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De Desvaríos y desencantos

Divagaciones de la Manzana


Martha Chapa



Desde hace muchos años las mujeres hemos pugnado por ocupar espacios sustantivos en la vida social, política y económica del país, por lo que cada vez que una de nosotras se ubica en un nivel donde puede contribuir positivamente a la sociedad, merece nuestro respaldo y aplauso más pleno.

Sin embargo, tenemos muy claro que no se trata de que se elija a alguien por el hecho tan sólo de ser mujer, sino porque tiene el talento, los méritos, la experiencia y la capacidad para desarrollar esa tarea, al igual que cualquier hombre por más calificado que sea.

Sin embargo, hoy experimentamos una contradicción tanto por quien deja de ser la Secretaria de Educación Pública, al igual de quien ocupará en lo sucesivo ese cargo, en esa dependencia, y en si de un rubro, como lo es el educativo, de la más elevada trascendencia para el presente y el futuro de la Nación.

Respecto a Delfina Gómez, lamentablemente coincidimos con esa opinión generalizada de su ineptitud para haber convertido o situado a la educación en niveles de excelencia, peor aún cuando, poco antes de dimitir tuvo la ocurrencia de presentar un plan educativo, que así se trate de un proyecto piloto, resulta insustancial e insuficiente y con un claro perfil de retórica meramente partidista. Y si algo faltara, con su decisión también de último momento de basificar a una plantilla de maestros del Estado de México, muestra aberrantes propósitos electorales y electoreros.

Por lo que corresponde a la nueva Secretaria, Leticia Ramírez, si bien existen opiniones positivas respecto a que se trata de una persona conciliadora y laboriosa, por igual se le ha criticado por carecer de los conocimientos, talento y experiencia para emprender realmente mejoras que trasciendan en el campo de la educación, reducida desde hace muchos años a la simplona tarea de recoger quejas y sugerencias de personas que como sabemos casi siempre se incumplen, así como a su riesgosa parcialidad ya que ha pertenecido a uno de los dos bandos sindicales que han luchado por mantener el poder político-electoral dentro de la SEP.

Concluimos entonces, que López Obrador deja una vez más pasar la gran oportunidad de haber nombrado a una mujer sí, pero con otras calificaciones, antecedentes y méritos, y fuera de sus filas, como acostumbran hacerlo los grandes estadistas, donde lo primero y lo que cuenta más que cualquier otro criterio, es la Nación misma. De hecho, él exige un servilismo que confunde con lealtad y una supuesta congruencia política, que en el fondo es pura y llanamente autoritarismo.

Que tristeza, que decepción de este gobierno en que habíamos confiado y teníamos anhelos de que emprendiera verdaderos cambios en nuestro México. Ahora nos queda claro: que a López Obrador sólo le interesaba y le interesa concentrar más su poder personal por encima del interés público, reincidiendo en más de lo mismo, es decir, en los peores vicios de los regímenes del pasado.

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