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¿Deflación a la vista?

León Bendesky Hablar del fenómeno de la inflación ya no es noticia. El proceso, ahora firmemente arraigado, ha dominado la atención pública y el quehacer de las autoridades monetarias. A escala mundial el índice de precios al consumidor registró en 2008 niveles mensuales del orden de 8.5 por ciento; a partir de entonces la tendencia fue descendente hasta llegar a niveles de 2 por ciento en 2020 y a partir de 2021 el quiebre hacia arriba se ha sostenido. En Estados Unidos es de 8.3; en el área del euro el alza de los precios ronda 10 por ciento mensual. En México el índice de precios al consumidor llegó a 8.7 por ciento en septiembre. Las razones generalmente señaladas se refieran a las secuelas de la gestión fiscal y monetaria de la pandemia, con la inyección de una gran cantidad de dinero para mantener el consumo de la población y sostener la operación de las empresas. Este escenario se complicó con la escasez de distintos insumos necesarios para la producción como los microchips, la subida de los costos del transporte asociado con el alza de los precios de los energéticos y las repercusiones de la guerra lanzada por Rusia en contra de Ucrania que ha generado un impacto adicional en el mercado del petróleo, el gas, el trigo y los fertilizantes. Desde mediados de 2021 los bancos centrales empezaron a subir las tasas de interés de referencia para contrarrestar la inflación. Con ello se pretende encarecer el crédito y reducir el nivel del gasto para rebajar la presión de la demanda sobre los precios. Equivale, pues, a una severa contracción de la oferta monetaria. A principios de 2022 la Reserva Federal inició el alza de las tasas, arrastrando a otros bancos centrales para subirlas y evitar una devaluación fuerte de sus monedas por la salida de capitales. Con esto se ha puesto de manifiesto el papel central del dólar en la jerarquía del dinero en la economía global. La política de restricción monetaria se ha generalizado y se agota, así, el largo periodo de estabilidad financiera iniciado en la década de 1990. Incluso después de la severa crisis de 2007-08 los mercados financieros se caracterizaron por las muy bajas tasas de interés que, incluso en ciertos casos eran negativas. El escenario hoy es diametralmente opuesto. Ahora se empieza hablar de la posibilidad de una deflación. Esta ocurre cuando se reduce la oferta de dinero, especialmente mediante la contracción del crédito asociado con más altas tasas de interés. Proceso que está en pleno curso. El dilema actual se puede describir como el efecto del alza de las tasas de interés sobre el gasto de inversión y consumo del gobierno y el sector privado, es decir, la demanda agregada. Esto provoca un menor nivel de actividad económica y un aumento de desempleo que deriva en una recesión. Es, precisamente, el tamaño de la recesión lo que está en juego y la posibilidad de que sea demasiado profunda y extendida a escala global. Así que la lucha contra la inflación podría derivar en una fuerte deflación. En los meses recientes ha prevalecido el alza continua de las tasas de interés; la fuerte caída de los precios en los mercados de acciones y bonos; la presión de los precios de los energéticos y los alimentos; un dólar apreciado y un desbarajuste en las finanzas globales. Hay un señalamiento clave en este entorno que tiene que ver con la pretensión de índole política de administrar la economía por medio de los bancos centrales. Este proceso es más significativo en el caso de Estados Unidos, precisamente por el papel global del dólar. La Reserva Federal surge como el actor principal en la gestión de un proceso de dislocación económica, financiera y social de gran envergadura. La política se refugia en un rincón. El historiador Adam Tooze ha formulado la cuestión de modo preciso y cuestiona si: “¿Son las tasas de interés un instrumento tan determinante para enfrentar los actuales desajustes económicos?; ¿Pueden los bancos centrales definir la tasa precisa, de modo de frenar la inflación sin estrangular la economía?; ¿Puede una economía mundial agobiada por el endeudamiento sobrevivir una persistente alza de las tasas de interés liderada por la Reserva Federal? Esto deriva en la cuestión de si es posible desinflar la economía a un costo asequible en un entorno en el que los mercados habían operado largamente con tasas de interés sumamente bajas y ahora han de asumir la presión de tasas muy altas. La tendencia en la que está hoy la economía apunta a la recesión; el caso es si esta no será desmedida y provoque una crisis mayor y una fuerte desinflación y un largo estancamiento económico. En la economía mundial prevalecen las finanzas globalizadas con grandes bancos, fondos de pensiones y aseguradoras y un conjunto de servicios especializados de alto precio asociado al sector. En esencia este es el rasgo ampliamente discutido de la llamada financiarización de la economía, es decir, el predominio de las transacciones financieras lanzadas hacia adelante y por encima del financiamiento de las actividades productivas y la generación de empleo e ingresos. En este ambiente se entiende por qué los bancos centrales ocupan un lugar preponderante en la gestión del capitalismo y, por lo tanto, de las crisis como la que hoy está en proceso. La marginación de otras instancias de gestión administrativa y, especialmente política es un rasgo que define este episodio con sus antecedentes ya sabidos y las consecuencias esperables.



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