A un año de Trump
- fermarcs779
- Jan 26
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Política para todos.
Otto René Cáceres Parra.
Expresa la famosa frase “tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos”, y es que la relación bilateral con nuestro vecino del norte siempre ha fluctuado como una línea muy delgada entre la presión y la cordialidad.
Hemos visto en algunas ocasiones el cierre temporal de las fronteras, los procesos de certificación derivados del narcotráfico en la década de los ochentas y noventas del siglo pasado, la incorporación comercial con reglas definidas con el entonces tratado de libre comercio (el TLC que ahora es el T-MEC), nuestra posición histórica respecto a Cuba que nunca les ha terminado de agradar, entre muchas otras.
Por tanto, siempre ha existido un estira y afloja con momentos de incertidumbre, pero también de relativa calma. Sin embargo, con el regreso de Trump a la Casa Blanca, nos encontramos en un terreno de alta tensión que se encuentra marcado por una agenda cargada de presiones en diversos temas como seguridad, migración y economía. En este sentido, el gobierno mexicano ha apostado, y me parece acertado, por una estrategia de lo que en relaciones internacionales se conoce como poder blando, es decir, ha privilegiado la diplomacia, el diálogo permanente y la gestión de crisis.
Sin embargo, aunque de este lado se sortee de tal forma, el primer año de Trump ha confirmado un patrón en cuanto a tener a México como pieza central de su política interna, lo cual hemos visto con el endurecimiento fronterizo y migratorio que han generado impactos humanitarios importantes, con decenas de miles de migrantes haitianos, venezolanos, colombianos, cubanos, varados en ambas fronteras del país, sumándole a ello las amenazas recurrentes en materia de aumento de aranceles, revisión del T-MEC, Tratado de Aguas, tráfico de armas, gusano barrenador, petróleo a cuba, incluso el cambio de nombre del golfo de México a Golfo de América, y por supuesto la seguridad, siendo este último punto nodal debido a las insinuaciones acerca de una posible intervención militar directa en territorio mexicano en contra de los grupos del narcotráfico y el tráfico de fentanilo, cuestión que se ha convertido en moneda de cambio recurrente con el gobierno del presidente Trump.
Frente a este escenario, el Gobierno mexicano ha optado por una estrategia de administración del conflicto por medio de diversos medios, tales como: llamadas directas entre mandatarios, reuniones de alto nivel (en próximos días se tendrá otra precisamente para revisar la cooperación en materia de inteligencia), encuentros en foros internacionales, entre otros. Es decir, se ha llevado a cabo una narrativa pública de prudencia más que una política exterior expansiva o proactiva, lo que ha propiciado, precisamente, una política exterior reactiva evitando escaladas y permitiendo ganar tiempo.
Basado en lo anterior, podemos caracterizar la política exterior mexicana, frente al primer año de Trump, en cuatro por cuatro grandes rasgos: Uno, Diplomacia de contención, buscando reducir riesgos inmediatos, evitar confrontaciones públicas directas con el presidente norteamericano y apostando por los canales institucionales y personales; Dos, prioridad a la estabilidad económica, la defensa del T-MEC y la prevención de una guerra arancelaria, que han sido ejes centrales, aunque conscientes de la alta dependencia comercial que guardamos con los Estados Unidos; Tres, la Externalización de costos, en materia migratoria México ha absorbido gran parte del costo humanitario y operativo de resguardo fronterizo, si no es que casi todo, consolidándose como país de contención, apoyándose para este fin en la Guardia Nacional; y Cuatro, el tema de la seguridad, que se traduce en los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos hacia nosotros como amenaza primaria, ahí tenemos las extradiciones de capos del narcotráfico, la cancelación de visas a funcionarios y exfuncionarios públicos (gobernadores, legisladores, secretarios de Estado), compartir productos de inteligencia para que México opere contra el crimen organizado, la amenaza velada de intervención que va de la mano junto a la clasificación que hace Washington a los grupos de narcotraficantes como terroristas y la clasificación del fentanilo como arma de destrucción masiva, sobrevuelos de drones, entre otros.
De cara al futuro inmediato, México debe enfrentar el reto de pasar de la gestión coyuntural a una estrategia integral frente a un socio impredecible pero estructuralmente indispensable. Algunas claves para ello serían: Diversificar la política exterior, buscando reducir la dependencia política y económica de Estados Unidos mediante alianzas regionales y extra hemisféricas, se antoja difícil con China, pero sería un buen aliado en este sentido; Fortalecer una narrativa de corresponsabilidad, especialmente en seguridad y tráfico de armas, colocando el problema como binacional y no unilateral. Ellos también deben atacar el problema de distribución, salud pública, trasiego de armas y lavado de dinero; Blindar el T-MEC desde lo técnico y lo político, anticipando escenarios de presión y renegociación, ya veremos cómo nos va con ello puesto que Trump lo maneja en términos de los resultados en seguridad y migración; y Recuperar iniciativa diplomática, dejando claro que la cooperación no implica subordinación, y aunque el gobierno federal, en voz de la presidenta Sheinbaum lo ha hecho bien, cualquier día podría decidir Trump levantarse con ánimo intervencionista y se arme la de Dios.
Afrontar a Trump requerirá algo más que contención, es decir, visión estratégica, cohesión interna y una política exterior capaz de defender intereses nacionales sin caer en la confrontación estéril ni en la complacencia. El segundo año del mandato del presidente norteamericano será decisivo en términos de que nuestro país pueda seguir resistiendo las embestidas o comenzar a redefinir su posición frente a un vecino que presiona, pero también necesita a su socio del sur.
A lo anterior cabe sumarle lo que sucede al interior de los Estados Unidos, donde Trump buscará hacerse del control del Congreso en la renovación del mismo para el siguiente año. El golpe a Venezuela ha vuelto a ponerlo en el foco de atención mundial e interno, aumentando poco a poco nuevamente los índices de popularidad que pudiera haber perdido entre su electorado, partidarios Republicanos e indecisos.
Aún le restan tres años de mandato. Seguiremos atentos.






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