De pelos

Puros cuentos

El Diablo se sentó atrás como queriendo levantar la mano para preguntarle algo al Pastor. Su posición de sentado aunado a su impecable vestir, le daba un aire de aristocracia muerta. Nadie notó su presencia o esencia, pero como que parecía injertado en la fe colectiva de los feligreses excepto en la del Pastor que vociferaba constricciones mentales en su contra. El Pastor, con su camisa de manga corta y corbata daba la impresión de ser un maestro de ceremonias de circo barato. Ya sudando y moviendo su Biblia con su mano derecha que subía y bajaba como queriendo espantar sus demonios privados, llegó al final de su eterna versión del Apocalipsis con gritos y llantos de arrepentimiento. “¡...escuchad hermanos y hermanas!!!” “¡..escuchad!!” casi suplicando y con el micrófono pegado a su boca. “¡..satanás está aquí entre nosotros!!” Y levantando la biblia como si fuera escudo dice: “V...no caigan en tentación hermanos!!” “Aleluya...aleluya al bendito” se oía de fondo con elevado frenesí espiritual. Y silenciosamente entre cánticos y sonidos de órgano, los congregados empezaron a hacer una fila para las sanaciones que se avecinaban, mientras el Pastor insistía en resistir las tentaciones y resbalones de la carne. Al fondo, el Diablo sobándose la piocha decidió hacer la cola para su correspondiente bendición. El hermano Pedro se dio cuenta de su visión al estar tomando agua de una botella fría pero pensó que era un truco visual del fondo de ella. Fue cuando la bajó y la quitó de su perspectiva visual, que se dio cuenta que había invocado al enemigo por equivocación. Rápidamente se secó la cara con una pequeña toalla y repitiendo sus alabanzas automáticas le hace una señal a Nachita su ayudante. Nachita se acerca creyendo que el Pastor le iba a pedir más agua al ver que su camisa había cambiado de color por el sudor, pero se sorprende cuando oye: “Nachita, váyase volada por el Padre Chente” Nachita, sin aclarar el pedido, lo obedece y sale inmediatamente por la puerta de al lado. La fila para las sanaciones era larga y tortuosa por la cantidad de dolidos y lo pequeño del templo del Señor. El Pastor, fingiendo normalidad y haciendo un esfuerzo para no mirar al del fondo y de traje, empieza ahora a invocar a los aliados invisibles gritando : “¡....y que los ángeles del Señor nos protejan!!” ya con la voz quebrada y en pánico. Como era domingo, todos andaban de domingo excepto los niños que ya se habían ensuciado en el piso por andar jugando entre ellos y que junto con sus padres, hacían también fila como para que les tocara alguna bendición preventiva. El Pastor extendió la gama de bendiciones no solo para tratar de ahuyentar al Diablo, sino que también para hacer tiempo para que llegaran los refuerzos. De la espera, los niños pasaron del juego a los chillidos, cuando los padres lo tomaron como prueba de resistencia de su fe. El hermano Pedro no tuvo más remedio que empezar los remedios y uno a uno fue exorcizándolos de sus males espirituales. Los llantos de aleluya no se hicieron esperar ni los desmayos arrebatados que hacía que la fila se saliera de su orden. Pasados la mayoría por las manos benditas del Pastor, le llegó el turno a la penúltima que empezó a contorsionarse de la emoción y a hablar en lenguas que más bien parecían maldiciones incompletas. Sus lamentos parecían música al revés y sus ojos permanecían en blanco como si se hubieran ido para atrás. El Pastor viendo la convulsión espiritual de la poseída, elevó el volumen y velocidad de las bendiciones y amonestaciones, convencido que el Diablo atrás de ella le estaba manipulando el alma. “¡...cobarde!! ¡....sal de ella satanás!!” “¡...con el poder del más bendito te ordeno que salgas y te regreses al infierno!!! “ La señora sin inmutarse siguió contorsionándose en el suelo entre los llantos de niños asustados. El Pastor, al ver que a la señora le empezó a salir espuma por la boca, en un arrebato pastoral, le da con la Biblia en la cara noqueándola. El silencio de ella se generalizó al resto, incluyendo a los niños que se quedaron sollozando. Y como un preámbulo espontáneo, todos se empezaron a hacer para atrás excepto el Diablo que estaba exactamente enfrente de él. Ya cara a cara, al Pastor como que se le empezaron a relajar los esfínteres y ya sin sudor que sudar cae fulminado ante el asombro de todos. El silencio se prolongó hasta que se rompe al entrar Nachita con el Padre Chente, por la puerta lateral y simultáneamente gritan: “...por Dios que pasó” Nachita. “¡...otra vez tú !!!” el padre Chente. Por lo que se oye el murmuro de la congregación. Nachita camina hacia la carne y grasa del Pastor inerte en el suelo ya con resignación y lágrimas y el padre Chente ya rojo de coraje, le empieza a gritarle al Diablo: “¡...mira lo que has echo animal!” Ya trabado el Padre, el Diablo se aprovecha y dice: “...si yo no hice nada Padre Chentito” “...como usted me corrió de su iglesia me vine a esta” “¡¿...pero qué no ves que asustas a la gente....vistiéndote así...como si ya te fueran a enterrar?!” ya medio destrabado. Y agrega: “..a ver ven ayudar....y agárralo de los pies “ ya también con doble resignación. Por lo que el sacerdote y el Diablo ponen el cuerpo del Pastor ya blanco y helado en una de las bancas junto a la señora epiléptica para tratar infructuosamente de resucitarlo. Todo cerró con una mezcla de ritos y rezos encontrados como si las dos religiones se dieran un abrazo donde únicamente el Diablo iba vestido para la ocasión. FIN