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Ahora como entonces

Diario de un reportero


Miguel Molina

Lejos está ese día de abril de hace ocho años en que Javier Duarte de Ochoa – que entonces era gobernador – y su esposa Karime Macías sonrieron cuando los encaró Araceli Salcedo, madre de Fernanda Rubí Salcedo Jiménez, que para entonces llevaba tres años desaparecida.


La señora Salcedo le reclamó a Duarte de Ochoa que no se estaba haciendo suficiente para encontrar a su hija, y se quejó de que el fiscal (que en ese tiempo era Luis Ángel Bravo Contreras) había cancelado varias audiencias para informarle sobre los avances de las investigaciones.


"Ríase, ríase, que no le toque a su familia, porque el día que le toque va a ver lo que se siente sufrir", le dijo la señora Salcedo a la espalda del gobernador y su esposa, cuando se iban sin responder a sus quejas. Durante el gobierno de Duarte de Ochoa desaparecieron al menos tres mil seiscientas personas.

Eso fue entonces. Según la Comisión Nacional de Personas Desaparecidas, hasta mayo había dos mil trescientos cuarenta casos en el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, sin contar los que no se denunciaron ni los que todavía no se denuncian.


Pero el desaire de Duarte de Ochoa fue una cosa y el desinterés de García Jiménez es otra. Cuando tomó posesión de su encargo, el ingeniero ofreció que su gobierno daría prioridad a la identificación de los cuerpos hallados en fosas clandestinas y las osamentas no identificadas que se encuentran (se encontraban) en los Servicios Médicos Forenses y en fosas comunes de los cementerios de Veracruz. No ha hecho gran cosa. Ahora es como entonces.


La respuesta del gobierno fue publicar en las redes sociales una lista de lo que ha invertido la administración: millones de pesos aquí, millones de pesos acá, más empleados acullá, sin pensar que los familiares de los desaparecidos quieren más que nada saber qué fin tuvieron sus hijos, sus hermanos, sus padres y sus madres, sus parejas y sus amigos. No encontré datos sobre el número de víctimas que se hayan identificado.


La molestia de los familiares de los desaparecidos en Veracruz tiene razón de ser. El gobierno dice que se han realizado setecientas cincuenta y siete búsquedas con la participación de familiares y colectivos de víctimas. Quienes cerraron el centro de Xalapa y durmieron en el pasillo del Palacio de Gobierno dicen que no: el gobierno no se ha preocupado por reunirse con ellos, por darles o pedirles información.


Y cuando podía haber mostrado empatía, el ingeniero García Jiménez ofreció la posibilidad de una reunión con los inconformes dentro de dos semanas porque tenía "compromisos agendados" (ojalá yo me pudiera dividir en pedacitos, dijo infelizmente el gobernador), aunque aparentemente alguien le hizo ver la seriedad de la situación y se organizó un diálogo para este jueves.


Habrá que ver. Y habrá que oír lo que dice el ingeniero. El gobierno de Veracruz ha evitado pedir disculpas por desapariciones en las que participaron instituciones del Estado, como la secretaría de Seguridad Pública.


La última vez fue cuando el gobernador iba a pedir perdón – porque eso significa disculpa – por la desaparición de ocho policías municipales en el municipio de Úrsulo Galván. La ceremonia se suspendió porque el gobernador tenía un encuentro con otros gobernadores de su partido... No se volvió a hablar del asunto.


Desde el balcón

Uno sale al balcón y mira el cielo y toma un sorbo de malta. Es que esta mañana – mañana de acá, noche todavía en otras partes – llegó la noticia de que Raúl Torres murió después de vivir una vida llena de las historias que se cuentan entre amigos cuando caminan por las calles de la noche en Xalapa, o cuando juegan backgammon sin cesar entre tragos de habanero trapiche o vino barato, fumando un Baronet tras otro.


Parece que no escribió sus historias, tal vez porque sabía que hay cosas que pasan para que uno las cuente de viva voz, sin el estorbo de la gramática y sin la pesadumbre del estilo. Y uno lo celebra, aunque habría sido bueno que otros supieran qué pasó, y cuándo y dónde, y quiénes estaban y qué dijeron.


Ya no será posible. Uno mira la estrella tímida que se asoma en la noche de noviembre y alza la copa de malta hacia el frío del cielo y brinda por la memoria de Raúl, que se volvió parte de sus historias.

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