían robado absolutamente todo, desde las cortinas hasta los platos y fotos.

Lo único que dejaron fué el teléfono en el piso de la sala y una pasta de dientes empezada.

Me fui con los vecinos y que nadie había visto o oído nada.

Por lo que llamé a la policía.

“¿Bueno?” oyéndose un eco por todo el apartamento.

“Quisiera reportar un robo a casa-habitación”.

Y después de dar mi dirección y datos, el detective Menéndez siguió haciendo otro tipo de preguntas.

“A ver, dígame ¿por qué dice que estuvo todo muy raro?” dijo el policía.

Casi confesando dije:

“.....es que se me hace que me drogaron”.

“A ver a ver... ¿por que dice eso?” continúa Menéndez incrédulo.

Por lo que le expliqué lo de la comida, la grabadora y todo lo que ya les dije.

“...¿y dónde pasó todo esto?” dijo con exasperación policíaca.

“¿Qué si dónde?” dije fingiendo como que no oí bien y ya medio arrepentido de haber dicho nada.

Se hizo una pausa, tragué saliva como diciendo ya ni modo y terminé :

“En un restaurante chino que se llama

Ching-Yhia-Su.... Palace”