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¿Debe Estados Unidos invadir México? (Agregado)


Diego Martín Velázquez Caballero

La polémica en los medios de comunicación generada por las declaraciones del expresidente Donald Trump respecto al trato rudo en las relaciones diplomáticas de su gobierno con nuestro país, así como las posibilidades para invadir México que constituyen el centro de su renovada campaña política, es muestra del desconocimiento y la incapacidad para voltear a ver el penoso tema de la emigración mexicana a Estados Unidos. A México le pesa mucho ver dentro sí. No nos conocemos y los diferentes grupos sociales tratan de imponer su visión de país en forma radical y violenta, pero nunca honesta.

México no tiene proyecto de país, somos una permanente dialéctica de castas donde cualquiera aprovecha los ánimos en disputa para agregar leña a la fogata. Lo grave es que el incendio ya está quemando a Estados Unidos y Donald Trump no bromea cuando habla de imitar a Vladimir Putin para poner orden en un Narcoestado que sólo produce violencia y emigración. Norteamérica es responsable del estado de cosas, nunca entendió las consecuencias de enviar armas y dinero a grupos sociales que tienen tantos rencores y odios.

Causa pena ajena la ignorancia respecto de la cantidad de mexicanos que han emigrado y radican en Estados Unidos. Funcionarios y comunicadores, políticos y académicos. Es raro que nadie se equivoque al contabilizar las remesas.

El acertijo en la relación migratoria de México y Estados Unidos ha generado que notables intelectuales estadounidenses como Samuel Huntington, George Friedman y Joel Garreau -por mencionar a los más sensatos- definan que la hispanidad es el reto más grande de la cultura anglosajona, y de México.

El mundo postcovid plantea una disputa entre globalistas y nacionalistas que se circunscribe a las potencias globales. Estados Unidos deberá concentrarse en Latinoamérica para mantener su estatus y, por lo tanto, su papel radica en corregir los estados fallidos y el surrealismo económico que han dispuesto tantos emigrantes en torno suyo. Hace unas semanas, el debate respecto a la reforma eléctrica dividió a los legisladores entre los prohispanistas y los nacionalistas ¿Cuál es la razón de seguir colando corruptas empresas españolas si México deberá replantear su relación con Estados Unidos? Si México recibe tantos millones de dólares en remesas y más del 90% de su economía depende de Norteamérica ¿Por qué más de la mitad de la población es pobre y casi un millón de personas -anualmente- pretender emigrar a Estados Unidos? Ramón Eduardo Ruíz diría que la estructura social colonial española es la responsable. Y no se equivoca.

El casticismo católico hispanista es la vertiente por donde fluye el odio fraternal de México, se mantiene impertérrita desde Hernán Cortés y la Malinche. Mentiras, esclavismo, patrimonialismo, castas y caciques. Derecho de sangre que forja un estado multinacional, pero no una nación. El sistema de castas es lo que determina la aporofobia, racismo, clasismo, intolerancia. Si a esto se le agregan armas, dólares y drogas, el escenario está hecho ¿cuál unidad nacional?

Norteamérica ha usado una estrategia semejante en la conquista del Oeste, para hacer firme su expansionismo envió al Ejército después de los pioneros y vaqueros; y lo hizo varias veces hasta que el único monopolio de la violencia fuese el Estado. Y lo hará de nuevo las veces que sea. Es lo

que se pierde de vista cuando no se quiere entender que México es una colonia de Estados Unidos y no de España. Y que está condición tiende a incrementarse conforme el mundo postcovid se acerca.

El fuego del estado fallido que está incendiado el sur de los Estados Unidos, ese que los neoliberales guerócratas hispanistas católicos no quieren ver y del que fueron responsables, es la excusa de Donald Trump para ser el Vladmir Putin norteamericano, el Batman de Ciudad Gótica.

México tiene el reto de abandonar los valores hispanistas -catolicismo, caciquismo, latifundismo, casticismo, etc.,- y reconocer el orden geopolítico del que no puede escapar. Cada vez más serán comunes los personajes como Donald Trump, y fingir -por todas partes- respecto de la verdadera relación entre México y Estados Unidos sólo agrava las cosas. Una superpotencia liberal no va a permitir que el iliberalismo de su vecino la extinga. Ni España ni el Vaticano proporcionarán el apoyo a la Ucrania mexicana.

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