Añoranzas. Slim propone 75 años para “jubilarse”.

Las jubilaciones de tiempos neoliberales, pasaron a trocarse capital. No son derecho ni conquista obrera, es su contrario, privilegio del capital financiero. Las condiciones de la clase trabajadora, de la clase obrera, están y han estado, en un nivel bajo o con escaso poder político; el debilitamiento de las organizaciones obreras, fue el centro del ataque de la burguesía como de su Estado. En la Inglaterra de Márgara Tatcher –y en la dictadura de Augusto Pinochet-, se impulsó un ataque duro, tajante, despiadado contra los sindicatos y en especial, contra las prestaciones sociales contenidos en sus contratos colectivos de trabajo. La defensa y la resistencia estuvieron ausentes o, digamos, sin la fuerza colectiva contundente indispensables.

Los contratos colectivos fueron cayendo uno a uno, de igual forma en cada país, uno a uno. Por supuesto, el viraje de los partidos comunistas en demócratas o socialdemócratas; mejor dicho, centrados en los aspectos electorales les desligó de su base sindical; les alejó de las masas obreras.

En México, el suceso fue semejante. La privatización de las empresas estatales o paraestatales, iban centrando el ataque a los contratos colectivos minando sus cláusulas o, si se desea, debilitando a los sindicatos, en su esencia. Antes de la venta de dichas empresas, los contratos colectivos se mutilaron de esas cláusulas fuertes: se flexibilizaron. La explotación obrera quedó preparada en su forma y sustancia; para hacerla crecer sustantivamente –en esencia-, se troca sobre-explotación, para cada empresa, organismo o fábrica privatizada, vendida. La premisa obrera de los sindicatos nacionales de industria como sólidos e históricos, fortalecida en esos sus contratos, se deshizo; fueron vaciados uno a uno, sin resistencia, sin una férrea oposición. Se notó la sustancia de los charros sindicales que permitieron el despojo.

La flexibilización por la privatización o por la reestructuración productiva, fue la lucha clara contra los contratos colectivos. La debilidad sindical generalizada se alcanzó; se le denominó flexibilidad necesaria a los tiempos de modernización y reestructuración. Fue y sigue siendo explotación, mejor dicho, sobrexplotación.

Desapareció el salario integral logrado por las prestaciones –sociales y económicas- contractuales; fue destrucción y despojo, sólo quedó el salario simple. Sencillo o ramplón. Éste fue atacado, como sabemos por el alza de precios de los alimentos, por la inflación y por la política económica nacional definida por la “institucional” comisión de salarios, imponiendo topes salariales anuales: promedio de 2 a tres pesos máximo.

La máxima explotación se alcanzó, al desaparecer las cláusulas integrales de los contratos colectivos. En el lenguaje como en la teoría conceptual, también los neoliberales avanzaron.

Para enojo de Marx, ya no se le llama a estos efectos explotación: son condiciones precarias como salario precario. Es un lenguaje funcional, pues lo precario puede subir a salario decente; a contratación y trabajo decente. Lo explosivo de la palabra explotación, se cambia por precario.

Sólo faltaba una cláusula fuerte. La más social de las conquistas obreras, posterior a la vida productiva. Fueron por ella, y dicha debilidad sindical, permitió su conquista para imponer un vasallaje completo: la explotación completa, digamos vitalicia. La burguesía con seguridad siempre deseó una explotación integral, de sol a sol como la llegó a realizar; pero ahora la tiene: una explotación de por vida entera. Explotación vitalicia. No hay lugar a dudas. Hasta la palabra, el concepto les molesta.

No más jubilación, acaso pensión. Jubilación una relación al jubileo, o de jubilare como gritar de alegría. Pensión ha sido cantidad que se paga. Sin más. Lugar donde guardas autos o para pasar la noche; pensión para hospedarse. Del júbilo para descansar, al pago ramplón que, de este modo descuidas la cuestión. No más jubilo desde tu contrato colectivo, desde tu conquista sindical, desde tu derecho obrero otorgado por la lucha obrera. El SAR y las Afores se apropian –privatizan-, convierten en capital financiero el ahorro de los trabajadores de por vida, son suyos para su administración y manejo.

Se impulsó la debilidad de la clase obrera, y se logró por la burguesía de estos tiempos. Ningún sindicato pudo evitar el despojo de las jubilaciones, como ninguno prevenir, estudiar y evitar dicho despojo. No sólo se han apropiado de todos los ahorros, por tiempo indefinido, sino que desecharon la antigüedad en el trabajo como elemento esencial para jubilarse. Ahora, se trata de la edad. En tiempos recientes se ha propuesto su cambio constante; se pensiona a los 55 años, a los 60, a los 65 años sin importar el trabajo. Es decir, se trabajará más y la pensión neoliberal obliga a trabajar mucho más: explotación hasta los 65 años de edad. Incluso en la UNAM no pudo evitar su aplicación ni su expansión.

Los estudios de las Afores ocurrieron posterior a la implantación, descubriendo que no eran lo ofertado; en forma política, ya aplicada la modificación al ISSSTE, no logró la aprobación de una afore propia de la universidad con control, administración y manejo de sus fondos de ahorro universitarios. La máxima en investigación de todo tipo de aspectos sociales o naturales, no logró alertar ni detener el avance contra la jubilación neoliberal. Si la pensión se otorga a los 65 años y logras vivir 70 años, entonces tendrás tus fondos de una aseguradora bancaria, por 5 años. Si hay más ahorro se queda con su totalidad. Slim propone subir a 75 años. Se quiere quedar con todos los ahorros para el retiro, en beneficio de su afores Inbursa o mejor dicho, del capital financiero. El mundo mundial de las Afores estará apoyándole. Sin duda, una gran propuesta. Por supuesto afirma que los problemas sociales del futuro.