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De quién es el agua

Diario de un reportero


Miguel Molina


Digan lo que digan, Veracruz tiene problemas por el agua, o las aguas. Desde hace tiempo. Hace nueve años, en este espacio, escribí que "lo que no se ha cerrado, ni resuelto, es el asunto del agua, de la falta de agua, de la falta de una política estatal para el agua, como lo evidencian las protestas que surgen aquí y allá, en el norte, en el sur, en el centro.


"La falta de claridad en el discurso y en los hechos ha llevado a una confusión que permite y alienta la discordia: de quién es el agua que corre en los ríos y los arroyos, de quién es el agua que cae en la lluvia y escurre buscando cauces que la lleven al mar...


"Muchos piensan que el agua es de las comunidades donde nacen los manantiales, donde caen las lluvias, o donde pasan las corrientes. Pero el agua no es de nadie porque es de todos, como explica el artículo veintisiete de la Constitución, aunque eso no hace felices a muchos.


"La Constitución – a la que también consulté por si las dudas – es clara: toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible." El artículo cuarto establece que el Estado garantizará este derecho

y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso sustentable de los recursos hídricos".


Y han pasado nueve años, seis de este sexenio en el que todo iba a ser de otro modo, y el problema sigue sin que nadie se preocupe por darle solución. No hay suficiente agua, y la que hay, cuando hay, no es siempre buena para el pueblo bueno. Tal vez – es un decir – los que vienen hagan algo.


Que se jodan los demás

Tal vez no. La vaina sigue siendo la misma: esta comunidad y esa otra deciden que el agua es de quienes viven en los alrededores del manantial que se volverá arroyo y luego río, y que se jodan los demás, y si quieren, que paguen. Las empresas que administran el agua hacen como que hacen sin que nadie haga nada. Las autoridades, ocupadas como están entre multas que no remedian nada y administrar un acuario, no tienen tiempo para verificar si una empresa cumple sus obligaciones.


Y que también se jodan los demás, porque ya llegaron los huracanes y hay mucha agua en el discurso pero poca o ninguna en las llaves de lavaderos y lavabos. Hay que hacer lo que no se había hecho en los últimos meses, cuando no había agua, aunque la que hay hoy no sirve de mucho y daña vidas y haciendas. Bienvenidos al cambio climático. Pronto veremos qué hacen los que vienen.


Desde el balcón

Uno estaba viendo el futbol en un barcito no muy lejos del aeropuerto de Porto, ante una enorme copa casi llena de Albariño y un hotdog tardío. La señora en la

mesa de enfrente puso a un lado su bastón, y aceptó sin ver la copa y la botella de vino que le llevó el mesero antes de que ella terminara de sentarse, y después aceptó y comió sin ver el pan con carne que le llevaron, y luego un café y un pedazo de pastel. Puso en una servilleta la parte del postre que no se comió, estrujó la servilleta, y la guardó en la bolsa del suéter.


En el preciso momento en que la señora se levantó y comenzó a irse, quién sabe por qué, uno recordó entonces que la semana pasada dijo que Garcilaso dijo que la imaginación sombras suele vestir de bulto bello. No fue así. Garcilaso, quien tanto dijo al itálico modo, en versos de once sílabas y músicas infinitas, no escribió eso.

Fue Góngora, varios años después, quien observó en un elegante endecasílabo la cadena de ideas que terminó en la imaginación de las sombras y los destellos de trescientos millones de pesos, y de cuánto y qué puede comprar uno con todo ese dinero que encontró el gobernador y no termina de aparecer en las cuentas de Veracruz. Es de no creerse. Pero eso es lo de menos. La malta alienta los recuerdos y abrillanta la mirada, entre otras cosas. Y sombras suele vestir de bulto bello.

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