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Balazo

Puros cuentos Nada mas alcancé a oír como una fracción de segundo de la explosión y después todo se tornó totalmente oscuro. Sintiendo al mismo tiempo, como una brisa entre mis ojos que me transportaba. No pasé a través de un túnel o encontré ninguna deidad que me condenara o exculpara. Nunca perdí la consciencia de lo que estaba sucediendo o de mi mismo, lo que provocaba una extraña calma bajo un silencio interminable. La bala incandescente atravesó mi cráneo, quemando todo a su paso para salir por el hueso temporal izquierdo y al mismo tiempo fracturándolo. Por lo contrario, el orificio de entrada por la sien derecha, estaba prácticamente limpio y solo con huellas de pólvora quemada en la orilla. Estaba solo en la casa cuando decidí terminar con todo. Vi mi cuerpo en el sofá reclinado hacia la izquierda, facilitando la salida de sangre del cerebro y como la bala se había incrustado en la pared llena de sangre y con tejido cerebral. El arma estaba en el suelo manchada de rojo y podía oír al perro ladrar sin cesar. Recordé como una semana antes había ido a comprar el arma y como llegué a ese punto. Me terminé sintiendo como en un limbo indefinido al recorrer toda la casa vacía, hasta que llegó mi familia que fue cuando empezó mi infierno. La primera en entrar fue mi hija riéndose con su madre que fue la primera que me vio inerte en el sillón. Sentí inmediatamente lo que ella estaba sintiendo bajo los llantos y gritos desesperados. Mi esposa la trata de abrazar, pero mi hija estaba fuera de si con su corazón totalmente destrozado. Mi dolor se multiplicó a la par con los familiares que se iban enterando de mi decisión y convirtiendo mis razones en excusas. Todo en un tiempo interminable hasta que llegó la ambulancia donde los paramédicos dijeron algo técnico que requirió entubación y terapia intensiva. Por el trauma físico mío y emocional de mi hija y esposa, las dejaron quedarse esa noche con lo que quedó de mi. Yo trataba de consolarlas, pero el abismo lo hacía imposible . Después llegó mi hijo de fuera y la herida sentimental se volvió abrir llegando a niveles más allá de lo humano. Las máquinas proporcionaban vida artificial al prácticamente cadáver de lo que fui. A la segunda noche me regresé con ellos en el carro ya tarde y nada más para oír sus historias de mi en la cocina, entre más café, llantos y gemidos de dolor. Hablaron de todo hasta casi el amanecer y ya con la decisión de cuando y quien le iba a avisar a mis padres. Una vez que se puso la llamada, contestó mi madre con una inocencia apabullante que lo hacía todo todavía más doloroso. ¿Mamá?”. Dijo como le decía mi esposa. “Si Irma”....con voz suave. “hubo un accidente “ con voz temblorosa. Lo que siguió lo tuve que oír por más que traté de evitarlo. Siendo lo peor cuando mis padres me visitaron en el hospital. Los doctores les explicaron lo fútil de mantener los robots dando vida artificial a mi cuerpo. Después de una resignación forzada y dolor emocional agudísimo, todos decidieron desconectar los aparatos, menos mi madre. “Nada mas unos días más, a ver como sigue” como queriéndome dar a luz de nuevo. Después se vio claro una estabilización equis y entendí porqué los paramédicos habían decidido lo que decidieron. Y era de que la trayectoria del proyectil siguió una ruta recta de abajo hacia arriba . “Por el retroceso del arma al dispararse y la pérdida total e instantánea de la fuerza de la mano y brazo al dañar el cerebro los centros vitales del cerebro quedaron con daño moderado y no absoluto”. Para los médicos, la visión era diferente, más por cómo iba a hacer mi calidad de vida, además de la carga múltiple para la familia en forma indefinida. A mi madre nunca le dijeron la razón verdadera del porqué de la tragedia y quizá ya lo sabía por intuición. Pasaron meses para que mi cuerpo quedara como quedó. Después de interminables terapias de todo tipo llegué al límite esperado. Encamado, con solo cuatro sentidos y sin poder moverme, terminé en una existencia paralela donde lo único que podía hacer era observar y sentir que estaba confinado dentro de un ataúd de carne. Y así vi pasar al futuro esposo de mi hija, a los hijos de mi hijo, a mi madre con ternura, a mi esposa en su rutina diaria y a mi padre hablándome como si lo pudiera escuchar. Todo fue tan rápido y definitivo. No sabía si estaba vivo o no, pero ya no importaba. Pero prefiero eso, que haber matado emocionalmente a toda mi familia. Eventualmente técnicamente fallecí, después de mis padres y con el tiempo suficiente para haber reflexionado que la vida nos da toda libertad, hasta la de matarnos. RIP

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