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Año 2022

León Bendesky

Acto primero: Es una acción demencial bombardear una central nuclear. Lo es, igualmente, destruir a mansalva un país, humana y materialmente, como hace el presidente Vladimir Putin hoy en Ucrania. Esto, al mismo tiempo que se impone un control férreo sobre la sociedad privándola incluso de la información sobre la guerra. Ese es el Estado totalitario, en un sentido pleno, que existe en Rusia. Conviene llamar a las cosas como son, a cada una de ellas y no mezclarlas por conveniencia en un coctel ideológico propio de un tiempo que ya no existe más. El socialismo de la era soviética colapsó. El imperio de la URSS desapareció y la pretensión de restablecerlo sólo ha llevado a guerras y la persistente opresión interna. Rusia es un Estado capitalista, cleptocrático de origen y también fallido. Ampararse en lo que hace por su parte Occidente, para justificar esta guerra es eludir la condena, por mero principio, de la matanza que perpetra el régimen de Putin; y es deshonroso. No hay neutralidad posible, no la hay a nivel personal, ni para los gobiernos y los estados. Ese silencio es de estruendo. Ahora es esta guerra; ha habido otras muchas y condenables también, de uno y otro lado, por supuesto. Habrá más. Hoy estamos al borde de una confrontación nuclear. Putin amenaza con que las sanciones que le imponen equivalen a un acto de guerra con consecuencias impredecibles. ¿Será que piensa en la masacre nuclear? Las cosas no están saliendo como esperaba con la invasión. Como dijo Von Moltke: Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo. Acto segundo: Se advierten ya las adversas repercusiones económicas de la guerra en Ucrania y serán mayores. Es inevitable, tanto por las sanciones como por los efectos en los mercados de productos, trabajo, dinero y capitales. La guerra ocurre en un escenario global donde ya había notorias presiones inflacionarias. Éstas tenderán a arreciar en rubros como la energía, los alimentos y diversos metales y productos. Tan sólo en el caso del trigo Ucrania y Rusia aportan alrededor de 29 por ciento de las exportaciones totales de ese grano. Esto se suma a la interrupción de las cadenas globales de abastecimiento. El alza de los precios afectará adversamente a las condiciones de la recuperación de la etapa pospandemia. Los bancos centrales deberán actuar para contener la inflación; las tasas de interés tenderán a subir y habrá mayores distorsiones en los mercados de bonos y acciones. Acto tercero: México confronta ahora mayores presiones económicas derivadas del conflicto bélico y sus consecuencias políticas. Éstas se dan en una situación muy precaria en cuanto al crecimiento del producto y la fragilidad social del país. El banco central tendrá que administrar el impacto de la presión sobre los precios que incide mayormente en la población con menos ingresos, ya muy castigada en los meses recientes. No tiene mucho espacio para acomodarse. En su reciente reaparición pública luego de largos meses de ausencia, el secretario de Hacienda sostuvo que el conflicto entre Rusia y Ucrania no debe generar alarma y que se deben cumplir las metas del presupuesto, además de que estima que el ciclo de la recuperación no se ha agotado (https://www.jornada.com.mx/2022/03/05/). Es de verdad difícil ubicar estas extrañas consideraciones en la situación actual de esta economía. No corresponde a la realidad del país, que no es una isla en algún remoto lugar del mundo. La gestión económica del gobierno en estos tres años ha dejado en situación muy precaria a la actividad productiva y eso ahora se va a resentir aún más. Las cosas pasan en mal momento. Una versión de la ley de Murphy. Es una obviedad decir que las condiciones internas y externas que enfrenta hoy México se están trasformado con la redefinición de los centros de poder mundial (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y China). El gobierno deberá considerar de modo muy cuidadoso las acciones que emprenda y los escenarios que enfrenta para no exponer mayormente a esta sociedad. Acto cuarto: La ONU presentó el pasado 28 de febrero los resultados del sexto ciclo de evaluación sobre el cambio climático. El reporte está planteado de modo alarmante y afirma que el cambio climático inducido por los seres humanos provoca una amplia y peligrosa disrupción en la naturaleza. Se afecta la vida de miles de millones de personas y expone los límites de los esfuerzos para contenerlo. Insiste el reporte en que las poblaciones y los ecosistemas son cada vez menos capaces de sobrellevar los riesgos. Eso se advierte la salud; el sustento; las infraestructuras básicas; la generación y el uso de la energía; los sistemas de transporte. Son cada vez mayores los riesgos derivados de las olas de calor, la severidad de las tormentas, las sequías y las inundaciones; así también por diversos procesos como ocurre con la elevación del nivel del mar. (https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/). Fin: Una adolescente conocida mía dijo: Si no nos morimos por las guerras, nos moriremos por el cambio climático. ¿Es esa la única perspectiva que podemos ofrecer?

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